POLITICA E INMIGRACION

LOS PRINCIPIOS DEL REPUBLICANISMO

Se pueden resumir, entonces, los principios del republicanismo alrededor de cuatro pilares fundamentales. El primero es el de la deliberación política. Los republicanos clásicos destacaban el papel de la polis como ágora donde se podía alcanzar la libertad mediante el ejercicio activo de la ciudadanía. La política es ante todo deliberativa y la deliberación debe abarcar tanto los fines como los medios, procesos de discusión que se encuentran actualmente muy distorsionados donde impera el gobierno condicionado por grupos privados con intereses propios. El proceso gubernamental se concibe así como un foro donde los puntos de vista alternativos y la información adicional se tienen en cuenta, lo que permite detectar problemas sistémicos más allá de planteos individuales. La contribución de los medios de comunicación para la consecución de estos objetivos debería ser importante: propiciar debates y discusiones que incorporen a minorías o grupos sin otra posibilidad de expresión. 

El segundo principio es el de la igualdad entre los actores políticos, encarnada en un deseo por eliminar fuertes disparidades en los niveles de participación política o influencia entre individuos y grupos sociales. La igualdad económica puede, pero no necesariamente debe, estar acompañada de igualdad política. El proceso político debe mantener cierta autonomía de la esfera privada. La igualdad política, en términos republicanos, se entiende como el requisito de que todos los individuos y grupos tengan acceso al proceso político. 

El tercer principio es el del universalismo, ejemplificado mediante de noción de bien público. El compromiso republicano con el universalismo representa una creencia en la posibilidad de resolver las diferencias con respecto a distintos enfoques de la política o del bien público, mediante el debate y el diálogo. El proceso de intermediación está destinado a producir resultados que sean correctos. Debido a la creencia en el universalismo, los enfoques republicanos postulan la existencia de un bien común que se encontrará al final de un proceso deliberativo desarrollado en forma adecuada y basado en la razón práctica. 

El cuarto principio es el de la ciudadanía, manifestado a través de los derechos de participación ampliamente garantizados. Estos derechos están concebidos tanto para controlar la conducta representativa como para brindar la oportunidad de que se ejerzan e inculquen ciertas virtudes políticas. Los participantes políticos deben subordinar sus intereses individuales al bien público mediante la participación política en un proceso continuo de autodeterminación política. 

Al exaltar el valor de la ciudadanía y la participación y buscar mecanismos que permitan tanto el control de las instituciones nacionales por parte de los ciudadanos como la descentralización, el control local y la autodeterminación local, estos principios resultan también un vehículo para inculcar rasgos como la empatía, la virtud cívica y el sentido de la comunidad. La creencia en la ciudadanía es parte del rechazo republicano a las versiones del individualismo político que propicia el liberalismo. Abrir canales para el ejercicio de la ciudadanía es parte de su política, porque la ciudadanía es condición esencial para la deliberación política. Al mismo tiempo, la promoción de los procesos deliberativos de participación y diálogo contribuyen al establecimiento o fortalecimiento de lazos colectivos. Con ello –se recuerda– las decisiones políticas ganan en legitimidad y respetabilidad, mientras los ciudadanos pasan a tener una mejor opinión de la actividad política y muestran más interés por los asuntos públicos. 

En este sentido, es importante señalar que los autores del republicanismo no son necesariamente antimonárquico. El concepto central del republicanismo es el de libertad como no-dominación, es decir, la oposición a la existencia de alguien que pretende sustituirse a la expresión de la soberanía popular. En la medida en que las monarquías constitucionales tienen poderes restringidos son perfectamente compatibles con el republicanismo, como es el caso de España e Inglaterra y de buena parte de las monarquías europeas contemporáneas. 

FUENTE: http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-52162005000100004

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