SOCIEDAD CIVIL

¿Servirá de algo que Raúl Castro no siga al frente del Partido Comunista de Cuba?

Raúl Castro dejará su cargo de primer secretario de la organización en el inminente VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba.

FacebookTwitterLinkedInWhatsAppROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONESLos Ángeles 02 Abr 2021 – 13:06 CEST

De izq. a der: José R. Machado Ventura, Raúl Castro, Leopoldo Cintras Frías y Ramiro Valdés, en la Plaza de la Revolución, La Habana, 2017.
De izq. a der: José R. Machado Ventura, Raúl Castro, Leopoldo Cintras Frías y Ramiro Valdés, en la Plaza de la Revolución, La Habana, 2017. REUTERS

El VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba, a celebrarse del 16 al 19 de abril, será muy importante según muchos analistas porque Raúl Castro dejará su cargo de primer secretario de la organización, que según la Constitución es la máxima instancia de poder en el país. O sea, que por primera vez desde 1959 no habrá un Castro de Birán al frente del castrismo.

Parecen conclusiones acertadas, pero no lo son. No se sustentan en la sui generis realidad cubana. Y es que el mundo y los propios cubanos conocen poco de la estructura del real poder político en Cuba. No tienen cómo saberlo.

Aunque de jure (legalmente) la Constitución establece que el Partido Comunista de Cuba (PCC) “es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”, en la realidad práctica (de factola máxima instancia de poder en Cuba no es el Buró Político del PCC ni su primer secretario, sino un grupo de militares que conforman una mafia que no da la cara al pueblo, actúa tras bambalinas y no rinde cuentas a nadie.

La mafia militar está por encima del PCC

Esa cofradía ilegal e inconstitucional está por encima del Estado, el Gobierno, el Parlamento y el mismísimo PCC. La integran generales, coroneles y comandantes históricos encabezados por Castro II, quien no importa si no tiene cargo oficial o partidista, seguirá siendo el tirano mientras viva. Así se lo ordenó el fundador de la dinastía familiar, su hermano Fidel.

En Cuba no hay tres poderes públicos como en el mundo normal, sino uno superior y seis subordinados. El superior es el de la mafia militar, por encima de bien y el mal, y que en la práctica es un Estado paralelo clandestino que somete a todos los poderes públicos restantes.

Estos últimos, los poderes subordinados, de hecho están subdivididos en dos niveles en cuanto a poder real. En un nivel superior están el Buró Político y el Comité Central del PCC y su Secretariado, que también están por encima del Estado formal, las leyes y la Constitución. Y en un nivel inferior se hallan el presidente de la República, el Consejo de Estado, el primer ministro, el Consejo de Ministros y la Asamblea Nacional del Poder Popular

Vale destacar que el Parlamento castrista es una farsa. Solo aprueba lo que ordenan el dictador, la mafia o el PCC. Los diputados jamás han propuesto ni aprobado nada por iniciativa propia e independiente.

Otro detalle casi desconocido es que en el Buró Político solamente cuentan los generales y comandantes históricos. Ellos toman las decisiones importantes. Los restantes miembros solo opinan, si los dejan, y aprueban sin chistar todo lo que deciden los militares.  

La numerosa membresía del Buró Político, 17 integrantes en total, es solo para el “figurao” (como se dice en la Isla), pues es un número muy sobredimensionado. Baste saber que el Partido Comunista de Vietnam, tiene 4,5 millones de militantes y el Buró Político tiene 16 miembros, uno menos que el partido castrista, que cuenta con 670.000 militantes. Y el Partido Comunista de China tiene 87 millones de militantes y su Buró Político cuenta con 25 miembros. De haber en Pekín la proporción aplicada en Cuba, el Buró Político en China debiera tener más de 2.000 miembros.

¿Por qué entonces el Buró Político del PCC tiene tantos miembros? Que blancos, negros, mulatos y cuatro mujeres civiles integren ese club máximo partidista tiene dos propósitos básicos: dar imagen de democracia, y para darles “nivel político” a funcionarios con cargos muy importantes en el Gobierno, el PCC y organizaciones de masas. Para que les teman y no se atrevan a contradecirlos.

Por otra parte, no importa lo que diga la Constitución, en Cuba la condición de dictador no la confiere la jefatura del Estado ni la del PCC, sino ser el jefe militar de la nación. Por tanto, Raúl Castro seguirá siendo el jefe de jefes hasta que muera.

Lógicamente, luego del 19 de abril el nuevo primer secretario del PCC será considerado oficialmente como el nuevo dictador y “número uno”. Pero esto será falso. Tendrá que consultarlo todo, todo el tiempo, con Castro II y sus mafiosos, que son sus jefes.

El nuevo primer secretario no será ya el “número uno”

Precisamente lo único verdaderamente novedoso en el VIII Congreso será que por primera vez el primer secretario del PCC no será el mandamás principal de la nación. Hasta ahora siempre el cargo top partidista lo ostentaron los hermanos Castro, que simultáneamente eran los jefes máximos militares. Ahora el nuevo jefe del PCC no será ya el máximo jefe militar. Y será visible que no es el jefe de jefes.

Otro aspecto que algunos consideran importante será el relevo en el Buró Político de los principales dinosaurios de la Sierra Maestra. Es una falsa percepción igualmente. Al menos uno o dos generales históricos menos ancianos continuará en el Buro Político, y entrarán otros generales poderosos más jóvenes para ocupar el lugar que dejarán Castro II, Machado Ventura, Ramiro Valdés y alguno que otro de los generales históricos que sean relevados en el Buro Político. Además, esos sustituidos por ser fundadores del castrismo, “por derecho propio” seguirán mandando en Cuba.

Hasta el momento de finalizar el VIII Congreso, en la cúspide del castrismo a Raúl Castro le siguen los comandantes históricos Machado Ventura y Ramiro Valdés; y los generales Leopoldo Cintras Frías, ministro de las FAR; Alvaro López Miera, viceministro primero de las FAR y jefe del Estado Mayor; Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, zar de las empresas militares y cabeza visible del imperio económico y financiero GAESA; y el general Lázaro Alberto Alvarez, ministro del Interior.

También los generales de tres estrellas Ramón Espinosa y Joaquín Quintas Solá, viceministros de las FAR. Igualmente lo son los jefes de los tres ejércitos (Occidente, Centro y Oriente), que mandan las tropas sobre el terreno. Y también dos o tres generales más cuyos nombres pueden variar según su cercanía con el dictador, y uno de los cuales ahora es Leonardo Andollo.

¿Cree Díaz-Canel que él es el jefe supremo militar?

Cuáles de los históricos serán dejados fuera del Buro Político carece de relevancia. El enorme poder militar y político que ellos ostentan seguirá intacto si se siguen “portando bien”. Poco importará si el nuevo primer secretario del PCC se llama Díaz-Canel o designan a Fulanito o Menganito. No será el “hombre fuerte”.

Porque, además de todo lo anterior, hay otro detalle fundamental también casi desconocido en Cuba y el extranjero. La Constitución establece que el presidente de la República es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas. ¿Se cree eso Díaz-Canel? ¿Se lo cree alguien en Cuba? ¿Le puede alguien insinuar siquiera al general Castro que él no es el máximo jefe militar y “número uno” de Cuba?

Por lo demás, a juzgar por la agenda del congreso divulgada por el diario Granma, el cónclave partidista será una expresión anticubana de inmovilismo cavernario. Así como Raúl Castro se encargó personalmente de dirigir el proceso de redacción de la nueva Constitución comunista para perpetuar institucionalmente a la mafia militar en el poder, en este, probablemente su último congreso (cumplirá 90 años en junio), amarrará muy bien todos los cabos.

El dictador no dejará nada suelto, porque él y su generalato quieren evitar sorpresas con la sucesión de históricos y que no se aparezca algún “gallo tapado” tipo Gorbachov a querer echar abajo el capitalismo militar cooperativo de Estado de corte fascista que él y la mafia militar han diseñado para la sucesión neocastrista.

Pero una cosa es con guitarra y otra con violín. Ante su anunciada inacción criminal, ante una crisis que se va convirtiendo en hambruna y en posible desastre humanitario, el VIII Congreso al seguro disparará en grande el rechazo al régimen entre la población cubana.

Parafraseando paradójicamente al “Che” Guevara, este congreso comunista podría completar las “condiciones objetivas y subjetivas” para que los cubanos, ya cansados de canalladas y de pasar hambre, produzcan sorpresas no previstas por la mafia raulista.

FUENTE: ¿Servirá de algo que Raúl Castro no siga al frente del Partido Comunista de Cuba? | DIARIO DE CUBA

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