ESOTERISMO Y RELIGION

La Tradición Iniciatica

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LA TRADICIÓN INICIATICA SIMBOLOGIA E INTERPRETACION.

 La iniciacion, del latin “INITIUM” es, por definicion, el comienzo o la entrada en algo. Es el paso de los profano a lo sagrado, en terminos simbolicos, es decir es la regeneracion del Ser. Es el conjunto de ritos, simbolismos, alegorias y lecciones iniciaticas tienen como finalidad la mutacion radical en la experiencia espiritual del sujeto iniciado.

El proceso iniciatico, desde sus origenes, ha estado mediatizado por pruebas de carácter simbolico que guardaban caracteristicas similares en los distintos ritos de la antigüedad.

Al respecto M. Eliade señala: Las pruebas de la iniciacion revelan, en forma plastica y dramatica, el acto mismo por el que el espiritu trasciende un cosmos condicionado y fragmentario, para volver a la unidad fundamental. Equivale a una mutacion ontologica del regimen existencial, de manera que al final de las pruebas el neofito, goza de una vida totalmente diferente a la que tenia antes de la iniciacion, se ha convertido en otro.

Las bases de la tradicion iniciatica en Occidente las encontramos en diversas fuentes que van desde los misterios egipcios, fenicios y los de Eleusis, hasta la doctrina pitagorica, pasando por los esenios, la kabbaiah e incluso por la tradicion alquimia.

Por lo mencionado, podemos afirmarque que toda iniciacion en los misterios es una reactualizacion del mito, visto como estructura de sentido y que la iniciacion, como tal, es la estructuracion en torno a la muerte y a la resurreccion, el paso de ls oscuridad a la Luz.

En sistensis la construccion de la tradicion iniciatica tiene como basamento diferentes elementos de que orden ha sabido amalgarlos, formando de esta manera una estructura simbolica de carácter eclectico. Es decir recoge los elementos mas sobresalientes y de mayor fuerza simbolica, para incomporarlos en los rituales de los diferentes grados existentes.

También podemos definir la iniciación como un proceso personal en la cual un individuo, trascendiendo la mera percepción física del hombre, decide evolucionar interiormente con el propósito de alcanzar estados de consciencia superiores que le permitan descubrir y acercarse a su verdadera realidad existencial.

El método de la tradición iniciática se basa en la práctica de ritos y la transmisión del conocimiento a través de la interpretación simbólica y la superación de una serie de pruebas que evalúan la idoneidad del aspirante y su progresión personal.

La prácticas iniciáticas se remonta a los albores de la humanidad, podríamos retroceder hasta el tiempo de los Neandertales, que fueron los primeros homínidos que se preocuparon por el hombre después de su muerte, aunque muchos antropólogos citan el chamanismo como la primera expresión iniciática a partir de la cual evolucionaron las diferentes tradiciones iniciáticas de la historia, siendo las más conocidas en nuestro ámbito mediterráneo: los cultos egipcios, el Pitagorismo, los Misterios Eleusinos de la antigua Grecia o el Mitraismo.

Podemos resumir la iniciación como un camino hacia la realización final, como el paso de la oscuridad a la luz. En la Masonería esta meta es la Gran Obra, en el Budismo el Nirvana, en el Cristianismo el Cielo, en el Tarot es el arcano XXI el Universo, la culminación del proceso.
Nuestra institución masónica se alimenta de las tradiciones herméticas de las culturas mediterráneas que se basan en los cultos a la fertilidad con la muerte y el renacimiento como principal enseñanza. Así por ejemplo los Misterios Eleusinos celebraban la salida del inframundo de Perséfone que permitía el florecimiento de la agricultura. El Culto Egipcio a Isis y Osiris iniciaba al neófito en sus misterios evocando la muerte y resurrección de Osiris gracias a la persistencia y sabiduría de Isis. Cabe recordar que Osiris simboliza el Nilo e Isis la tierra fértil, y cuando el Nilo se desborda Osiris fecunda a Isis y permite el milagro de la fertilidad, de la agricultura, de la vida.

En la masonería revivimos esta enseñanza ancestral de vida, muerte y resurrección con el viaje a los infiernos a través de la cámara de Reflexión y de la misma manera que lo hicieron Perséfone y Osiris volvemos a la superficie habiendo muerto el hombre viejo y nacido el nuevo. Esta enseñanza es la base de la tradición iniciática puesto que para viajar por su senda tenemos que despertar la consciencia dormida, el verdadero yo que habita dentro de nuestra piel.

Tradición deriva del latín “tradere”, que significa “dar a través”, “transmitir”, se revela como un arte o una ciencia de la transmisión, de la comunicación y del paso entre generaciones del saber ser y el saber hacer. La Antropología define la tradición como la capacidad de recrear lo que ha sido, es decir de reactualizar con los medios del presente, las adquisiciones del pasado.

No se trata simplemente de conservar, sino tener la capacidad de renovar, de volver a dar vida a lo que fue mediante la integración de la experiencia y las necesidades del momento. Es un llamado a la memoria y a la imaginación y no consiste solo en una visión artificial. La tradición debe ser concebida como una realidad viviente.

Cuando una tradición se pierde, es decir cuando se convierte en un acto reiterativo que preserva pero no renueva, la memoria se separa de la imaginación y el presente se constituye en una copia repetitiva y estéril del pasado. Nuestra condición masónica es producto de una transferencia, de una transmisión de informaciones, costumbres y rituales, que comienza en nuestra Iniciación. Estas costumbres se reciben de generación en generación, por medio de sensaciones, vivencias y enseñanzas atemporales.

La Masonería entonces es poseedora de una tradición iniciática, que se traduce en un método constructivo que se ha creado, conservado y reelaborado por medio de la comprensión e internalización de una serie de conocimientos. La Tradición es la cadena que nos une con nuestros orígenes, nuestro pasado y con nuestro futuro. Así como cada uno de nosotros es un eslabón en su tiempo, en este todo, somos producto de masones antiguos, y generadores de masones nuevos. La sensibilidad que motiva nuestro aprendizaje es la misma, pero cada uno de nosotros, en cada presente, adecuará su aprendizaje y transmitirá la impronta de su tiempo que sin alejarnos de la esencia de lo que somos nos adaptará a lo contemporáneo; y exige que sepamos adaptar las herramientas heredadas de nuestros antepasados en esta construcción de hoy.

Se trata de una evolución o progresión que se lleva a cabo a través de la confrontación “consigo mismo” asumiendo y transformando los propios defectos, generando un cambio tanto en nuestras costumbres como en nuestro pensamiento; y en interacción con el medio en el cual nos desenvolvemos.

Los masones hoy, al igual que los masones de todos los tiempos, nos dedicamos a cumplir el rol social que determina nuestro compromiso y afirmación constante del mundo y de la vida. El principio de la libertad absoluta de conciencia, que nos permite el pensamiento libre y la defensa irrestricta de los derechos humanos, nos hacen masones de este tiempo.

Muchos valores han inspirado a la Institución Masónica. Desde el antiguo Egipto, el concepto de Maat, representado por el tríptico de Verdad, Justicia y Orden; de los esenios el tríptico de Razón, Virtud y Conocimiento y de la corriente de la Ilustración, siglos XVII y XVIII, nos viene el tríptico actual de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Entonces, tenemos una tradición que se ha renovado históricamente, que no ha quedado fija de una vez y para siempre sino que se ha ido depurando de sus anacronismos y han representado inspiraciones para resolver los problemas de cada época.

Por ello sostenemos que tradición y modernidad no son conceptos antagónicos, sino que ellos son complementarios en la medida que uno es cimiento abierto a los aportes del otro, no como suplantación, sino como complementariedad, enriqueciendo las visiones, adaptándonos a lo actual, pero inspirándonos en las sabidurías del pasado, lo que nos permite cultivar una visión generosa, intemporal, de grandeza, más allá de los quiebres coyunturales. Vocación abierta que nos empuja a la búsqueda siempre activa de una sociedad planetaria, más fraternal y sin fronteras.

Entonces, de la comprensión misma de lo que es la Tradición, como la cadena que nos une con nuestros antepasados, como el arte de la transmisión, se deduce claramente que la misma no debe ser confundida con inmovilismo o conformismo.

Es la Modernidad entendida ésta en el sentido de progreso y evolución la que nos permite ahondar en la Tradición, no con el objeto de acumular conocimientos, sino que una vez obtenidos los mismos depurarlos y enriquecerlos a través de una actitud crítica que impulse a la acción. Si a veces la Masonería moderna se ha extraviado por caminos erróneos y así perdió una parte de su contenido iniciático y esto no es motivo para redefinirla como vacía será necesario encontrar el contenido y hacerla otra vez completa. La Tradición Masónica es rica en tesoros insustituibles y sería un crimen dejar que se perdiera como ya sucedió en el pasado. Es necesario hacer un esfuerzo para protegerla del olvido. Vivimos en un mundo repleto de materialismo y resulta cada vez más difícil persuadir a las más recientes generaciones a buscar el camino iniciático.

Es necesario tratar en las Logias, en armonía e igualdad de importancia, los dos aspectos de la institución: el aspecto espiritual, iniciático, moral, filosófico y trascendente, así como la dimensión existencial, social, económica y política de nuestra realidad. Rechazar la discusión de esos temas aleja a los jóvenes de nuestras filas.

Por tanto, es necesario buscar el equilibrio, y tener presente que los Masones transformamos la realidad, a través de la Cultura, del cultivo de la Razón y de los valores del espíritu, por medio de la convivencia y el diálogo, a partir de un compromiso personal y solidario con la colectividad y con la Humanidad toda. La Masonería no necesita cambiar, apenas actualizarse. Los masones modernos deben volver a hacer lo que siempre hicieron los masones del pasado: meditar y debatir en los Templos y después proclamar sus verdades por el mundo y deben con urgencia abandonar los preconceptos medievales que todavía hoy en pleno siglo XXI los hacen rechazar la Iniciación a la mujer y al deficiente físico, justificando esto con los más ridículos argumentos.

Nuestra tradición nos indica que otro mundo es posible, y que la Humanidad puede dar nuevos saltos en su evolución. La tradición nos dice que Luz y Oscuridad siempre andan juntas, y que muchas veces una toma la delantera de la otra. Es a los Hijos de la Luz a quien nos corresponde encontrar las claves, en cada tiempo y en cada lugar, de cómo hacer que la Luz llegue lejos y potente, e irradie sobre sectores cada vez más vastos de nuestra humanidad, de manera de crear una Conciencia Universal de cambio.

La Institución Masónica debe poner el acento aun en la lucha por la democracia, la libertad, la justicia y el progreso material y espiritual de los seres humanos de toda condición.

Un aspecto a modificar es el que tiene que ver con la famosa Regularidad, y debemos estudiar cuales son las nuevas características de nuestra identidad. Esto implica no aceptar condiciones para una supuesta “regularidad” impuesta por ninguna Orden Masónica. Por lo contrario, se debe fomentar la amistad y el intercambio con HH.: y Potencias Francmasónicas sean estas mixtas, masculinas o femeninas, ampliando los horizontes de la tolerancia en lo relacionado a la práctica de los ritos, el concepto de territorialidad o al de “regularidad”.

Es por ello que, para cualquier masón que entienda y viva el Arte Real, lo único que caracteriza y confiere la calidad de masón a un profano es su Iniciación en la Masonería con arreglo a las tradiciones, leyes, usos, costumbres y ritos de la Masonería, y su posterior acatamiento y cumplimiento del conjunto de esas normas. En su consecuencia, lo que convierte a una asociación, federación o confederación de logias en una Obediencia Masónica Regular, sea Gran Logia o Gran Oriente, es el respeto y fidelidad a esas mismas tradiciones, leyes usos y costumbres, tanto en el proceso de su constitución como en su posterior hacer cotidiano, sin que influya para nada en su condición el reconocimiento o la falta de reconocimiento que reciba de otras Obediencias.

Se debe trabajar más para lograr la igualdad de género dentro de la Masonería. Las mujeres deben tener las mismas posibilidades y espacio de reflexión que los hombres. Una Institución que ha sido vanguardia en los cambios, no puede sostener racionalmente a esta altura de los acontecimientos, que la mujer no debe ser Iniciada. Asimismo, no es beneficioso para el progreso de nuestros ideales y de la Humanidad, que algunos Hermanos se abroguen el derecho exclusivo de considerarse “masones regulares”, obedeciendo a concepciones que tienen que ver más con rivalidades nacionales decimonónicas, que con la construcción de una utopía. Esta contaminación del mundo profano al interior de nuestros Templos conspira contra esa idea: la Masonería no sólo pierde su carácter universalista, sino que también desaprovecha la oportunidad de crecer y enriquecerse a través de las distintas opciones.

El rejuvenecimiento de nuestras filas es una necesidad: hay que estudiar cómo abrir las puertas a los jóvenes. Debemos crecer en cantidad, sin descuidar la calidad. Pero sin crecimiento cuantitativo, será muy difícil lograr el aumento de la calidad. Debemos replantearnos la pedagogía masónica, pues pareciera insuficiente a las necesidades de hoy los solos aspectos ritualísticos. Cursos, seminarios, coloquios, talleres temáticos y de debates, parecieran hoy ser de necesidad de las nuevas generaciones de masones.

La ética y moral masónica debe ser una preocupación constante, y deben erradicarse el espíritu lamentablemente tan presente, de hacer de nuestras logias un club social de buenos amigos. El cultivo de la amistad es un aspecto de nuestra institución bien valorado, pero a la logia se viene a trabajar masónicamente. Debemos tener una mayor apertura sobre la sociedad, con el cuidado de no exponer nuestros Templos a las indiscreciones profanas.

Reflexionar bien seriamente para que en nuestras logias entren los debates de temas que representen problemas reales de la comunidad, y al costado de la prospección simbólica – la cual también debe mejorar – debemos debatir en profundidad aquellos temas de sociedad que nos acucian. Debemos hacer un esfuerzo para re-vincular la masonería con la intelectualidad. Hoy a los intelectuales no les interesa nuestra Institución; entre otras cosas porque ésta parece también estar perdiendo el gusto por el pensamiento. Trabajar para vencer en nuestras filas las tendencias al conformismo, al pensamiento único, a la uniformización ideológica, desarrollando el pensamiento crítico y el debate de ideas. Hay que reinstalar el gusto por el futuro y por el estudio tenaz y metódico.

Habría también que estudiar y reflexionar acerca del porqué de la crisis actual de la masonería. Pero, lo que es cierto es que – universalmente hablando – su número disminuye, pierde influencia y está cada vez más fragmentada y mediocre tizada; en muchos lados se resiente la fraternidad, siendo regular los anatemas, los reproches y las acusaciones.

Visto todos estos elementos, una conclusión se impone a primera vista: de cómo resolvamos hoy estos imperativos, resultará si tendremos o no masonería en el futuro. Y cuando decimos esto, no nos referimos a la Institución como organización o estructura, sino a la Idea Masónica.

Por ello, consideramos urgente cambiar el enfoque del quehacer masónico. Debemos imbuirnos de un espíritu re-fundacional, en la conciencia de que se está cerrando la etapa comenzada un 24 de junio de 1717 en Londres. Nuestra Orden, alicaída en el número de miembros a nivel mundial, debe proyectarse de otra manera de cara al mundo en el cual vivimos, que posee muchas dosis de incertidumbre y de cambios constantes a nivel global.

De hecho, muchos paradigmas y conceptos que otrora parecían inamovibles, están -en una visión por lo menos moderada – en discusión. El desarrollo tecnológico y científico, la globalización de la economía y de la cultura, son temas que inundan las reflexiones cotidianas y que no le son ajenas a nadie.

A partir de esta compleja, desconcertante y también apasionante realidad, los Francmasones debemos especular a fondo el rol que debemos cumplir en búsqueda del perfeccionamiento constante de la Humanidad. Es evidente también que en las últimas décadas, la Masonería ha perdido aquella capacidad transformadora y de incidencia en el mundo profano: no ha encontrado un nuevo mito o utopía de corto y mediano plazo como tuvo antaño: derribar el autoritarismo y el dogmatismo, luchar por la independencia, abolir la esclavitud, o construir el laicismo.

Este desarraigo con la sociedad, puede llegar inclusive, hasta deteriorar sensiblemente nuestra propia naturaleza, en tanto que se vulneran las capacidades de construcción. Y es ante estas complejidades que la Francmasonería debe reflexionar y actuar. La construcción del Templo debe abrirse hacia nuevas realidades, o de lo contrario, la velocidad de los tiempos la dejará atrás, y como otros emprendimientos humanos, un día tendrá su final.

Muchas de las condiciones de la re-fundación masónica, de su renovación en profundidad están en los principios de CIMAS aprobados en su Asamblea Fundacional, y deberíamos hacer un esfuerzo mucho más importante para reunir alrededor de esos principios a todos quienes desean que nuestra Institución universal vuelva a jugar un rol de orientador y guía.

La humanidad de hoy, necesita de masones que junto a su crecimiento interior, sean también impulsores de ideas que aporten a la elaboración del pensamiento y creen las condiciones para la acción.

Habrá que rescatar la esencia iniciática, cultural y filosófica y encuadrarla en un mundo en permanente cambio. Tendremos que trasmutar – como lo han hecho todos nuestros Hermanos en el pasado – aquélla ley física, en proverbio y en ley moral: “nada se destruye, todo se transforma”.

Ian Zarate L.

FUENTE: La Tradición Iniciatica | IanZarate (wordpress.com)

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