SOCIEDAD CIVIL

LOS TRES VÉRTICES DEL TRIÁNGULO INICIÁTICO

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Algunas consideraciones que dependen de los “tres vértices del triángulo iniciático”:

La fe, la esperanza y la caridad no son virtudes humanas. Son divinas, dones del Espíritu Santo, por eso son “teologales”, o sea, que tienen que ver con el conocimiento de la Deidad, directo o indirecto.

El orgullo, que por coagulante es individualizante, o viceversa, no puede acceder a ello, al referirse al cuadrado, o aún al cubo, pues éstos son limitativos respecto al círculo o a la esfera en lo tridimensional, siendo que, en lo no extenso, el centro es al contrario lo que contiene todas las partes, o todas las extensiones de él mismo, que están incluidas en él y que no son, si se quiere, sino las prolongaciones de su reducción a una imagen por la mente refleja e individual.

La libertad. Este es el estado natural (o primordial) humano.

Todo lo que hace un pueblo tradicional es para ganar, conservar o mantener, su libertad, o sea, la libertad de los que (y de cada cual que) constituyen ese pueblo. Los que poseen mayor grado de libertad son los metafísicos, o sea, los realizados espiritualmente, por el conocimiento efectivo de la Identidad Principial y metafísica, o sea por el conocimiento de la Totalidad, o sea del Todo, de la Posibilidad Universal, o Infinito, lo No­finito. Lo que nunca pasará, ni cambiará de forma, porque no depende del tiempo y no posee forma, lo que no impide su revelación, ya que al contrario ésta es la que (o lo que) constituye el Mundo o Cosmos Arquetípico.

En ese caso el No Ser es más que el ser. Todo es mejor en tanto que No Ser, es más perfecto. El Ser es una de sus posibilidades, o aspectos. Fundamental, pues es a través de El que se ordena, o es, el Cosmos. El que no es sólo el producto de una afirmación “positiva” sino el de asimismo una posibilidad “negativa”.

El Ser, como Verbo, “que es Palabra en lo ‘exterior’ y Pensamiento en lo ‘interior’ ” es formulación de sí mismo, o sea él mismo revelándose, es decir explicitándose y ocultándose, simultáneamente ‘siendo’ y ‘no siendo’, como el propio sol manifiesta, y también verdaderamente todos los planetas, o estrellas, luces directas del Logos. Cada una con cuatro planos de lectura, sin confusión.
El símbolo de la cruz (vertical-­horizontal) es entonces íntegramente universal, y el símbolo del mundo, no el de la primera forma, que es el ternario, (o aún el binario devuelto a la unidad, de la que no ha salido), o sea la ‘Inteligencia’ universal. La Inteligencia como principio, reconocida o no reconocida, señalada o no, en el testimonio secreto del espíritu, o del alma del iniciado.

Por lo que el rito es una audición, y es por eso que es un rito, o un símbolo en acción. Una realidad sólo conocida por Aquél que la ha inventado. Por “el que se inventa a sí­ mismo: Dios”.

FUENTE> https://www.masoneriadelmundo.com/2017/11/los-tres-vertices-del-triangulo.html

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