MASONERIA

VIAJE DEL ELEMENTO AIRE

La Iniciación

Durante el proceso de iniciación masónica, y como en muchas otras iniciaciones del mundo antiguo y moderno, el candidato o recipiendario debe demostrar sus cualidades: capacidad sensitiva, inteligencia, voluntad propia y entereza mediante cuatro viajes donde encontrara: espacio y tiempo para reflexionar, encuentros consigo mismo, obstáculos, diversos tipos de ambientes y sensaciones; picos que van desde la calma hasta la excitación o tensión, sin embargo es indiscutible que lo más importante de la realización de estos viajes es la cantidad de conocimiento que es adquirida por el recipiendario aun sin darse él cuenta. Este conocimiento viene acompañado de una purificación del ser, realizada en los tres últimos viajes representados por el aire, agua y fuego.

Normalmente los iniciados estamos acostumbrados a decir “los tres viajes simbólicos”, y quizás omitir el primero sea un error, independientemente que este sea comúnmente tratado aparte  y no sea consecutivo como los tres subsiguientes, pero es indiscutible la relación que existe entre los cuatro mencionados, puesto que juntos completan los elementos comunes de la naturaleza (tierra, aire, agua y fuego) y en todos se realizan traslados, paseos o peregrinación que es lo que hace referencia a la palabra viaje en su significado.

A pesar que el primer viaje (realizado en el cuarto de reflexiones) no es físico, como en gran parte de los siguientes, debemos recordar el VITRIOL que nos invita a realizar un VIAJE con retorno al centro de la TIERRA, es decir el candidato realiza un recorrido espiritual dentro de su ser con el fin de conocerse y reflexionar de lo que es en esencia. Por consiguiente este viaje proporciona mediante la introspección, un estado de conciencia mayor y pone a tono todos los sentidos para captar con mayor intensidad lo que viene a continuación, que sería según describe el ritual masónico el primer viaje simbólico; el viaje del elemento aire, el cual es el motivo principal de esta plancha de arquitectura.

Una vez dispuesto los útiles para las pruebas del aire y el recipiendario ubicado al occidente y entre columnas, el Ven.: Maest.: le pregunta si es su deseo continuar con las siguientes pruebas, y al ser positiva la respuesta comienza la prueba del aire. El aire es considerado desde antiguas civilizaciones elemento purificador y en la actualidad sabemos que nos renueva las energías y nos libera, un ejemplo sencillo de esta purificación es el momento en que abrimos la ventana de nuestras casas para que se dé un cambio positivo, ese cambio viene dado por la oxigenación y renovación de la energía de nuestros hogares.

Este elemento (aire) está asociado comúnmente a los pensamientos y emociones, y como ente interventor en esta fase de purificación del recipiendario, agudiza las sensaciones e ideas llevándolas a la calma como la suave brisa de verano hasta un vendaval de invierno y viceversa, todo esto con el fin de activar su sistema límbico el cual es responsable del control de las emociones. Esta modificación momentánea en el ser del recipiendario hace que esté dispuesto física, mental y emocionalmente, mejor preparado para el propósito de los viajes que aunado a la primera preparación (en el cuarto de las reflexiones) se tiene a un recipiendario con todo su ser dispuesto y activado a la captación y aprendizaje.

Además en el esoterismo el aire está representado por el color blanco, símbolo de bondad, inocencia, pureza e iluminación; ahora analicemos lo que significa para el recipiendario proveniente de un viaje anterior al centro de la tierra, que el siguiente viaje represente características tan nobles, sutiles y sensibles como las que representa el color blanco (haciendo referencia al elemento aire); la bondad, inocencia y pureza son característicos de la esencia de cada persona al nacer, y en este caso es característico del recipiendario que muere y nace simbólicamente en la cámara de las reflexiones, para ir en búsqueda eterna de esa otra característica del color blanco que es la iluminación, quizás sea esta la razón que el elemento aire sea el primer viaje de purificación realizado luego del elemento tierra.

El elemento aire tiene gran importancia, y es que en los elementos representativos de los viajes venideros, agua y fuego es un agente intermediario para sus existencias. La alquimia moderna o química, define al agua como H2O lo que quiere decir que su molécula está compuesta por dos átomos de hidrogeno y uno de oxígeno, y para que el fuego exista se debe dar el proceso de combustión en donde es el oxígeno el comburente natural por excelencia.

Según el ritual masónico el recipiendario comienza este viaje partiendo desde el occidente donde el sol se pone, es decir donde la luz decae y se hace mínima hasta pasar el ocaso y desaparece, dejando al mundo sumergido en una oscuridad aparente. Representa entonces el occidente una verdad falsa debido a que la ausencia de la verdadera luz no aporta el conocimiento necesario para discernir entre lo verdaderamente importante para el ser y lo banal, el occidente es entonces la parte del mundo que representa lo material, donde dominan los hechos y la sensibilidad.

El candidato pasa del oscuro occidente al Noroeste, donde es recibido por el Viento Mistral con su carácter frío, seco y violento, cabe recordar que es este viento el que recibe por primera vez el recipiendario en su etapa de purificación, seguidamente llega al lado más septentrional o boreal del templo, el Norte, donde recibe el Viento Tramontana con su característico frío invernal, turbulento y tenebroso.

A continuación el recipiendario es conducido por el camino del  Noreste donde el frío, seco y moderado Viento Gregal con su caracteristico granizo. En la consecución de su camino el recipiendario llega al Este u oriente, donde nace la luz y deja en claro y a la vista lo que en su opuesto (el occidente) se mantenía oculto en el velo de la oscuridad. El viento cálido y ventoso que ahora purifica al recipiendario es el Levante, el cual hace que las cosechas sean prosperas y las frutas y trigos maduren. 

Durante esta etapa del viaje el recipiendario ha ido de occidente al oriente dejando a sus espaldas la oscuridad y recibiendo de frente la luz cálida y renovadora que no puede ver pero si sentir con mucho candor, además ha pasado del conocimiento objetivo apoyado por la oscuridad del occidente que oculta la verdad en lo aparente, pasando por el norte de la razón y llegando al oriente de la verdad develada a la luz, completando una travesía simbólica de la ilusión a la realidad.

Esta parte del viaje es la más complicada de todas las pruebas de la iniciación ya que es la primera a la que el recipiendario se enfrenta, y es donde debe sortear con ayuda de un hermano los obstáculos que hacen que el paso sea vacilante, errante, confuso y tenebroso, además del efecto de ruido reproducido en sus oídos que determinan que su caminar sea aún más desorientado y confuso pudiéndose desviar del camino de la virtud. Estos obstáculos son representativos de nuestros vicios y males que se encuentran truncando el sendero hacia la luz.

Volviendo a la travesía del recipiendario, una vez que este fue recibido por los vientos en el oriente, está en el deber de volver a su inicio para completar su encomienda con la diferencia que ya tiene la experiencia de la primera parte del viaje haciéndolo un poco más ágil, calmado, con cierta certidumbre y con el ser más iluminado por el oriente.  Sin embargo el camino de regreso no estará libre de obstáculos, ahora el aprendizaje del recipiendario pasa de ser más inductivo (recordemos que existe un hermano que lo guía en todos sus viajes) a ser más deductivo, este cambio en la metodología del aprendizaje se debe a la serenidad adquirida que le permiten al recipiendario concentrarse de lleno y explorar mayormente por medios propios lo que sucederá en la segunda etapa del retorno al occidente.

Teniendo que dejar atrás la calidez del oriente, el recipiendario se adentra por el Sureste con el caluroso y tempestuoso  Viento Siroco y consecutivamente llegar al Sur y su cálido y húmedo Viento Ostro el cual puede ser implacable con sus tormentas de verano. Seguidamente el viaje se torna menos movido al pasar por los cálidos Vientos Ábrego del Suroeste, los cuales son propicios para que los barcos lleguen a puerto.  Finalmente el último viento que purifica al recipiendario es el Poniente al Oeste, estos son los vientos más suaves de todos y son de primavera, por tanto el recipiendario es retornado por vientos suaves, templados y con aroma a flores del occidente.

El aire es considerado un elemento masculino y activo, un ejemplo es como el hombre ha sabido captar esa energía y transformarla para su beneficio como en los hace con los molinos, turbinas de energía eólica, movimiento a través de velas e incluso es utilizado para hacer música entre muchos otros usos, sin embargo como elemento activo el aire es responsable del proceso de erosión que degrada los suelos, montañas y piedras lo que equivalentemente tiene el mismo efecto en el aspirante desbastando sus vicios y males, he aquí el hecho la analogía de purificación del recipiendario por el aire.

El recipiendario una vez analizado e interiorizado este viaje, se da cuenta que en todo camino pudiesen estar presentes diversos obstáculos con distintas intensidades y que estos pueden ser superados haciendo uso de su inteligencia, intuición, destreza y capacidad de corrección de rumbo, como aprendieron los grandes marinos para llegar a su destino alineando sus velas en la dirección correcta con referencia al aviento, sabiendo enfocar todos estas habilidades de la manera correcta, manera que ha vivido y aprendido durante la travesía de este viaje de purificación de los vientos. También debió haber entendido que tiene que ser lo suficientemente humilde para saber cuando sus capacidades no son suficientes para sortear un obstáculo escabroso y darse cuenta que necesita la ayuda de la mano siempre extendida de algún hermano para unir esfuerzo y lograr alcanzar la meta trazada.

Queda pues, el recipiendario presto para seguir su etapa de purificación por los elementos restantes, agua y fuego, para la consecución al final del ritual de iniciación de la conversión del hombre profano en un honorable hombre con características particulares, resumidas más no reducidas, en la palabra masón.

“Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas.”
Genesis 8:1

Fuente: http://tertuliaracional.blogspot.com/2013/08/viaje-del-elemento-aire.html

Categorías:MASONERIA

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