SOCIEDAD CIVIL

No hay pedestal para Stalin

GONZALO ARAGONÉS

MOSCÚ. CORRESPONSAL06/05/2021 06:00Actualizado a 06/05/2021 11:254

Hay una región en Rusia donde la mayoría de la población sigue considerando a Iósif Stalin un tirano sin escrúpulos. Se trata del Cáucaso Norte, donde todavía se recuerdan las deportaciones masivas de su población.

Por eso la colocación de un monumento que honra su memoria ha levantado no poca polémica en una de las repúblicas de la zona. La sección local del Partido Comunista en la República de Daguestán colocó a finales de abril un busto dorado del dictador soviético en la única avenida Stalin que aún queda en Rusia, en la ciudad de Daguestánskie Ogní. En un vídeo del canal Ogní TV se ve el momento de la instalación. “Es un día histórico”, aseguraba uno de los comunistas locales en la cuenta del canal de Instagram.

No hay pedestal para Stalin
No hay pedestal para Stalin.  Ogni TV

Blanqueado para la mayoría de rusos, en el Cáucaso es “enemigo” por las deportaciones masivas de población

Pero la aparición de la escultura provocó rápidamente profundas divisiones. A pesar de ser el dirigente soviético que más tiempo permaneció en el poder, su figura en la pequeña ciudad daguestaní (30.000 habitantes) duró apenas dos días.

El descontento de la población del Cáucaso saltó como la pólvora a las redes. La represión estalinista ni se olvida ni se suaviza aquí, como sí ha ocurrido para la mayoría de los rusos en los últimos años.

Las deportaciones de pueblos soviéticos fueron una estrategia de represión utilizada en la URSS que comenzó ya en la década de 1920. Las de los pueblos del Cáucaso, junto a las de Crimea (casi dos millones de personas), ocurrieron en la Segunda Guerra Mundial, por la simple sospecha de ser “antisoviéticos” o poder aliarse con el enemigo. El epílogo fue el traslado forzoso de más de medio millón de chechenos e ingushes en febrero y marzo de 1944. Entre un cuarto y un tercio fallecieron durante el proceso o en los primeros años de exilio.

En el siglo XXI, y coincidiendo con la presidencia de Vladímir Putin, la figura de Stalin tiene más luces que sombras a ojos de la mayoría de los ciudadanos rusos.

Las encuestas del independiente Centro Levada demuestran que en las últimas décadas el proceso de blanqueamiento de Stalin ha ido en aumento. En el 2019, un 70 % de los rusos consideraba positivo el papel del líder soviético en la historia. La victoria contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial pesa más que las represiones.

El activista Oleg Orlov, de la oenegé Memorial, dijo que las autoridades rusas son condescendientes con los intentos de exaltar su figura.

Los politólogos Rinat Mujamétov y Ruslán Kurbánov señalaron en el 2016 que esa tendencia también se ha notado en el Cáucaso Norte. Pero las sombras de sus años en el poder pesan mucho más.

“Levantar ese monumento siembra la discordia con nuestros hermanos chechenos, ingushes, balkirios, lezguinos”, se quejaba en su canal de YouTube el videobloguero Rustam 05 el día de la colocación de la estatua, el 29 de abril. “Esto es un golpe a los pueblos reprimidos”, coincide el politólogo Kurbánov.

“Como daguestaní, estoy avergonzado y disgustado… Así se desprecian los sentimientos de los ­hermanos y hermanas de las repúblicas vecinas”, escribía Mahmud Radjábov, un internauta, en el canal de YouTube de Kurbánov.

Pero también hubo mensajes de apoyo a la iniciativa. “Bien hecho, comunistas. Lenin trajo la civilización a Daguestán, y Stalin nos salvó del nazismo. Hay que recordarles”, escribía el internauta Shikhke1en la página de Instagram de Ogní TV.

Las críticas han terminado derribando el busto del líder soviético. El pasado lunes las imágenes de Ogní TV eran evidentes: una grúa le ponía un lazo alrededor del cuello y lo retiraba de su pedestal. El alcalde de la ciudad, Dzhalalutdín Alir­záyev, ha justificado la decisión con que los comunistas no ­habrían ­obtenido el permiso de las autoridades locales.

La retirada ha sido bien recibida por las redes sociales. “Que lo ponga en su casa el alcalde de esa ciudad”, reaccionaba un internauta. Y desde otras regiones agradecían el gesto. “Estoy orgulloso de vosotros, daguestaníes. Sois nuestros hermanos”, escribía otro.

Las autoridades regionales del Cáucaso critican regularmente las deportaciones estalinistas. El 2 de febrero del 2019, cuando se cumplieron 75 años de las deporta­ciones de chechenos e ingushes, el entonces presidente de la República de Ingushetia, Yunus-Bek Yevkúrov, se refirió a Stalin como “el enemigo número uno de todos los pueblos deportados”. Y el año pa­sado Ramzán Kadírov, jefe de ­Chechenia, maldijo a Stalin por las deportaciones.

FUENTE: No hay pedestal para Stalin (lavanguardia.com)

Categorías:SOCIEDAD CIVIL

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