EDUCACION E HISTORIA

Mito y religión

El término mito, tomado del griego mytos, en la época de Homero era la palabra opuesta a logos, en el sentido de que ésta puede demostrar su validez y su verdad, mientras que mito se refiere a eventos “extrahumanos”, que no pueden ser explicados por la experiencia del hombre.

Los griegos usaron el término mito para referirse a hechos acaecidos en otros tiempos, básicamente obras de dioses y seres sobrenaturales. Tales narraciones han existido y existen en todos los pueblos, tanto en el pasado como en el presente.

Hoy en día los antropólogos sostienen que las “narraciones sagradas o mitos desempeñan un importante papel en la vida social y mágico-religiosa de los pueblos, cuando entran en juego los ritos, ceremonias, reglas sociales o morales que exigen justificación o aval de antigüedad, realidad o santificación”. “Los mitos están presentes en la vida cotidiana: no son mera ficción ni relato de un pasado muerto, sino algo vivo, y determinan sus leyes, su moral y rigen la vida social de los pueblos”. “Los mitos de los orígenes no pueden ser historia desapasionada, ya que sus propósitos consisten en cumplir funciones sociológicas, o bien de glorificación de un grupo particular, o la de justificar un status anómalo”. (“Notes & Queries on Anthropology”; De Routhleage & Kegan, London, 1964).

“El primer mito -dice el poeta Luis Rosales- fue la primera palabra. El mito es la antesala de la abstracción o el concepto”. Añade: el “simbolismo es el carácter esencial de toda actividad humana. No existe propiamente en el hombre ninguna expresión pura. Toda expresión humana es ya simbólica en su origen.” (J. A. Pérez Rioja; “Diccionario de Símbolos y Mitos”, Ed. Tecnos 1984 Madrid).

“El que se asombre de que un símbolo formal pueda no sólo permanecer vivo durante milenios, sino también retornar a la vida después de una interrupción de miles de años, debería recordar que el poder del mundo espiritual, del que forma parte el símbolo, es eterno”. (Juan Eduardo Chirlo. “Diccionario de Símbolos”, Ed. NCL. 1979. Barcelona).

“Algunos tratados de mitología antigua, entre otros desaciertos, han cometido el grave error de creer que sería posible separar la religión de la mitología, o referirlo todo a la mitología como elemento esencial”. En todo caso es necesario saber que el mito necesita, además, ser creído por el grupo humano para el cual tiene vigencia. “En ese sentido un mito no es una narración de algún pasado ficticio, sino la memoria de un pasado transpuesto en ficción; no es una historia imaginaria que se hace pasar por realidad, sino una realidad histórica ella misma transpuesta en relato imaginario”: dice Theodor Reik. (“Mythe et culpabilité”; Ed. Presses Universitaires de France, París, 1979).

TEMAS DE LOS MITOS

“Son relativamente pocos. Se refieren a los orígenes del universo, su creación; una cosmogonía, teogonía; amores, apareamientos, nacimientos, proezas heroicas de dioses y hombres. Ofrecen explicaciones etiológicas de fenómenos naturales, o bien lo que determina los cultos, fundamentan conductas humanas en forma paradigmática, referida a los dioses, de los cuales se puedan inferir modelos y enseñanzas religiosas. Narran acontecimientos que tuvieron lugar en tiempos inmemoriales, ya que los dioses viven, o vivieron alejados en el espacio y en el tiempo, aunque los acontecimientos y las conductas de los hombres guardan total semejanza con el universo de las narraciones. Los mitos son precursores de la teología; tienen también contenidos escatológicos, apocalípticos, soteriológicos (salvacionistas), providenciales, mesiánicos, de renovación, etc”.

“Otros derivados de los mitos los constituyen las Leyendas, que tratan de semidioses, o de seres humanos sobresalientes contenidos en las fábulas, que son derivados míticos.” Pero el espacio mental en el cual se ubica el mito está “entre la comprensión del ser individual y la comprensión del ser social y de su historia. Se trata de un espacio de tránsito, en donde la clave de lo social está en la historia personal y la clave de lo personal en la transmisión del mito social. En cada mito que uno va desarrollando personalmente está una cierta clave de la historia universal”. (Moisés Lemlij, “Del Psicoanálisis al Mito”, pág. 276; en “El umbral de los dioses”, Ed. Bib. Peruana de Psicoanálisis, Lima 1991).

Mircea Eliade, reconocido estudioso de las religiones, reclama ubicar al mito en su contexto socio-religioso original. “Unicamente en una perspectiva histórico religiosa tales conductas (que los mitos desencadenan) son susceptibles de revelarse como hechos de cultura y pierden su carácter aberrante o monstruoso, de juego infantil o de acto puramente instintivo.”

Define la “Estructura y Función de los Mitos” tal como son vividos por las sociedades arcaicas como sigue:

1º): “constituye la historia de los actos de los Seres Sobrenaturales; 2º) “que esta historia se considera absolutamente verdadera (porque se refiere a realidades) y es sagrada (porque es obra de los Seres Sobrenaturales)”; 3º): “el mito se refiere siempre a una “creación”, cuenta cómo algo ha llegado a la existencia o cómo un comportamiento, una institución, una manera de trabajar, se han fundado; es ésta la razón por la cual los mitos constituyen los paradigmas de todo acto humano significativo”; 4º): “al conocer el mito, se conoce el “origen” de las cosas y por consiguiente, se llega a dominarlas y manipularlas a voluntad; no se trata de un conocimiento “exterior”, “abstracto”, sino de un conocimiento que se “vive” ritualmente, ya al narrar ceremonialmente el mito, ya al efectuar el ritual para el que sirve de justificación”; 5º): “de una manera o de otra, se “vive” el mito, en el sentido de que se está dominado por la potencia sagrada, que exalta los acontecimientos que se rememoran y se reactualizan”.

“En suma, los mitos revelan que el mundo, el hombre y la vida tienen un origen, una historia sobrenatural, y que es una vera narratio envuelta en el velo de una alegoría, mediante metáforas”. (“Mito y Realidad”, pág. 25)

El mito debe ser entonces concebido como una forma de pensamiento que, a diferencia del pensamiento científico, que trata de explicar cómo ocurren los hechos, trata más bien de explicar por qué suceden. Puesto que el hombre está cautivo en “una jaula de símbolos”, en la cual está toda su realidad espiritual, la mejor manera de entender las mitologías es desposeerlas de su carácter sacralizado, o predicador, para tratar de entenderlas como un sistema simbólico de ideas que pretende hacer una representación figurada de un universo, volverlo comprensible, a la medida del hombre. El vínculo con los elementos mágico-religiosos, el rito en sus diversos aspectos, la oración, los actos mediante los cuales los simbolismos míticos se expresan, permiten dialogar con lo desconocido e influir sobre lo desconocido y lo misterioso. Esa es la razón por la cual mito, religión y rito constituyen una unidad indivisible. Rito y mito se sostienen mutuamente.

Los rituales expresan los contenidos míticos por medio de la comunicación dramatizada y realizada socialmente, puesta en escena por el grupo que comparte la creencia. La mitología es un sistema que siempre admitió que en el contacto entre pueblos, ocurría el intercambio de influencias cuando así lo imponía su necesidad de ampliación, de incorporación de nuevos elementos en sus panteones. El sistema canónico es más tardío: surge cuando nace la necesidad de preservar las singularidades de las creencias.

LA RELIGION

Podemos compartir la definición de Durkheim: “Una religión es un sistema solidario de creencias y prácticas que unen una misma comunidad moral, llamada Iglesia, a todos los que a ella se adhieren”.

¿Qué nexos unen los mitos con la religión?

J. George Frazer dice: “Con el término religión me refiero a la noción de propiciación o conciliación de poderes superiores al hombre, de los que se cree que dirigen y controlan el curso de la naturaleza y la vida humana. Esto implica que la religión así definida consiste en dos elementos, uno teórico y otro práctico, lo que presupone una creencia en poderes superiores al hombre y a la vez la intención propiciatoria o el deseo de agradarles”. “Dicho en otros términos, ningún hombre es religioso si no es gobernado en su conducta en alguna medida por el miedo o el amor a Dios.” (“The Golden Bough”, Ed. Macmillan 1963, págs. 57-8).

Y acerca de religión sostiene: “Es cosa humana, es a la vez necesariamente cosa social, cosa lingüística y cosa económica, pues no se concibe al hombre fuera del lenguaje y de la vida colectiva. Importa ante todo considerarla en sí misma, en lo que tiene de irreductible y de original. Sería muy difícil dar una definición precisa, unánimemente aceptable de la noción de religión: algo tan pretencioso como intentar definir las emociones del amor, de la poesía, o bien, de las creencias. Se trataría de simplificaciones al pasar por alto las evoluciones que experimentaron algunas religiones, desde las formas arcaicas a las más decantadas, en el transcurso de la historia. Es así que algunas escuelas se han dedicado al estudio de la Historia Comparada de las Religiones. Empero, bajo esta denominación quedarán afuera el Budismo y el Confucianismo originales, ya que en sus orígenes eran más un código de conducta moral que un culto.”

Otros prefieren estudiar las religiones bajo el rótulo de Fenomenología de la Religión: “…se diferencia de la teología (que da por supuesta la existencia de Dios) y de la historia de las religiones, en que no se ocupa de la validez o del origen de las religiones, sino del significado existencial de sus creencias y de sus prácticas como expresiones del pensamiento y de la actividad del hombre. Su objetivo se ha definido como “el estudio de la acción del hombre en relación con Dios, no de la acción de Dios”. “Se trata fundamentalmente de una ciencia humana, no teológica; es inevitable que se ocupe de los datos históricos de la religión, pero no trata de estudiar la religión en su desarrollo histórico”, (“Diccionario de Religiones Comparadas”; T. II, pág. 664. Ed. Cristiandad, Madrid, 1975).

En cuanto a la teología y la tarea de los teólogos y su andamiaje teórico, es de recordar la mordaz definición de Juan B. Bergua: “los teólogos son a las religiones como los hongos a la humedad: su floración natural”. (El Corán, Ed. Clásicos Bergua 10a. ed., Madrid 1975).

Al abocarnos a la consideración de las concepciones religiosas expuestas en las narraciones bíblicas, es obviamente imprescindible tener en cuenta la diferencia de la actitud mental y espiritual de la época en la cual fueron concebidas las creencias que analicemos, para no confundirlas con las disquisiciones de esta época tan sofisticada. No se debe perder de vista la abismal diferencia conceptual de las creencias de hace tres mil años (tiempo en el que el pensamiento científico se hallaba aún envuelto en concepciones animistas). Creencia y verdad se homologaban. Saber y comprobación no se correspondían.

Es necesario aun discriminar entre la existencia de sistemas religiosos y sus instituciones, de la génesis de la religiosidad existente en todo ser humano, presente ya en la tensión psíquica entre tendencias opuestas, “el bien y el mal”. Esta religiosidad es el fruto de lo que el Psicoanálisis ha descubierto como Realidad Psíquica que obra desde la niñez, en el mundo infantil en que todo ser humano vive o ha vivido. Los dioses Padres de la infancia son los que permiten o prohíben la satisfacción de deseos, en esa bipolaridad de amor y odio y de tales o cuales deseos prohibidos o satisfacibles. Las primeras organizaciones religiosas nacen en la cuna del hogar y se desarrollan como lo que bien podría ser denominada “religión privada o proto-religión”, que queda investida de los elementos acunados en las vicisitudes de la infancia, los cuales darán sentido a un universo básicamente incomprensible. Fue Einstein quien dijo: “…no me asombra que el universo sea básicamente incomprensible; ¡lo que me asombra es que a veces sea tan comprensible!”

FUENTE: http://www.chasque.net/frontpage/relacion/0201/mito.htm

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