MASONERIA

LA SOMBRA Y LA FRANCMASONERÍA

Miguel Trigo Valle M.·. M.·. Logia Luz y Verdad N° 175 Gran Logia de Chile

Conócete a ti mismo

Qué extraordinario sueño tuvo Robert Louis Stevenson, en el que un hombre perseguido por haber cometido un crimen ingiere una pócima y sufre un cambio drástico de personalidad que le hace irreconocible. De esta manera, el Dr. Jekyll, un amable y esforzado científico, termina transformándose en el violento y despiadado Mr. Hyde, un personaje cuya maldad iba en aumento a medida que se desarrollaba el sueño.

Vagamente intuimos que cada uno de nosotros carga consigo un Dr. Jekyll y un Mr. Hyde, una persona afable en la vida cotidiana y otra entidad oculta y tenebrosa que permanece amordazada la mayor parte del tiempo. Bajo el disfraz de nuestro consciente descansan ocultas todo tipo de emociones y conductas negativas como la rabia, los celos, la vergüenza, la mentira, el resentimiento, el orgullo, las tendencias asesinas y suicidas y otras degradaciones que se desenvuelven en un territorio insociable e inexplorado para la mayoría de nosotros.

En la antigüedad los pensadores ya habían dado cuenta de esta doble faz oculta del ser humano y por esta razón en el frontispicio del templo de Apolo en Delfos, los sacerdotes esculpieron un precepto que en la actualidad no pierden vigencia: “Conócete a ti mismo”, la demanda con que los sacerdotes sugerían con mucha convicción, la búsqueda del conocimiento integral del uno mismo, en otras palabras “conoce especialmente tu lado oscuro”.

Sin embargo nuestra tendencia es ignorar aquello que perturba nuestra personalidad. En el apogeo de Delfos existía una comprensión que reconocía, y por qué no decirlo, respetaba el lado oscuro de la vida, consideremos las bacanales y orgías, celebraciones que una vez al año con la presencia de Dionisio, dios de los excesos, relacionaban fuertemente las relaciones existentes con el demonio y el lado más oscuro de las personas.

Cuenta una leyenda que Alejandro Magno tenía un hermoso caballo, Bucéfalo, que sólo él era capaz de montar. ¿Cómo llegó Bucéfalo a manos de Alejandro? Este estaba para la venta, los nobles que deseaban comprarlo, encargaban a sus jinetes que lo montasen, sin embargo todos a pesar de los esfuerzos, lograban sólo mantenerse pocos segundos sobre su grupa. El animal encabritado siempre echaba por tierra al jinete. Alejandro lo observó con atención y descubrió el secreto del caballo, él en persona lo montó. Al momento de hacerlo, le dirigió la cabeza hacia el sol y lo espoleó con decisión. Después controló los movimientos del caballo sin apartarlo de la dirección del sol, hasta que el animal, cansado, se dejó dominar completamente. ¿Cuál era ese secreto que sólo Alejandro había descubierto? Que el animal se asustaba de su propia sombra. Si no la veía, si se le dirigía la cabeza hacia el sol, el animal olvidaba sus temores. Un hermosa leyenda que refleja que en el mundo actual muchos viven asustados con la sombra de su propio yo.

La sombra

Llamamos sombra (en la acepción que da a la palabra C.G. Jung) a la suma de todas las facetas de la realidad que el individuo no reconoce o quiere reconocer en sí y que, por consiguiente, descarta. La sombra es el mayor enemigo del ser humano: la tiene y no sabe que la tiene, ni la conoce.  La sombra hace que todos los propósitos y los afanes del ser humano le reporten, en última instancia, lo contrario de lo que él perseguía. El ser humano proyecta todas las manifestaciones que salen de su sombra porque tiene miedo de encontrar en sí mismo la verdadera fuente de toda desgracia. Todo lo que el ser humano rechaza pasa a su sombra, que es la suma de todo lo que él no quiere. La negativa a afrontar y asumir una parte de la realidad no conduce al éxito deseado, por el contrario, el ser humano tiene que ocuparse muy especialmente de los aspectos de la realidad que ha rechazado. Esto suele suceder a través de la proyección, ya que cuando uno rechaza en su interior un principio determinado, cada vez que lo encuentre en el mundo exterior desencadenará en él una reacción de angustia y repudio.

Como se ha dicho, la sombra es parte fundamental de cada uno de nosotros, en ella se encuentra la energía necesaria para afrontar el cambio y la reestructuración, fenómenos constantes en la vida del ser humano. El hombre ha de aceptar su sombra si pretende desarrollarse, de otra manera ésta lo consumirá.

Esta sombra, por otro lado, es indestructible y todopoderosa, en algún momento, si no la aceptamos se manifestará de manera demonizada, es inherente al ser humano, negarla no sólo no ayuda sino que obstaculiza el desarrollo normal de la persona. Es obligatorio responsabilizarse de ella, reconocerla y aceptarla.

Encontrándose con la sombra en la Francmasonería Todo lo que se rechaza en una persona es algo que no aceptamos en nosotros mismos.

Todos los sentimientos de odio, rechazo, aversión que nos pueda producir alguien tienen que ver con algo de nosotros mismos, que proyectamos en los demás y que no estamos en la condición de aceptar.

Los antagonismos externos experimentados por el hombre en su vida social, no serían más que la manifestación de antagonismos internos aun sin resolver. La cura descansará por eso, como lo hace la Masonería, en el apostar de manera constante por la moralidad.

La Francmasonería nos presenta muchas oportunidades para trabajar con algún aspecto ciego de nuestra personalidad, y resulta que la mejor forma de contactar esa parte nuestra que los demás ven pero que nosotros desconocemos, es analizando lo que proyectamos hacia afuera en forma de pensamientos, sentimientos adversos, negativos tales como: la maldad, el egoísmo, la envidia, el ansia de dominio, de poder, la avidez por el dinero, los celos, la avaricia, la cursilería, holgazanería, presuntuosidad, pereza, indolencia, negligencia, la manipulación, la cobardía y muchos de nuestros miedos los cuales se constituyen en emociones y sentimientos que no resulta fácil reconocer como componentes de nuestra propia personalidad.

 ¿Cómo podemos descubrirla entonces? Hay algunos indicios que es bueno revisar para darnos cuenta de este aspecto oscuro de nuestras vidas, entendiendo que si excavamos lo suficiente como un proceso de experimentación, en lo profundo de la sombra podremos darnos cuenta de su existencia.

Sentimientos exagerados respecto de los demás, retroalimentación negativa de quienes nos sirven de espejo, en las acciones impulsivas o inadvertidas, en aquellas situaciones en las que nos sentimos humillados, en los enfados desproporcionados por los errores cometidos por los demás. También podemos reconocer la irrupción inesperada de la sombra cuando nos sentimos abrumados por la vergüenza o la cólera o cuando descubrimos que nuestra conducta está fuera de lugar.

El ser humano se debate en el conflicto entre quiénes somos y quiénes queremos ser. El piso de mosaico como un eje de la experiencia humana nos muestra la vida y la muerte, el bien y el mal, la esperanza y la resignación, tribulaciones que conviven y ejercen influencia directa en todas las circunstancias de nuestras vidas.

El iniciado que ha comprendido las enseñanzas de la cámara de reflexiones tendrá el conocimiento para ir al lado oscuro y poner luz en ese lúgubre lugar en la que no fantasea sobre la luz sino hace consciente la oscuridad.

Sabemos que ante los pensamientos negativos no podemos huir fácilmente, porque son parte de nosotros mismos. Huir de la sombra, cual avestruz, fortalece su poder, la negación de la misma aumentará el dolor, resignación y remordimientos, la Francmasonería nos pide que rectifiquemos para que este lado oscuro no pase a comandar nuestras decisiones. El lado oscuro no deberá guiar nuestros pasos con malos hábitos y conductas no deseables.

Un iniciado se da cuenta que la única forma de liberarse de conductas potencialmente perjudiciales es aceptar esta dualidad. Si no somos capaces de reconocer todo lo que somos, incluida la sombra que está en todas partes perderemos la integridad. La prueba de su omnipresencia está en todos los aspectos de nuestra vida, verla en nuestras conductas y sentirla en nuestras relaciones con los demás. El Iniciado no tiene miedo a lo que pueda encontrar si mira dentro de su interior, no esconde la cabeza bajo el ala y no se niega a enfrentarse al lado oscuro. Nunca sentirá vergüenza de lo que pueda ver en la caja de Pandora que carga insospechados secretos. Su triunfo será el ser un hombre libre y de buenas costumbres. Lejos de ser aterrador, aceptar nuestra sombra nos permite realizarnos, ser nosotros plenamente, recuperar nuestro control, desencadenar nuestra pasión y materializar nuestros sueños. Cuando hablamos con una ira desproporcionada, gana la sombra. Cuando engañamos a nuestros seres queridos, gana la sombra.

Cuando nos negamos a aceptar nuestra verdadera naturaleza, gana la sombra. Es necesario poner la luz, que no es más que sabiduría, a todos los impulsos irracionales de nuestro proceder para vencer este combate que es parte del ser humano y que nos acompañará siempre. La sombra gana cuando logra sabotearnos y no sabemos reconocerla para aceptar que existe.

La presencia de este “antagonista” y de las batallas que lidiamos nos ayuda en el descubrimiento de nuestra verdadera grandeza. La sombra no es un problema que debamos resolver, ni un enemigo al que debamos conquistar, sino un campo fértil por cultivar. Cuando martillamos en nuestro ser interior, si lo hacemos bien, descubriremos la riqueza y las potencialidades y lo que realmente deseamos ser.

Un Francmasón siempre ha de ir en busca de su propia sombra que se oculta avergonzada en los oscuros callejones y pasadizos de la conciencia en el camino que se emprende en la Masonería, la búsqueda le da sentido a la vida, contra las ideas falsas según las cuales sólo en las religiones dominantes y prevalentes el hombre pueda encontrar el sentido de la vida, cuando en realidad el sentido de la vida lo encontrará el ser humano buscándolo en el interior de sí mismo como aquella vieja invocación alquímica que los francmasones recogemos durante el acto de iniciación al grado de aprendiz: “visita interiora terras recificatur invenies ocultum lapidum”, visita el interior de ti mismo que rectificando encontrarás el camino que andas buscando.

Un iniciado comprende a través de las enseñanza y del uso de las herramientas simbólicas, que las virtudes, el coraje, el autocontrol y la justicia, que son principalmente las virtudes de la mente y la voluntad, son las virtudes de base del caminar del Masón en su peregrinar por la vida.

La orden elige hombres y les muestra las posibilidades que el hombre que ha recibido luz masónica puede alcanzar mediante el estudio, entendiendo que la virtud es un hábito que se adquiere a través de la práctica y la existencia de las reglas del Arte Real que deben conocerse, asimilarse y ejercitarse dentro y fuera del taller.

Rectificar es el primer paso para abandonar el vocabulario de lucha con nuestras particularidades, lo que haremos es dejar de alimentar al lado oscuro de nuestra naturaleza humana que se alimenta del conflicto. La visión de un Iniciado es nunca renunciar a llegar a ver la supremacía de la bondad de la naturaleza humana sobre el mal.

Al Masón no se le demanda que se encuentre a sí mismo, sino que debe construirse a sí mismo, debe emprender esta tarea enfrentándose valerosamente con su sombra y descender a las oscuras profundidades de su espíritu sin miedo a la oscuridad, que será finalmente su auténtica salvación, su modelos serán todos los héroes míticos que han tenido que luchar contra monstruos, dragones y demonios y hasta contra el mismo infierno, para ser salvos y salvadores.

El Masón nunca pierde el interés por construir el mejor mundo posible desde una perspectiva pragmática con las herramientas de que dispone, ha de llevar a una última fase constructiva el despliegue del potencial humano que concede un sentido de admiración a la acción humana, como lo es el de la moralidad.

Conocerse, aceptarse y superarse, he ahí el gran secreto de Alejandro Magno.
Conoció las cualidades y también los defectos de aquel magnífico caballo. Lo
aceptó así como era, y lo llevó a superar sus miedos haciendo que no mirase
más la sombra de lo que era. Hay que mirar siempre lo que podemos llegar a
ser gracias al esfuerzo, la paciencia y la constancia. Hoy no nos quedan dudas
de que con aquel magnífico caballo Alejandro Magno ganó muchas batallas y
conquistó un imperio. ¿No podremos del mismo modo conquistarnos a
nosotros mismos y llegar a dominar nuestro propio imperio interior para vivir
una vida más auténtica, más de cara a la verdad de lo que somos? Todo es
cuestión de dejar atrás las sombras y buscar siempre la verdad.

Salud, Fuerza y Unión

Bibliografía:
La sombra colectiva – Deepak Chopra
Encuentro con la sombra Connie Zweig y Jeremiah Abrams
La enfermedad como camino –

THORWALD DETHLEFSEN y RÜDIGER DAHLKE

FUENTE: https://www.cadenafraternal.com/index.php/home/planchas?task=download.send&id=83&catid=2&m=0

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