CUBA

Cuba ha escogido el camino de la libertad, es vital no dejarla sola

LA HABANA, Cuba. – El 11 de julio ya entró en la historia de Cuba como la verdadera jornada de la rebeldía nacional. Los miles de cubanos que se lanzaron a las calles en casi todas las provincias, acosados por el hambre, la escasez de medicinas, la falta de libertades individuales y el incremento de enfermos y fallecidos por COVID-19, desmontaron en cuestión de horas la grotesca farsa de 62 años y el discurso de contrarrevolución pagada por la CIA que el régimen castrista ha retomado con insistencia desde los sucesos del 27 de noviembre de 2020.

Entre gritos de “Libertad”, “Patria y Vida” y “No Tenemos Miedo”, la chispa de la insurrección prendió en el pueblo de San Antonio de los Baños y se extendió por toda la isla, desatando una fuerte represión policial. Quienes vivieron El Maleconazo admiten que nunca habían visto cosa parecida, por la masividad y simultaneidad de los sucesos. La dictadura, como cabía esperar, apostó por el discurso agresivo y prepotente. Durante una accidentada comparecencia en la televisión cubana el mandatario Miguel Díaz-Canel, visiblemente nervioso, respondió con la retórica gastada, culpando al embargo y al gobierno de Estados Unidos. En su diatriba, tan débil como errática por momentos, terminó llamando a una guerra civil al recalcar que “las calles son de los revolucionarios” y que los defensores del régimen quedaban convocados a enfrentar las legítimas protestas ciudadanas que calificó de “provocaciones orquestadas desde el exterior”, un planteamiento absolutamente falso.

Si tal fuera la agenda del exilio, entonces deben admitir que esta se haya en perfecta consonancia con la del pueblo, a quien el gobierno de Díaz-Canel jamás consultó si estaba de acuerdo con la dolarización de la economía, la entrada de turistas rusos en pleno rebrote pandémico, la exportación de doce millones de vacunas a Venezuela cuando solo se han inmunizado poco más de un millón de cubanos, el envío de medicamentos a Nicaragua mientras los  hospitales de la isla carecen hasta de analgésicos, y tantas otras decisiones importantes que han sido tomadas unilateralmente, demostrando que la agenda de la cúpula nada tiene que ver con las necesidades del pueblo.

Si las manifestaciones fueron organizadas por el exilio, entonces Díaz-Canel debe reconocer que la comunidad cubana de Miami tiene un poder de convocatoria muy superior al del castrismo, y que la oposición interna está muy bien organizada de una punta a la otra del archipiélago, algo que siempre han negado.

Díaz-Canel mintió sin atragantarse, protegido por la maquinaria mediática al servicio del Partido Comunista de Cuba y por la interrupción de internet a nivel nacional, que impidió conocer de primera mano lo que realmente ocurrió en San Antonio de los Baños, donde camiones repletos de Boinas Rojas arremetieron contra los manifestantes, golpeando y arrestando a decenas antes de que él llegara y se paseara rodeado de agentes de la Seguridad del Estado por un pueblo desierto. En el resto de las provincias, la Policía Nacional Revolucionaria, las Tropas Especiales y los esbirros de la Policía Política descargaron su brutalidad contra los manifestantes, muchos de ellos mujeres. Se ha hecho viral la imagen de un fotógrafo de la Agencia AP, a quien fuerzas policiales le rompieron la nariz mientras registraba la protesta frente al ICRT, en la cual resultaron detenidos con violencia varios jóvenes artistas.

La convocatoria al odio, promovida por Díaz-Canel, ha desencadenado trágicos sucesos en apenas tres jornadas. El país ha quedado incomunicado para evitar que el mundo observe en tiempo real la brutalidad y el ensañamiento de las Tropas Especiales contra los ciudadanos. En pocos días se sabrá el número real de muertos, heridos graves y arrestados, pero por el momento la dictadura representada por Díaz-Canel y dirigida desde las sombras por la familia Castro está siendo llamada por su nombre en el mundo entero.

Díaz-Canel ha declarado que Cuba no necesita ayuda humanitaria y el canciller Bruno Rodríguez Parrilla ha negado que se produjera un estallido social, catalogando las acciones del 11 de julio como “disturbios, vandalismos e indisciplinas por parte de elementos contrarrevolucionarios”. Pero el régimen, y toda Cuba, sabe que no fue un puñado de cubanos aquí y allá, sino decenas de miles en todo el país, ciudadanos inconformes con la terrible situación que atraviesa la isla, y a quienes Díaz-Canel insiste en catalogar de “mercenarios o revolucionarios confundidos”, enfatizando una vez más su menosprecio por el derecho de los insulares a pisar fuera del rígido marco ideológico trazado hace seis décadas.

Los sucesos del 11 de julio evidenciaron que el cambio que Cuba exige no es cosa de mercenarios pagados por la CIA. Hay una voluntad popular genuina que rechaza la gestión de Díaz-Canel y la prolongación de un sistema político que ha dejado al país en condiciones de vulnerabilidad extrema, sumido en una corrupción político-administrativa infranqueable, en todos los niveles.

En este contexto crucial para el futuro de la isla algunos “analistas” han dejado entrever la posibilidad de que el presidente Joe Biden levante las restricciones sobre las remesas, una concesión que iría en sentido opuesto a la libertad plena a que aspiran los cubanos. El problema de Cuba no va a resolverse poniendo más dinero en manos de una dictadura que tiene como premisa la improductividad y cuyo dominio sobre el pueblo se sustenta en políticas económicas desequilibradas, cuasi feudales. Liberar las remesas equivaldría a acomodar al régimen en su hábito de importar para revenderles a los ciudadanos, en moneda dura y a precios súper inflados, las baratijas que sus socios de China y la Unión Europea le facilitan a costos ínfimos. Más que un gesto de buena voluntad, sería contraproducente. Mientras el Estado capitalice todos los recursos y vías de inversión no habrá oportunidad de crecimiento para el sector privado, ni el común de los cubanos.

Cuba ha escogido el camino de la libertad y, a juzgar por el mensaje de Díaz-Canel, solo la alcanzaremos a costa de nuevos traumas y muertes. Si los países democráticos nos tienen verdadera estima, que estén atentos, el castrismo no dudará en sacar el ejército contra nuestros ciudadanos indefensos, y entonces se sabrá cuánto valen realmente los votos de afecto y solidaridad que las naciones libres no se cansan de expresar hacia “el pueblo cubano”.

Hoy, 14 de julio, Cuba sigue desconectada del mundo por decisión del Partido Comunista. Este silencio impuesto es una amenaza mortal de la cual deben estar muy pendientes los cubanos en todas las latitudes. Díaz-Canel aseguró que el cambio solo será posible por encima de los cadáveres de los revolucionarios, pese a que la oposición cubana es pacífica y lo ha demostrado con creces.

Quienes sueñan con una Cuba Libre no quieren muertos, pero si los hubiera, del bando que sean, toda la culpa será de la familia Castro, Miguel Díaz-Canel, del Ministerio del Interior, las Fuerzas Armadas y la prensa oficialista, que sigue dispuesta a negar lo que es evidente, contribuyendo con su falta de ética a la impunidad de los asesinos.

Dentro de la isla, los cubanos seguirán tomando las calles, con dolor de Nación, con orgullo de Nación. Es vital, urgente, no dejarlos solos.

FUENTE: https://s3.eu-central-1.amazonaws.com/qurium/cubanet.org/destacados-editorial-cuba-ha-escogido-el-camino-de-la-libertad-es-vital-no-dejarla-sola.html

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