MASONERIA

EL TEMPLO DE SALOMÓN Y LA LOGIA MASÓNICA. (Final)

El suelo donde se encuentra el Ara está revestido de cuadros blancos y negros, a manera de un tablero de ajedrez, que simbolizan la dualidad de la vida. Suspendidos del techo, exactamente sobre el Ara, está la estrella flamígera y un triángulo que contiene a su vez la escuadra el compás y una letra «G» en el centro; ésta simboliza al Gran Geometrista, o «Gran Arcano», constructor del universo. A lo largo de las paredes hay sillas que corresponden, según el punto cardinal en el que se encuentren, a los diferentes grados del conocimiento. El techo está pintado de azul donde, en algunos casos están dibujados los signos del zodíaco. Alrededor de todo el plafón hay una cadena hecha de eslabones de cuerda que simbolizan la unidad de los masones alrededor del mundo.

En el salón principal hay una puerta que conduce al cuarto de reflexiones, que está pintado de negro con dibujos de cráneos, huesos, esqueletos, y alumbrado con una lámpara sepulcral. Hay una mesa, también pintada de negro, sobre la  cual se pone un vaso con agua y otro con sal, un pedazo de pan negro y papel para escribir. Hay un ataúd al fondo con un esqueleto en su interior. Aquí es donde se meditan los trabajos y es en este sarcófago donde entra el aspirante a Maestro en la ceremonia de tercer grado con el ritual de la muerte iniciática.

En una logia hay varios personajes. El más importante es el Venerable Maestro, que representa al Sol; el Orador, a Mercurio; El Secretario, a Venus; El Tesorero, a Marte; El Maestro de ceremonias, a la Luna. Al que ocupa este último  nombramiento, se le ve siempre caminando simulando una órbita dentro de la logia con un báculo en la mano. Vemos también otros puestos importantes, como los Vigilantes, que representan a Urano y a Neptuno, y el Primer Experto a Saturno; los más altos grados de la Masonería representan a las nebulosas.

Ahora bien, si tanto un templo como el otro son tan diferentes, surge la pregunta: ¿De dónde salió este modelo?

Veamos pues, a este respecto, la explicación del Venerable Maestro de Grado 33 C.W. Leadbeater: «Cuando en la vida actual me iniciaron en la Masonería, me sorprendí viva y gozosamente al ver por primera vez la logia, pues me era familiar su disposición la cual era idéntica a la que yo había conocido 6000 años antes en los misterios egipcios… Los símbolos son significativos y característicos con peculiar combinación; y sin embargo todo ello perteneció di antiguo Egipto en donde lo conocí cumplidamente. Casi todas las ceremonias subsisten invariadas, son sólo leves diferencias de pormenor. Conocedor de estos hechos de mi personal experiencia, procedí a buscar en el plano físico pruebas que los corroborasen en los libros que cayeran en mis manos y que fueron más de los que esperaba…».

De estos datos resulta evidente que en Egipto el templo tenía la forma de doble cuadrado, en cuyo centro había tres cubos sobrepuestos en disposición de altar sobre el cual se colocaban los libros de las Escrituras Sagradas; por supuesto, no las mismas que las cristianas, que no se habían escrito todavía.

«Los cubos representan los tres aspectos o personas de la trinidad: Osiris, Isis y Horus, según se infiere de los signos en ellos grabados…». En la entrada del templo había dos columnas y sobre ellas cuadros que representaban la tierra y el cielo. Una columna lleva el nombre «En fortaleza» y el nombre de la otra quiere decir «Establecer». Este pórtico simbolizaba el camino conducente al mundo superior de Amenta, (especie de cielo) donde el alma se fundía con el inmortal espíritu y quedaba así establecida para siempre, por lo que era el pórtico el símbolo de la estabilidad. En la entrada de la logia había siempre dos guardas armados con cuchillos. Al guardián exterior se le llamaba el Vigilante y al interior el Heraldo. Al Neófito se le despojaba de la mayor parte de su vestimenta… y se le conducía a la puerta del templo, donde se le preguntaba quién era. Respondía que era «Shu», el «suplicante» que llegaba ciego en busca de luz».

Veamos el significado y propósito de la logia según continúa la descripción de Leadbeater: «Las dos columnas simbolizan la dualidad de todo lo manifiesto y nos recuerdan nuestro permanente deber de Unir los contrarios y encontrar el equilibrio entre la vida y la muerte y entre la construcción y la destrucción. Es ahí donde recordamos aquel «segundo nacimiento» que se nos otorgó en forma virtual y que debemos hacer efectivo en el curso de nuestra carrera. Es también entre las dos columnas donde saludamos a las tres luces de nuestro taller y expresamos simbólicamente que estamos dispuestos a dar la vida antes de traicionar nuestros ideales supremos. Cuando vemos las tres luces sobre el Ara (Altar) nos evocan la trinidad de la esencia, la sustancia y la forma; del espíritu del alma y del cuerpo. Allí están presentes el libro, (la Biblia), la escuadra y el compás. El libro Sagrado de la ley, símbolo viviente de la tradición, que nos enseña primero a leer y finalmente a escribir en el Libro de la Vida; la escuadra que nos señala la tierra y la materia y nos muestra la rectitud; y el compás que nos pone en contacto con el cielo y con el espíritu y nos señala la posibilidad de lo ilimitado de la inmortalidad y de lo eterno. El Ara es el centro de nuestro templo que nos evoca el centro del Ser y el corazón del hombre; el corazón pensante donde se aloja la fuerza sutil del intelecto puro».

Como podemos ver, con toda claridad, estas columnas, que representan el dualismo, no tienen nada que ver con los principios del Dios de la Biblia. Lavagnini dice al respecto de estas: «Metafísicamente, representan los dos aspectos masculino y femenino de la divinidad, que como Padre y Madre celestes, como dioses y diosas se encuentran prácticamente en todas las religiones».

Incluir a Dios en el dualismo es una teoría tan falsa que cae por si misma. Una mente dualista busca el gran todo que conforme el universo, que es Dios. Dios es el creador, el eterno, el todopoderoso. ¿Qué hay comparable a Él para que pueda haber un dualismo divino?

Sería demasiado pueril pensar que Satanás, que es tan sólo una criatura caída, aunque con grandes pretensiones, pueda ser equivalente, aunque opuesto, al Eterno Dios. Es como comparar una mosca con el mar y pensar que son opuestos. Buscar por tanto un equilibrio entre la vida que la representa Dios y la muerte que la representa Lucifer, resulta un disparate tan ilógico como el ejemplo anterior y, sin embargo, la gran mayoría del mundo cree que se puede vivir en esta zona gris, entre el bien y el mal, en un equilibrio imposible y absurdo, sin ninguna consecuencia y creyendo que Dios está ahí.

Quiero que vea conmigo esta contradicción que existe en el dualismo en un versículo extraído del «Kybalión» uno de los libros más importantes de la filosofía Hermética: «Todo es doble; todo tiene dos polos; todo su par de opuestos; los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; las verdades se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse».

Lo que quiere decir esta explicación del dualismo que acabamos de leer, es que Dios y Satanás son iguales y que la naturaleza santa del Todopoderoso es igual a la maléfica naturaleza caída de Satanás. Que Dios no es Dios absoluto y que su Verdad es tan sólo una verdad a medias y que finalmente Dios y Satanás están reconciliados. Una sola cosa puedo decir a este respecto y es que el único que pudo inspirar semejante pensamiento en Hermes Trimegisto, es el mismo Lucifer.

Volviendo al análisis de la logia, vemos que de la misma manera que el iniciado egipcio, el «suplicante», se acercaba al templo, el aspirante a Aprendiz en la Masonería tiene también que confesar que es un profano, sujeto a las tinieblas y en total estado de ceguera, y que viene a recibir la luz de la Masonería. En esta ceremonia el Venerable Maestro le dice al profano que se acerca: «Profano el hombre en el mundo rodeado de vicios, pasiones, busca la ventura por todas partes y no la encuentra en ninguna. Desea conocer la causa y ofuscado de sus sentimientos, solo distingue obscuridad y tinieblas. El genio del mal lo hace instrumento de discordia y desgracias». Y luego, más adelante, en esta misma liturgia de recepción, le dice el Venerable: «Queréis salir de este estado, lo pedís a nuestra asociación, y ofrecéis vuestro corazón y vuestro brazo al que os instruya…».  Y, al igual que en la ceremonia egipcia, el iniciado tiene que entrar a la logia en un estado de semidesnudez.

Todo recién iniciado, debe reconocer que está llegando en tinieblas y que sólo recibirá su luz de la Masonería, negando de esta manera su fe. El concepto de la logia es, al igual que en el antiguo Egipto, un lugar sagrado en estado edénico, lejos de lo profano; un lugar igual a dónde van los muertos y en el cual el espíritu va evolucionando de un estado astral a otro superior.

Esto anula lógicamente todo el fundamento Cristocéntrico que dice que a todos nos es dado morir una vez y después de esto el juicio, y que hay resurrección de vida y hay resurrección para condenación (Juan 5:29). Cualquier persona que pretenda estar en el camino de Cristo que confiese ante la Masonería que llega en estado de tinieblas ha negado la luz de Cristo como verdadera y única luz del mundo para cederle el lugar al Gran Arquitecto del Universo (del que hemos ido demostrando a lo largo de este libro su verdadera identidad).

Jesús dijo: «Ningún siervo puede servir a dos señores, porque o aborrecerá al uno y amará al otro; o se allegará al uno y menospreciará al otro (Lucas 16:13). No se puede ser de Cristo y ser Masón. Ya hemos visto cómo se van separando cada vez más los propósitos entre el verdadero Templo de Salomón y la logia masónica.

Continuemos ahora con la narración de Leadbeater que supuestamente vivió hace 6000 años en el antiguo Egipto: “Según dice el «Libro de los Muertos», si el neófito violaba su juramento, se le cortaba el cuello y se le arrancaba el corazón. El papiro de Nesi Amsu menciona otro grado en el que se descuartizaba el cuerpo y se reducía a cenizas, las que se esparcían a los cuatro vientos sobre la superficie de las aguas. En el templo de Khnumu, en la isla de Elefantina, por frente de Asuán, hay un bajo relieve con dos figuras: la del Faraón y la de un sacerdote con la cabeza de Thot, en la vigorosa actitud sugestiva de una iniciación… En la logia brillaba la estrella flamígera, pero era de ocho puntas en vez de seis o cinco. Se le llamaba «Estrella del alba» o «Estrella de la mañana» y era el símbolo de la resurrección de Horus (figura del hijo en la trinidad egipcia). La escuadra masónica era muy bien conocida y se le llamaba neka. Se la encuentra en muchos templos y también en la Gran Pirámide. Dícese que se empleaba para escuadrar piedras y también simbólicamente para escuadrar la conducta, lo cual se acomoda a la moderna interpretación. Construir con la escuadra equivalía a construir según las enseñanzas del antiguo Egipto. En la sala egipcia de juicio, se ve a Osiris sentado sobre una escuadra mientras juzga a los muertos. Así la escuadra vino a simbolizar el fundamento de la eterna ley. El Libro de los Muertos, como impropiamente suele llamársele, es parte de un manual destinado a servir como una especie de guía en el Mundo Astral, con varias instrucciones respecto a cómo habían de conducirse los difuntos y los iniciados en las regiones inferiores de aquel otro mundo… La mente de los egipcios parece que actuó muy formal y ordenadamente, pues tabulaban toda concebible descripción de las entidades, que un difunto tuviera posibilidad de encontrarse, y disponían cuidadosamente el hechizo o palabra de poder que consideraban más eficaz para vencer a las entidades hostiles; pero sin darse cuenta de que su propia voluntad efectuaba la obra, atribuían el éxito a alguna especie de magia”.

En un principio se mantuvo secreto «El Libro de los Muertos»; pero posteriormente se copiaron sus papiros, y algunos capítulos para colocarlos en la tumba del difunto. Dice uno de los pasajes: «Este libro es el misterio supremo. Que nadie pase por él los ojos, porque sería abominación. Se llama «El Libro del Dueño de la Casa Secreta».

Esto mismo asevera Leadbeater más adelante en su libro «La Vida Oculta de la Masonería» cuando se refiere a los trabajos de la Orden: «El trabajo es la preparación para la muerte y para lo que sigue. Se suponía que las dos columnas «Jaquín» y «Boaz» se alzaban en la entrada del otro mundo y las diversas pruebas que el neófito pasaba, simbolizaban las que podían sobrevenirle cuando pasara del mundo físico a la inmediata etapa de la vida».

Como ya vimos en la Biblia, en Levítico 20:27 dice: «El hombre o la mujer que evocare espíritu de muertos o de adivinación, han de ser muertos… su sangre será sobre ellos».

En la Masonería vemos también el uso de estas palabras de poder, que cambian según el grado. Más adelante, veremos la cantidad de interacción de espíritus de muertos y espíritus infernales que entran en acción durante las iniciaciones. El Aprendiz, sin conciencia ni conocimiento de este mundo invisible, lo recibe como algo simbólico y sin trascendencia, sobre todo cuando le dicen que es una forma de identificarse como masón. Encontramos esta misma amenaza que se usaba en Egipto para castigar al que traicionaba las verdades secretas, en la ceremonia del primer grado. En ésta el Venerable Maestro le dice al solicitante: «Dices que nada ves y que sentisteis una punta sobre el corazón, ¡Era un espada! ¡Dios os libre de que penetre en vuestro pecho! Era el castigo que se aplicaba y que debía imponerse a los que se vendieran a los tiranos, más para nosotros Masones Libres es un símbolo como lo que os ha pasado y lo que tenéis que pasar, y representa el torcedor eterno que deberá destrozar el alma, si faltáis a la Augusta Institución en la que pedís ingresar”.

Nada que provenga de un Dios Santo y bueno, puede tener algún parecido con esta cláusula. Sólo una mente llena de hambre por el poder y el control puede esclavizar a sus miembros de esta forma. Son atados a las consecuencias de algo que la mayoría no tiene la menor idea sobre dónde se está metiendo. Jesús lo dijo en Juan 10:10 y en Hebreos 2:14-15.

Volviendo a la descripción egipcia de las logias según Leadbeater, quiero aclarar que, cuando en los escritos iniciáticos encontramos el término resurrección no se refiere a la enseñanza cristiana de la resurrección de los muertos ya que, por el contrario, ellos creen en la reencarnación. Cuando se usa este término se está refiriendo a las deidades o maestros cósmicos que nunca mueren, sino que se encarnan en diferentes cuerpos y su vida continúa eternamente.

Esto lo vimos al hablar del espíritu detrás de Hiram Abiff, así como en la resurrección de Horus, «Estrella de la mañana». También veremos claramente la teoría de la reencarnación en la siguiente descripción de Leadbeater en su supuesta experiencia en Egipto durante una vida anterior: «Cuando moría Osiris, (Dios del Sol), intentaban en vano resucitarlo Isis y Nephis, pero Anubis lograba el mismo intento, Osiris volvía al mundo de los secretos de Amenta, lo cual parece sugerir que los secretos masónicos están estrechamente relacionados con el mundo Inferior y la vida ultra terrena. Tales son algunas pruebas de las más concluyentes que he podido reunir y aún hay otras que no pueden publicarse. Me parece que todavía se encontrarían más pruebas; pero aún las aducidas, cuando se consideran en conjunto, desvanecen toda posibilidad de coincidencia. No cabe duda de que la fraternidad a que hoy tenemos el honor de pertenecer es la misma que yo conocí hace seis mil años y aún se le puede asignar más remota antigüedad».

Creo que ya está fuera de toda duda que el origen de las logias no es el mencionado Templo de Salomón, edificado para Jehová, el Dios Judío-Cristiano, ni los símbolos que se utilizan fueron inspirados por él, sino que es el templo levantado a Osiris, de quien Jehová manda derribar sus altares junto con los símbolos de Asera. Aunque algunos símbolos efectivamente hayan sido copiados del templo salomónico, su significado está basado en los ritos del antiguo Egipto y en las potencias que lo rigen.

Hoy en día los símbolos de estos templos egipcios, de estos diseños iniciáticos están plantados en miles de ciudades, edificios y monumentos. La masonería ha ido invadiendo nuestra sociedad para que sus principios ocultos, sus dioses y demonios se muevan en medio de todos nosotros. Inapercibidos para los que desconocen los principios de la Orden, sus planes y diseños, y sin embargo activos hasta que los que tienen el verdadero poder del Altísimo Dios los invaliden, los denuncien y los erradiquen.

Extracto del libro “GADU: Gran Arquitecto Del Universo”

Por Ana Méndez Ferrel

FUENTE: https://devocionaldiario.org/sectas-2/masoneria-el-templo-de-salomon-y-la-logia-masonica-9/

Categorías:MASONERIA

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