MASONERIA

El Juramento Masónico

Jurar es poner a Dios por testigo de algo que se siente; en la Masonería es la profesión de fe al ingresar en la Orden. El juramento es el lazo final que une al candidato con nuestra Augusta Institución; es la llave que penetra la cerradura y cierra para siempre; es la determinación espiritual que no puede ser rescindida; es la prueba del valor moral del individuo y el sello de su honor.

Para que el juramento sea valido en verdad, el que lo realiza ha de darse perfecta cuenta de que la Humanidad es la más alta manifestación de la Deidad Invisible, y cada hombre, una representación divina; cuando el sentido de responsabilidad personal sea tan alto, que el perjurio es considerado como la mayor ofensa a sí mismo y a la Humanidad.

El juramento existe en potencia antes de prestarse; es la síntesis del honor individual y se exige, porque se juzga al aspirante lo suficientemente digno para prestarlo, y en vez de ser algo del candidato para la Institución, es, en realidad, el peso honorable, antiguo y valeroso de la Fraternidad Masónica gravitando sobre el candidato. Es, pues, el juramento una prueba de confianza y el candidato ha de medir las cualidades que necesita para cumplirlo y la responsabilidad que el juramento entraña.

Para los masones, el juramento refleja dos aspectos del candidato: el honor y el deber. El masón nunca ha de perder de vista esos dos faros, porque indicaría para él seguro naufragio; el masón que pierda de vista el honor y el deber viola su juramento y está perdido, se hunde en el mar del deshonor y muere sin ser sentido, ni llorado. Violar el juramento es la degradación más baja a que puede llegar un hermano; al tiempo de jurar se ha comprometido el honor, que es una cualidad del espíritu; violar el juramento es un atentado en contra de sí mismo, equivale a renegar uno de su propia alma.

Los antiguos conocían el perjuro y sus consecuencias. Cuenta Hiparco que en su tiempo la vergüenza y desgracia que acompañaba a la violación de un juramento era tan fuerte que el perjuro se sumía en tal ataque de locura y desesperación, que se cortaba el cuello con sus propias manos, y su memoria era tan aborrecida después, que el cuerpo abandonado en la isla de Samos, no tenía otra tumba que la arena del mar En la Masonería hay bastantes razones para exigir que se cumpla el juramento ya que encierra un modelo de perfección que acerca al hombre al Gran Arquitecto del Universo; es en sí un educador; es también a manera de un calibrador del carácter y del alma.

Si todos los masones tuvieran plena conciencia del valor y alcance del juramento prestado, si todo masón cumpliera en toda su extensión, tanto en letra como en espíritu, no tardaría nuestro mundo en convertirse en cielo.

La discreción forma parte del juramento masónico; es compañera del valor; una sin el otro es imposible; decía Junius que un pueblo que comienza con la discreción termina con ley, libertad y seguridad. En la vida moderna, la discreción es la cualidad más útil para levantarse; los que la poseen son superiores; el juramento enseña a adquirirla si aun no se tiene; los masones deben sobresalir por su discreción; eso indica confianza y superioridad. La indiscreción de los masones es una herida por la que la Orden se desangra.

Esta discreción, exigida a los masones, es la más rara virtud, porque preserva en toda su lozanía y pureza las grandes enseñanzas de la Orden, que solo deben ser dadas en secreto a los iniciados. Pero a pesar del secreto y el silencio en que trabajan los masones, como si fuera para reconcentrar la fuerza y la energía, en todos los tiempos, en todas las tierras, se palpan los frutos de la Orden; en todo sitio se refleja el efecto de la actividad de los masones, como si el pertenecer a tan Augusta Institución fuera estar en posesión del secreto, de la fuerza y la sabiduría.

El juramento que presta el masón debe serle sagrado; por medio de él se convierte en un eslabón que une y fortalece la universal cadena de amor y de fuerza; se transforma en un rayo de luz que alumbra y sana; por él forma parte de la institución noble y generosa, nodriza de naciones, cuna de libertades, madre de la ciencia, fuente del amor, símbolo de pureza, ley de Dios. Seamos dignos de tal Orden, cumplamos nuestro juramento.

FUENTE: http://scg33esp.org/wp-content/uploads/2016/12/Zenit-n8.pdf

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