MASONERIA

La virtud de ser masón

INMACULADA GÓMEZ MARDONES

Tampoco se ha probado otra imputación que les hizo el cardenal Herrera Oria. “Los masones”, según el fundador del periódico católico El Debate, “matan a los niños menores de siete años y beben su sangre en un cráneo”.

Los masones dejaron de ser perseguidos en España en 1979, pero su imagen lúgubre, fabricada a lo largo de la dictadura por quienes detestan la libertad y la tolerancia, se mantiene en términos semejantes a los descritos por Herrera Oria. Nadie se cree ya que se comen a los niños, pero sí existe un gran recelo, teñido de conspiraciones y nepotismo, sobre los masones, abonado en los últimos años por el escándalo de la logia P-2.

Con este escenario como acogida, los masones de obediencia liberal de unos 30 países se reunirán Madrid entre los días 7 y 10 de la próxima semana para discutir sobre una cuestión dolorosa y harto frecuente en los últimos años: la explotación que algunos Estados y organizaciones terroristas hacen de niños y jóvenes con fines bélicos. Al término de este congreso, el CLIPSAS, una especie de federación internacional que establece lazos entre los masones liberales de distintas obediencias , cursará sus conclusiones a Gobiernos y entidades para su consideración.

De la misma manera que la convocatoria del año pasado se celebró en Florencia y decidió el temario para la reunión de Madrid, en esta ocasión debatirán el tema de reflexión del congreso de¡ año que viene.

Masones no hay más que unos, dirían Fernando VII o Franco. En efecto, como lo fueron sus fundadores, aquellos obreros de la construcción del medievo francés que se reunían para transmitirse de unos a otros los secretos de su oficio. Desde entonces hasta que se fundara en 1723 la primera logia masónica en España y el siglo XIX europeo sembrara sobre el pensamiento el espíritu liberal, han transcurrido siglos suficientes como para que cualquier institución, aunque sea la masonería, sienta la influencia de corrientes plurales.

Los masones ortodoxos, regulares o de obediencia anglosajona asumen un código moral estricto: creen en Dios, el Gran Arquitecto del Universo; deben juramentar ante un libro sagrado, cualquiera que sea (Biblia, libro de Buda, Corán, Nuevo Testamento…); creen en la inmortalidad del alma; prohíben establecer relaciones con obediencias masónicas que hayan eliminado alguno de estos principios, y excluyen a las mujeres de su organización.

Ninguno de estos puntos es compartido por la llamada masonería heterodoxa o liberal, ya que admite en su seno a personas agnósticas y a las mujeres.

Lluís Salat, gran maestre de la Gran Logia de España, de la corriente regular ortodoxa, considera a los liberales como si fueran “el palmar de Troya de la Iglesia católica. Son un pequeño grupo frente al que yo represento, que acoge al 95% de la masonería española, la única que está reconocida internacionalmente”.

Según cálculos estimados por Ferrer Benimelli, los 5.000 masones que existían durante la II República se han visto reducidos hoy a una quinta parte, agrupados mayoritariamente en torno a la Gran Logia de España.

El resto de las obediencias legalizadas, como el Gran Oriente Español, la Gran Logia Simbólica Española -organizadora del congreso-, la mixta de El Derecho Humano y la Masonería Femenina, pertenecen todas a la corriente irregular o heterodoxa.

La escuadra y el compás

“Nosotros somos unos 300 en toda España, radicados principalmente en Cataluña, Levante, Canarias y grandes ciudades, como Madrid”. Roger Laveder, un español de origen francés, gran maestro y presidente de una logia madrileña, resta importancia a las diferencias que separan a los liberales de los regulares. Para él, ambas tendencias comparten el espíritu de la masonería, que se basa en el ejercicio ritual y esa especie de mandamientos -“amar al prójimo, no hacer el mal para esperar el bien, evitar las querellas, practicar la virtud, son dear en los corazones”…- de obligado cumplimiento.

La escuadra, el compás, el mallete, el mandil o el triángulo y todos los instrumentos heredados de los oficios gremiales constituyen partes tan fundamentales de la esencia masónica como la simbología que se les atribuye en su rito. Si a la masonería se le privara de ese encantamiento por lo esotérico o autorizara el acceso de los profanos a sus reuniones, perdería su aura de misterio.

“Se ha jugado mucho con el secreto de la masonería. No tiene nada de secreto. Tiene sus propios estatutos, eso es todo. Cualquier persona libre y de buenas costumbres puede solicitar su ingreso. Es muy sencillo”, dice Laveder; “se celebra una entrevista por separado con tres masones de la logia. Elaboran un informe, lo someten a votación y, si la mayoría lo acepta, se le admite en la logia”. ¿Y en esas reuniones semanales qué hacen, se comen a los niños? “¡Ja, ja! Hablamos de todo, menos de política y religión”.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 02 de marzo de 1985.

FUENTE: https://elpais.com/diario/1985/03/03/sociedad/478652405_850215.html

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