MASONERIA

¡MEDIANOCHE EN PUNTO, VENERABLE MAESTRO!

Con esta frase el ritual indica que se van a cerrar los trabajos en la Logia Masónica.

Ellos comenzaron al mediodía con una profunda aspiración que llenó al ser de fuerza y vigor. Que mediante gestos y palabras de profunda simbología preparó al espíritu para elevarse a niveles plenos de luz y a la mente para enfrentar los desafíos intelectuales propios del esfuerzo de perfección que se exige al masón.

Vigilia y sueño, atención y descanso. En nuestro organismo iniciático se repiten los ciclos opuestos que se manifestaron cuando nuestro planeta Tierra rodeaba su núcleo sólido con una total cobertura de agua. Ya allí, cuando la vida aún no había comenzado, se manifestaba el vaivén de las mareas. También entonces el día oponía su luz a las tinieblas nocturnas. Aún en ese génesis caótico, los solsticios marcaban, -todavía infructuosamente,- el comienzo y el final de las grandes estaciones.

El Todo es pues un eterno alternar de ritmos y medidas para alcanzar la armonía en un Universo que también se refleja en el techo de nuestro Templo.

Esta concepción básica de los opuestos es la que se simboliza en el lapso que marca el ritual entre el comienzo y el cierre de los trabajos masónicos: desde el mediodía hasta la medianoche. Su origen se puede encontrar en la leyenda atribuida a Zoroastro, cuyos alumnos habrían recibido sus lecciones durante esas doce horas. ¿Realidad? ¿Leyenda? Quien puede saberlo. Pero fijémonos que a través de una leyenda como esta, nos vemos llevados a estudiar el mazdaísmo. Lo importante no es la meta, sino el camino: lo importante no es la conclusión, sino el estudio.

¿Quién fue Zoroastro? Quizá ustedes lo hayan conocido bajo el nombre de Zaratustra. El filósofo alemán Federico Nietzsche (1844-1900) expuso su teoría del “superhombre”, -luego adoptada por los nazis,- en una obra que tituló “Así hablaba Zaratustra”.

Pues bien: Zoroastro nació en el año 628 A.C. en el Irán histórico, que incluía también parte de Pakistán, Afganistán y Turkestán, habiendo llegado a las orillas de los mares Caspio, Negro y Aral. Puede haber muerto en el año 551 A.C.

Estas fechas son importantes para especular sobre el origen de su religión y su posible influencia sobre el judaísmo e indirectamente sobre el cristianismo: hay autores que sostienen que la doctrina de Zoroastro tiene su origen tres mil años antes, en la religión de los antiguos brahmanes de la India, y que los judíos, durante su cautiverio en Babel, adoptaron muchos de los pensamientos de Zoroastro, por lo que la religión del pueblo judío, al retornar de su exilio, sufrió importantes cambios. Repasemos las fechas: el rey caldeo Nabucodonosor (que reinó desde el 605 hasta el 562 A.C.) destruyó el primer Templo y llevó a los judíos al cautiverio en el año 587 A.C. Ya se mencionó que Zoroastro pudo haber muerto recién en el 551 A.C. Los judíos fueron liberados de su cautiverio en Babilonia en el 538 A.C. Toda una generación de judíos pudo haber estado pues en contacto indirecto con las ideas de Zoroastro.

Pero por otra parte, en esas fechas la religión judía ya había pasado por importantes etapas de asentamiento e institucionalización: Moisés habría recibido sus Tablas de la Ley en el 1320 A.C. El rey Salomón construyó el Templo en el 975 A.C. Durante su cautiverio en Babilonia, los judíos afirmaron su religión: se atuvieron en forma más estricta a las normas mosaicas, redefinieron elementos distintivos como la circuncisión, el respeto del Shabat y el culto en las Sinagogas. Completaron la compilación de la Biblia. Se vieron sometidos a la influencia de los Arameos, pueblo originario del norte de Siria, que desde los años 1000 A.C. se había integrado a la población babilónica (el idioma hebreo contiene gran cantidad de palabras de ese origen y esa época). Se replantearon la importancia de hechos históricos y buscaron en ellos un sentido aleccionador. Así pues, en una época en la que el nomadismo era un importante factor cultural relacionante, quizá exista la posibilidad de que la “monoteistación” a que sometió Zoroastro a su elenco de dioses, fue, -contrariamente a la hipótesis mencionada anteriormente,- consecuencia de la influencia de los cautivos judíos, presentes durante casi cincuenta años en la zona.

Otra especulación: Ciro (590 ó 580-529 A.C.) liberó a los judíos de su cautiverio (538 A.C.) y Darío (550-486 A.C.) apoyó su reasentamiento en Judea y la reconstrucción de su Templo, (en el 539 A.C. Ciro conquistó Babilonia). Ambos fueron reconocidos por la tolerancia religiosa que pusieron de manifiesto durante sus reinados. La religión en Irán, antes de Zoroastro era regida por los “Magus” (singular “Magi”), clan de “medos” (de Media, unida a Persia por Ciro, capital, la actual Hamadán), de ritos primitivos: extrañas ceremonias mortuorias, peleas entre animales salvajes, orgías provocadas por el “hoama”, una bebida intoxicante, adoración del fuego, interpretación de sueños (estos dos últimos mantenidos por Zoroastro). No hay documentación respecto al hecho de que Ciro y Darío hayan sido mazdeanos (zoroastrianos). Sin embargo, Zoroastro no inventó su religión, sino que convirtió elementos de las religiones existentes y les agregó principios filosóficos y morales que establecieron su grandeza. Por lo tanto, podemos decir que ambos reyes estuvieron sometidos a influencias pre-mazdaístas y para-zoroastrianas, dentro de cuyo complejo zonal podemos considerar la religión de los judíos de Babilonia (587-538 A.C.) ¿No habrá sido esa la razón de su magnanimidad, por considerar en alguna forma a los judíos como correligionarios?

Zoroastro fue el autor del Avesta (“Conocimiento”), el libro sagrado de la religión Zoroástrica, también llamada “Persianismo”. La tradición observa que originariamente constaba de veinte partes. Las tres cuartas partes de ellas fueron presuntamente destruidas por Alejandro Magno. A los escritos sobrevivientes se les denomina “Zend Avesta”.

Su religión está basada en principios monoteístas. Recordemos, a propósito, que mientras el monoteísmo cree en un Dios único, el politeísmo, -(su nombre lo indica poly = muchos, theo = dios),- es pluralista. Ambos se distinguen del ateísmo (a = no, theo = dios) “que niega la existencia de Dios”. El agnosticismo por su parte es “la doctrina que declara inaccesible al entendimiento humano toda noción de lo absoluto” y el teísmo es la doctrina filosófica que concibe la existencia de un Dios personal, sobrenatural, dotado de razón, principio y fin de todo lo que existe. Interviene en la vida cotidiana y todos los fenómenos naturales son consecuencia de la “voluntad divina”. El deísmo es una especie de religión natural. No niega la existencia de Dios, cuyo conocimiento se alcanza por medio de la razón. Rechaza la Providencia y la Revelación. Dios fue la causa primera para la creación del mundo (Principio Creador), pero este se rige por leyes naturales. Esta posición fue sostenida por la Gran Logia de Inglaterra hasta 1815, cuando los Antiguos y Modernos se unificaron y introdujeron modificaciones teístas en las Constituciones de Anderson. En sentido contrario, en un proceso que comienza en 1865 y culmina en 1877, el Gran Oriente de Francia elimina de sus rituales la frase “ella tiene por principios la existencia de Dios, la inmortalidad del alma”, creándose así la “Summa Divisio” que existe hasta hoy.

El Dios de Zoroastro era Ahura Mazdah, que en realidad constituyó el resultado de una “selección” y no de una “creación” de Zoroastro: este dios ya existía como uno entre muchos que integraban la mitología aria. Pero Zoroastro lo transformó en el Todo. Es la esencia de la naturaleza pero también el creador de la moral y el juez supremo. Es original y único. Al comenzar los Tiempos, dos espíritus, -hijos gemelos de Ahura Mazdah,- se enfrentaron en una rivalidad que sería eterna. Uno eligió el camino del bien. Otro el del mal. Esta elección fue un ejercicio de libre albedrío. A partir de allí, los hombres también pudieron elegir su camino entre la luz y la oscuridad, entre la verdad y la mentira, entre el cielo y el infierno, según sus actos.

Aún hoy podemos encontrar en amplias zonas de la India y en otras más aisladas de Irán acólitos del Zoroastrianismo. Zoroastro es considerado por muchos como la más destacada personalidad de la historia de las religiones. Su importancia no radica solamente en sus relaciones con el judaísmo y su influencia sobre el pensamiento griego y romano. Se argumenta también que sus planteamientos esotéricos y sus prácticas de magia son la fuente de las ciencias ocultas desarrolladas posteriormente en el Medio Oriente y en el mundo helenístico (300 A.C.). No es casual, pues, su denominación como “Mago“.

A nuestro entender, de igual trascendencia son sus planteamientos escatológicos (“Escatología: doctrina referente a la vida de ultratumba“.) y morales. En los primeros Zoroastro expresa su constante preocupación por el destino del hombre después de su vida terrenal: Dios, Ahura Mazdah, tomará en cuenta sus buenas acciones en este mundo para determinar si su lugar estará en el paraíso o en el infierno. Pero aún más: llegará, -según él,- el día del juicio final, en el que el diablo, Ahriman, será destruido, con lo que el mundo todo se convertirá en un campo de bondad (de los “Gathas“, himnos arcaicos del zoroastrianismo).

En el plano ético, el Mago rechaza la violencia, específicamente la de las bandas nómades que atacaban a ganaderos y agricultores, dentro de cuya sociedad él mismo nació (perteneció a una modesta familia de caballeros rurales de la zona de Teherán).

La leyenda cuenta que su madre virgen lo alumbró a los quince años. Aún adolescente, Zoroastro habría sido conocido por su bondad, caridad y piedad hacia hombres y animales. Durante siete años habría vivido en una cueva. A los treinta años (fíjense cómo nos acerca esta edad a la época del cautiverio de los judíos) tuvo siete visiones con las que se le reveló Dios. Durante diez años fue denigrado por príncipes y sacerdotes, hasta que convirtió al Rey Vishtapa (posiblemente se denomina así al padre del rey Darío y a muchos de sus cortesanos.

Al estudiar el mazdaísmo debemos hacer una digresión para referirnos al dios Mithra, de notable influencia en diversas culturas tales como la egipcia, griega y romana: aunque monoteísta, la religión de Zoroastro acompañaba a Mazda con una corte de genios benéficos inferiores, capitaneados por Mithra, a quien se lo identificaba con el sol y que en la religión persa primitiva era el más importante de los dioses. Su origen, sin embargo es más antiguo: se puede encontrar en los ritos védicos de la India 1400 años antes de Cristo. Pero el Mithra zoroástrico fue el que se importó a Europa, primero a Grecia por Alejandro Magno y luego al Imperio (romano) por los soldados romanos, habiendo sido utilizado en los siglos III y IV, propiciándoselo como alternativa al naciente cristianismo.

En un capítulo posterior veremos que en el futuro existiría en Italia una familia de mecenas, los Médicis: el Papa Julio II y León X (Juan de Médicis, en el papado desde 1513 hasta 1521, siglo llamado en su honor de León X), Cosme de Médicis (1389-1464) y Lorenzo de Médicis “el magnífico”, (1448-1492) que hicieron famosa a Florencia. Precisamente, con el “renacimiento” de la cultura griega propiciado por los Humanistas de la “Academia Platónica” de los Médicis en Florencia, reviviría en occidente el aprecio que en los griegos despertaba Zoroastro como filósofo, matemático, astrólogo y mago. Así se explica su ubicación dentro de las variadas corrientes esotéricas que influyeron sobre el pensamiento renacentista, al igual que el rosacrucianismo, la cábala, la alquimia, etc.

Las leyendas desarrolladas en esta época, incluían la de que Zoroastro dictaba sus lecciones desde el mediodía hasta la medianoche. Horas simbólicas que comienzan cuando el sol ilumina las mentes para que florezca la verdad, el conocimiento, y que llegan a su fin cuando las tinieblas invitan al descanso reparador. Así también cierran los Hermanos en la Logia su atención consciente, dejando que “en silencio”, “en secreto”, a solas consigo mismo, las capas más profundas de su psiquis hagan una reconsideración fecunda, “de todo lo que allí ha pasado”.

FUENTE: Una Historia Masónica
José Schlosser. http://www.mastermason.com/fmisrael/pf1.html

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