MASONERIA

El Tercer Grado: Maestro

El Maestro masón es, simbólicamente un hombre que murió al mundo de las apariencias, para renacer siendo portador de valores universales, con la firme voluntad de ponerlos al servicio de la construcción del Templo de la Humanidad, asociándose así a la Obra del Gran Arquitecto. También se le considera la “corona de la logia azul”.

En este gradoa los símbolos propios del compañero masón se añade el Compás, es el instrumento que permite transportar medidas de uno a otro plano trazando círculos.

Los viajes

Para abordar este punto seguiremos el Manual del Maestro de Aldo Lavagnini.[1]

La Retrogradación

Recordemos que en el grado de compañero se realizan cinco viajes, bueno ahora en este grado se inicia una retrogradación –retroceder en sus pasos- de ese quinto viaje de compañero, para llegar nuevamente al umbral de su recepción como aprendiz, esta palabra que representa un nuevo paso al revés, del segundo al primer grado, se le pide, después de haberlo despojado del mandil, que se le dio al final de los  tres primeros viajes de su iniciación.

Efectivamente, en su quinto viaje, contemplando la Estrella Flamígera que brilla al Occidente -a semejanza del rosetón que se halla sobre las catedrales, que iluminan los  rayos del sol cuando declina,- el compañero hace al revés el recorrido del cuarto viaje, en el que la escuadra del juicio se había juntado a la rectitud de sus aspiraciones. Ahora ha de realizar, igualmente al revés, los tres primeros viajes simbólicos de las pruebas del Fuego, del Agua y del Aire, después de los cuales se le permitió ver la luz  de la Verdad, que únicamente brilla sobre el Camino de la Virtud. Procediendo nuevamente, del reconocimiento de la Primera a la práctica de la Segunda -movimiento de los pies izquierdo y derecho, – fija todavía su mirada sobre la Estrella que refleja a la misma Verdad en su inteligencia y su corazón guiado por la punta de la espada (emblema de la Voz silenciosa de la conciencia) franquea la Puerta del Templo con movimiento retrógrado, es decir, al revés de como lo hizo de aprendiz.

Las palabras graves que salen de la obscuridad en que todavía se encuentra, para preguntarle si realmente es inocente del crimen que acaba de cometerse, reproducen en nueva forma el simbolismo del cáliz de amargura que, así como antes tenía que preceder a los viajes o estados de progreso, ahora sigue a la retrogradación que los representa.Esta amargura no podría ser mejor representada que por la atmósfera de “duelo y consternación” que reina en la Tercera Cámara, que, sin embargo, es sobre todo una  emblemática reproducción del Cuarto de Reflexión.

El poder del amor

El Poder del Amor es, pues, la Clave de todos los poderes del Magisterio: el Amor que se expresa y ha de expresarse en creciente capacidad de dar. Únicamente  “esforzándose en dar” lo que tiene, sabe y es, ascenderá las dos gradas que lo separan del estado de Compañero al de Maestro. Con objeto de “dar” se lo invita a hacer otros dos viajes que se juntan a los cinco del Compañero para completar el místico número siete, los que se acaban cerca del Segundo y del Primer Vigilante, a los cuales brinda, respectivamente, las Palabras de Aprendiz y Compañero.

En estos dos viajes también se sintetizan y se revisan las pruebas, esfuerzos y progresos realizados durante su paso a través de los dos primeros grados.Comienza así para él una nueva etapa evolutiva después del regreso que lo habrá conducido otra vez, en el Cuarto de Reflexión, frente a las apariencias emblemáticas de la muerte, los Principios de la Vida y su propio testamento iniciático.La palabra de aprendiz que le pide el Segundo Vigilante es la nueva fe que renace en su corazón, después de haberse enfrentado con el Gran Misterio, a la luz de su discernimiento individual.

La palabra de compañero que le exige el Primero es igualmente la manifestación de la esperanza, que es como la Estrella Matutina que ilumina su sendero, permitiéndole progresar.Se halla así en condición de cumplir un tercer viaje misterioso, que lo hará “pasar sobre la muerte” y lo conducirá a vivir realmente, en vez de ser simple testigo, como protagonista, el drama simbólico, que constituyeel sujeto central del Tercer Grado.Pero, antes se le pregunta si está dispuesto para atravesar “el negro tártaro” de los misterios del más allá para poder gozar de “la Paz del Olimpo” que nada tendrá el poder de turbar, demostrando así a los presentes, con la tranquila y serena seguridad de su marcha, que se halla inmune de toda complicidad en el crimen que se le imputó, al ingresar en la Tercera Cámara, por haber “vuelto”, en virtud de su discernimiento espiritual, al estado edénico primitivo de inocencia , librándose del Pecado Original de la Ilusión.

La “marcha misteriosa” de los maestros

El tercer viaje, de Occidente a Oriente, ha de cumplirse, pues, por un nuevo y más recto camino desconocido en los primeros dos grados, o sea por medio de la marcha misteriosa de los Maestros, que le hace ingresar en la cualidad de éstos pasando por encima del túmulo con el cual se había enfrentado y quedando al Oriente, frente del Ara, después de dos etapas que lo condujeron hacia el Sur y hacia el Norte.Este paso por un camino estrictamente interdicto a los Aprendices y Compañeros, por representar el Sancta Sanctorum, o bien el verdadero Templo, imagen del Templo  Salomónico, frente al que se encuentran las dos Columnas (dentro del Templo Alegórico del Universo y del Hombre, indicado por la Logia en los dos grados), es en sí emblemático.

Se materializa, pues, con ese ingreso, el paso por la cámara del medio, que se encuentra igualmente en el Universo y en el hombre y simboliza el sagrario íntimo de la conciencia, en el cual se realiza la unidad del uno con el otro.Así como sucede con los dos estados positivo y negativo de la conciencia, el placer y el dolor, la expansión y la contracción, producidos por los dos Principios del Bien y del Mal (una de las acepciones de las dos columnas), este lugar central se encuentra pavimentado de cuadrados blancos y negros, dispuestos alternativamente, como en un  tablero de ajedrez, representando la unidad y continuidad de los opuestos.

Como sobre el tablero del ajedrez, aquí se juegan todas las grandes partidas de la vida, y las victorias sonríen más fácilmente a quien sepa conservarse más desapasionado y sereno.Para llegar al Magisterio hay que saber pasar y permanecer, con pie igualmente firme, sin vacilar o dejarse impresionar, por estos dos estados opuestos de la conciencia, hasta convertirse en dueño soberano y absoluto de los mismos. Hay que sobreponerse por completo a estas dos condiciones contrarias de nuestro ser interior, resistiendo y superando los impulsos que nos hacen víctimas pasivas del uno o del otro.

FUENTE: http://danielpeluas.blogspot.com/2014/01/el-tercer-grado-maestro.html

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