MASONERIA

La desaparición de los rituales. La obra de Byung Chul Han desde la mirada del Primer Grado

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from ‘Revista Masónica 7 y 8 / Verano 2021’Liturgia del Primer Grado

“LA DESAPARICIÓN DE LOS RITUALES: LA OBRA DE BYUNG CHUL HAN DESDE LA MIRADA DEL PRIMER GRADO”

Columna de Aprendices R∴L∴ La Esperanza Coronada N°169, valle de Arica

El ritual masónico es un lenguaje no verbal con el que expresamos un concepto. Es un código de señales y signos que el iniciado es capaz de interpretar, y una vía para asegurar la comunicación intuitiva entre el mundo profano y lo sagrado. Como rasgo distintivo, permite que el iniciado trascienda para luego situarse en un estado de receptividad, y así captar verdades universales con las cuales romper el gran misterio. Según Guzmán-Villena (Trascendencia del ritual masónico, 2010), estos rituales son representaciones o psicodramas de mitos o leyendas, verdaderos caleidoscopios de símbolos o alegorías en acción, que ocultan a la inteligencia común verdades superiores que son percibidas por el adepto, sólo por medio de la repetición exacta del ritual, enseñanzas que trascienden en el tiempo y el espacio.

Byung-Chul Han plantea en su obra “La Desaparición de los Rituales” (2020) que los ritos son acciones simbólicas que comunican y representan aquellos valores y órdenes que mantienen cohesionada a una sociedad. Los símbolos crean asociación sin comunicación, no obstante, hoy prevalece la comunicación sin comunidad. Al ser una forma de reconocimiento, la percepción simbólica percibe lo duradero. De esta forma, el mundo es liberado de su contingencia y se le otorga permanencia. Lamentablemente, hoy en día el mundo sufre cada vez más fuerte la escasez de lo simbólico y una desaparición de los rituales. Pasamos de una información, de una vivencia, o de una sensación a la siguiente, sin finalizar o concretar jamás nada, “hoy la intensidad deja paso en todas partes a la extensión”. La comunicación digital es una comunicación extensiva. En lugar de relaciones, se limita a establecer conexiones. La percepción y los hábitos se vuelven seriales. Eliminada la duración, consumimos más.

Según lo anterior, y a partir de la mirada del primer grado, este trazado busca demostrar que la Masonería, considerando sus prácticas y enseñanzas, promueve lo contrario al planteamiento citado por

Byung-Chul Han. Efectivamente, el mundo profano, día a día contempla la reducción, inclusive, la desaparición de sus procederes ritualísticos, condición que antepone un futuro marcado por la inmediatez y la colonización digital. Cabe destacar, sin embargo, que no podemos restar crédito al mundo de la tecnología, pues ha sido de suma importancia para que, como miembros de la Orden, podamos reinventarnos y perseverar en el desarrollo y cultivo de nuestros principios y objetivos. En otras palabras, a través del mundo digital, hemos visto la posibilidad de continuar con la Gran Obra, aun cuando la emergencia sanitaria haya impuesto una serie de restricciones ampliamente conocidas por todos. Debido a esto podemos decir que para los masones, respetar y vivir el ritual es un asunto prioritario, pues a través de éste venceremos el inmediatismo, y es en él donde nuestras fuerzas internas conviven y generan cohesión.

En el libro “1984”, del escritor y periodista británico George Orwell, se plasma la idea de que “la sociedad era consciente de que estaba siendo dominada”. Hoy, nos advierte Byung-Chul Han, ni siquiera tenemos esa consciencia de dominación. En efecto, las formas en que coexistimos nos invitan a mostrar nuestras peculiaridades como una manera de parecer auténticos, aunque el sistema sólo permita que estas diferencias sean a simple vista comercializables. En otras palabras, el flujo de la sociedad actual reemplazó la teoría marxista, en donde subsistía la idea del individuo explotador y otro explotado, por otra en que las personas se han convertido en meras explotadoras de sí mismas. Anhelamos el concepto de producción, reducido a cuestiones como el trabajo, el éxito profesional o el desarrollo de hábitos de vida saludables, todo en un mismo presente y adosando a nuestra rutina diaria un excesivo nivel de autoexigencia. Para Han, esto se resume en una frase: “Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”. Nos obligamos al logro de metas en función de la realización personal, pero sucumbimos a la angustia de no poder cumplir con todo lo que nos proponemos.

Rodríguez Díaz (Consumismo y Sociedad: una visión crítica del Homo consumens – 2012) describe el consumo como “algo más que un momento en la cadena de la actividad económica, sino una manera de relacionarse con los demás y de construir la propia identidad”. En este contexto, la clave podría encontrarse en la valoración de esa tendencia como un indicador de desarrollo económico, individual y territorial, asunto que, ha ido en desmedro de acciones concretas que fortalezcan o prioricen la reflexión, la demora o la búsqueda del pensamiento reflexivo. Por cierto, esto ha provocado una importante crisis cultural, y la búsqueda ciega de espacios de libertad, los que, paradójicamente, reemplazamos por gimnasios, centros comerciales o sitios de moda, para luego caer en otra profunda arista del quiebre del pensamiento actual: la prisión que establecieron las redes sociales.

En estos sitiales hemos transado el pensamiento y la vida contemplativa, por la inmediatez y la expansión de un presente efímero, en el que impera la materialización del sentirse observado, y en donde no vivimos ni somos capaces de transmitir experiencias, sino que, montamos escenarios para que otros se aproximen a la idea de vivirlas. Desde temprano hay quienes comparten su rutina de ejercicios, otros se inclinan por mostrar, el paseo matutino hacia la costa, o mejor aún: protagonizar una escena en donde se entregan donaciones a personas necesitadas. Desde esa tribuna, entonces, ejercemos nuestra pequeña contribución al levantamiento de estereotipos. Construimos a una realidad impostada, hecha de pequeñas fórmulas. Cabe preguntarse, entonces, si esas cátedras del narcisismo y la apariencia, son en realidad vidas o montajes teatrales, o en el peor de los casos, reflejos de la soledad vacía y carente de ocio en la que vivimos. En palabras de Han, “No estamos ante una aceleración del tiempo, sino ante la «atomización y dispersión temporal» llamada «disincronía». Cada instante es igual al otro y no existe ni un ritmo ni un rumbo que dé sentido a la vida. El tiempo se escapa porque nada concluye, y todo, incluido uno mismo, se experimenta como efímero y fugaz”. Desde esta perspectiva, hoy nos

vemos enfrentados a un modelo ideológico de mercado que nos conduce al exitismo sostenido, propio de la construcción social de la que somos parte. Cuestiones como estas trascienden en un escenario en donde el YO se nutre de un EGO implacable, mirada que da cuenta, asimismo, de que entre más consumimos, más nos desgastamos como seres humanos, y para ello este sistema modificó el enfoque que se le da a la percepción valórica de las cosas, donde hoy en día se nos invita a cambiar el mundo consumiendo (Han, La sociedad del cansancio, 2017).

Los invitamos a cerrar sus ojos por unos momentos y a utilizar la memoria emotiva con el fin de volver a esas reuniones de fines de semana, en las que compartían padres, hijos, abuelos, tíos y primos, y, unidos por lazos familiares o afectivos, hacían posible la práctica del rito de lo tradicional, de lo familiar y “nuestro”, en donde la sobremesa era la oportunidad para compartir y hacerse parte de una comunidad. Han apunta a que estos “ritos” están desapareciendo, pues el colectivo se ha transformado en algo poco atractivo y por consiguiente, se busca espacio para disfrutar de lo desechable.

En tal sentido, desde nuestra iniciación y durante las primeras tenidas, podríamos preguntarnos cuál es la necesidad de desarrollar nuestros trabajos siguiendo un ritual, y si esta compleja ceremonia no va en desmedro del tiempo para llevar a cabo otras tareas. Sea como fuese, con el paso del tiempo, esta primera percepción cambia. Comenzamos a considerar que el ritual persigue varios objetivos esotéricos y, en consecuencia, la observación rigurosa de los signos, se vuelve una condición imprescindible en nuestra vida iniciática. La práctica del ritual masónico se lleva a cabo conforme a una lógica universal. Una lógica de intermediación, de aproximación y diálogo entre diferencias, que recompone la unidad, la armonía y el orden social o cósmico. Así pues, todo rito se conjuga en una relación con el espíritu, con una imagen del hombre y del mundo, y con un sistema de valores transversales, sea cual sea la categorización particular de dicha relación. El ritual aporta el guion para acceder a ese ideal intuido y emplazado en lo social o conjunto. Consigue que los participantes lleguen a identificarse vivencialmente con él, gracias a una lógica profunda que hace emerger la significación añadida. Así es como la acción ritual hace presente lo oculto, visible lo invisible y materializa lo espiritual.

Al respecto, el rito se transforma en un medio para comunicarse con lo divino, con aquello que se encuentra más allá del entendimiento del hombre y, por ende, le proporciona un sentimiento de seguridad y poder sobre su destino. Con el paso del tiempo, los rituales se vuelven complejos, llenándose de gestos y símbolos, y el significado de esos símbolos, se traduce en un conocimiento hermético, sólo accesible para un grupo de individuos iniciados, conocimiento que, se transmite directamente desde los Maestros hacia los Aprendices, haciendo necesario un proceso de apren-

dizaje para comprenderlos plenamente. Asimismo, es tradicional, pues se basa en un conjunto de valores culturales heredados de generación en generación, los cuales hoy, en contexto de pandemia y con el fin de mantener su tradición, tendremos que adaptar a las nuevas circunstancias o realidades, ya que, sin variación, la adaptación es imposible (Davies, P. C. W. El quinto milagro: la búsqueda del origen y significado de la vida, 2000). Irónicamente, al permanecer todos los masones esparcidos por la faz de la tierra dependemos de nuestra propia capacidad de cambio, por consiguiente, una vez más, nuestra herramienta principal es la libertad de pensamiento. La Masonería ha sorteado diversos impactos mundiales, y para cada uno de ellos, se han articulado nuevas formas de convivencia que contemplen sus valores esenciales e incorporen aquellos que las nuevas circunstancias demanden; en todo caso, que recreen una espiritualidad más simple, profunda y universal, tal como lo refleja el G…A…D…U.. .

Por consiguiente, nos debemos sentir orgullosos de la oportunidad que surge para construir una institución fuerte y sólida, la que se adapta a los tiempos y avanza íntegra en esta nueva sociedad, puesto que, muy lejos de lo planteado por Han, la masonería se impone como un espacio único que no es desechable y que, cada uno de los queridos hermanos que la conforman, utiliza en la búsqueda incansable de la trascendencia.

El vacío ritual de nuestra sociedad continua fuertemente avanzando y he aquí que, en medio de esta ruptura con lo ritualístico, se levanta y destaca la presencia del “ritual masónico”. Nuestro ritual representa un ámbito espaciotemporal en el que podemos reconocer y ser reconocidos, y en el que es posible hallar sentido a las cosas, a la vida y a las relaciones con nuestros hermanos. Muy significativamente respondemos “Mis hermanos me reconocen como tal” cuando somos consultados por nuestra condición masónica. Nuestro nivel de consciencia abarca la de otros y no aspira sólo a la propia valoración.

La Masonería, la Logia y los Rituales son una extensión de nosotros mismos. No estamos ni estaremos aislados de ellos, ya que forman parte de lo que somos. Nunca olvidamos el hecho de que, cada miembro de la Orden, pasiva o activamente, es participe de esta realidad co-construida. Ser indiferentes a esto supone obviar que tenemos la responsabilidad de construir nuestro “mundo” en función de un entorno de relaciones equilibradas y dispuestas en el micro y macrocosmos. Por ende, Aprendices, Compañeros y Maestros, reflejan que tanto nosotros como también nuestros problemas, forman parte de los problemas de este “mundo”, y por medio de esta forma de pensar, guardamos la necesidad imperante de desbastar nuestra piedra bruta, en favor de la interminable construcción de un espacio mejor, ya sea interior y exteriormente.

Finalmente, el análisis global de la sociedad presentado por Byung-Chul Han, es una señal de alerta con respecto a la configuración de la sociedad posmoderna, pero a la vez refuerza la idea principal del ritual masónico, dado que apunta directamente a un sistema de producción de sentido altamente sofisticado, razón que distingue a nuestro ritual como una articulación integrada de significados que producen sentido, que integra lenguajes verbales, no verbales y visuales, y no como una simple colección de símbolos. La Masonería y sus rituales persisten, por que logran quebrar el tiempo en un espacio único donde el YO individual y profano se abre a un espacio colectivo, a un NOSOTROS devenido del constante aprendizaje del otro, y en donde el educando se transforma en educado. En consecuencia, el EGO y sus alcances quedan limitados, porque a pesar de nuestras diferencias somos capaces de vernos como iguales. Sobre la base de esto, es posible afirmar que el ritual masónico es una de las creaciones humanas más sobresalientes en el campo de la producción de dar “sentido” a la existencia, debido a que siempre busca encontrar y recrear significado. De ahí entonces la justificación, legitimidad y necesidad, del trabajo masónico en el tiempo.

PUBLICADO ANTES EN: Revista Masónica 7 y 8 / Verano 2021by Gran Logia de Chile

FUENTE: https://issuu.com/granlogiadechile/docs/revista_mas_nica_7-8__verano_2020/s/11614586

Categorías:MASONERIA

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