EDUCACION E HISTORIA

¿Que pretende la Teoría Crítica de la Raza?

Justicia Social

GERARDO E. MARTÍNEZ-SOLANAS 

Muchos somos conscientes de los diversos movimientos que se proyectan en direcciones muy distintas con el supuesto propósito de satisfacer una aspiración universal: la justicia social. Además, hay muchas situaciones diferentes en las que esta aspiración fomenta la elaboración de teorías que son las gestoras de esos diversos movimientos. La Teoría Crítica de la Raza es una de éstas y se ocupa de la raza de una manera muy particular y controversial. Llamémosla «camino crítico de una aspiración de justicia social» enfocada en un sector de la población. Desde una óptica académica y técnica, este «camino crítico» puede identificarse como constructivismo crítico, que es una combinación de teorías críticas; en otras palabras, ni más ni menos que una combinación explosiva de neomarxismo, progresivismo y posmodernismo.

El constructivismo se refiere a la reconstrucción social o cultural; una idea

Constructivismo
Constructivismo

Constructivismo posmoderna que pretende analizar cómo las personas piensan sobre el conocimiento y cómo se organiza la sociedad en torno al conocimiento, y adentra su discurso en la forma en que usamos el lenguaje con esos propósitos. Por el contrario, la crítica pura es un medio particular por el cual se analiza la sociedad con el propósito de identificar sus errores para corregirlos o contrarrestarlos.

Esta sencilla crítica es la que es auténticamente constructiva y es muy diferente en su contexto y en sus metas al pensamiento crítico del constructivismo en el que se fundamenta la Teoría Crítica de la Raza. De hecho, esta Teoría es una perversión de la crítica pura. Utiliza la misma palabra –»crítica»– a propósito. Efectivamente, estos teóricos críticos hacen un mal uso de las palabras intencionalmente y frecuentemente tienen un doble significado. Por otra parte, la crítica de nuestra sociedad en teorías como esta, a través de una proclamada aspiración a la justicia social, se complica por las tendencias políticas e ideológicas que la distorsionan.

Podríamos enfocar dos de sus significados:

Por un lado, hay un significado seguro con el que la mayoría de la gente que vive en sociedad está de acerdo espontáneamente. Sencillamente, en que esperamos una sociedad más justa, más igualitaria, menos discriminatoria, menos estereotipada y menos prejuiciosa. Rechazamos que la gente se vea discriminada por su condición cuando nacieron: por su raza, su clase social, su nacionalidad, etc. No cabe duda que la mayoría de la gente cree en la necesidad de la justicia social en ese sentido muy natural.

No obstante, hay mucha literatura académica sobre la teoría de la justicia social que ahora se vuelca también en la justicia social crítica para derivar hacia la Teoría Crítica de la Raza, en la que podemos leer frases como esta: «Mientras que la idea de justicia se centra en los derechos individuales, la justicia social se centra en los derechos de grupo».

Esa es una declaración sumamente preocupante porque no existen los derechos de grupo. Los grupos NO tienen derechos. Los individuos dentro de los grupos tienen derechos porque los derechos son individuales e indivisibles. Los grupos, por su parte, tienen intereses creados y aspiraciones compartidas. Punto.

Si estos intereses y aspiraciones se manejan con un espíritu democrático, enriquecen el debate con un edificante propósito de llegar a acuerdos para el bien de todos. Por el contrario, si entran en campaña para hacer prevalecer sus argumentos a toda costa, están sembrando las semillas de una dictadura que ulteriormente puede convertirse en un régimen totalitario. Ninguna democracia está a salvo del asalto de teorías y movimientos intransigentes si la sociedad civil y el gobierno no presentan un frente común y firme que los desenmascare y rechace. El problema principal es que las democracias, por definición, son sistemas abiertos que respetan las libertades y derechos de todos, incluyendo a sus enemigos. Por tanto, al hablar de un frente firme, nos referimos a la obligación del Estado de exigir un estricto respeto a la ley y el orden dentro de los parámetros de las libertades y los derechos humanos internacionalmente reconocidos. El otro problema importante consiste en la corrupción de la voluntad política cuando las decisiones de gobierno responden a intereses electoralistas. Es decir, cuando se venden los políticos a los intereses creados de grupos y sectores para obtener más votos.

Si agregamos a estas consideraciones la óptica de la teoría crítica, estaríamos fomentando el falso concepto de los «derechos de grupo», es decir, a través de políticas de identidad, mediante el uso de la teoría crítica.

La teoría crítica es algo muy preciso que requiere que respondamos a esta pregunta: ¿Creemos en los métodos que propone? Es una pregunta muy importante que encierra otra interrogante: ¿Estoy dispuesto a debatir y transar sobre la profundidad y las consecuencias de sus planteamientos?

La teoría crítica fue descrita formalmente por primera vez en 1937. No es nueva. Los fundamentos de la teoría crítica se presentaron originalmente a finales de la década de 1910 y principios de la de 1920. Cobró un impacto relativo durante el encuentro en 1923, en Viena, entre un puñado de comunistas, incluidos Antonio Gramsci y Georg Lukács. Antonio Gramsci fue un albanés-italiano que escribió los «Cuadernos de la prisión», un libro de más de 3.000 páginas que contienen el análisis comunista más agudo que probablemente se haya escrito jamás. Si queremos aprender la forma en que podemos desintegrar una cultura para crear una nueva que dé paso al comunismo, acudamos a Antonio Gramsci, que desarrolló el método magistralmente en sus «Cuadernos de la prisión», publicado en 1926.

Gramsci y Lukács se dieron cuenta de que la única forma de hacer espacio para una revolución de estilo comunista en Occidente consiste en socavar la cultura occidental desde dentro. Antonio Gramsci se refirió a una hegemonía cultural. Expuso una verdad de perogrullo al afirmar que la cultura occidental se ha desarrollado de generación en generación por medio de la religión y la familia. ¡Por supuesto! Se aprende del ejemplo cotidiano del entorno familiar. Se transmite de una generación a la siguiente a través de la educación. Se difunde entre la población a través de los medios de comunicación y las leyes. Por consiguiente, estos cinco pilares de la cultura que Gramsci identificó –familia, religión, educación, medios de comunicación y leyes– se convirtieron en los objetivos que habría que socavar para crear espacio para una revolución comunista en Occidente. Señaló a los comunistas que la forma de hacerlo consiste en infiltrarse. Integrarse a esos pilares y no intentar luchar contra ellos desde afuera. Por el contrario, desarrollar una estrategia diseñada para entrar y comenzar a cambiar lentamente desde dentro las costumbres y valores culturales hasta lograr una gradual transformación de la forma en que la gente piensa acerca de esas instituciones en el proceso de crear lo que él calificó como un movimiento de contracultura desde dentro.

Cricial Race Theory: An Introduction

Esta estrategia se ha desarrollado por vías muy diversas hasta imponerse en los círculos académicos e intelectuales y en los medios de comunicación más influyentes, impulsada por muchos «libre pensadores» que han destacado en sus respectivas disciplinas y han logrado un aura de «autoridad». Es notable que esta Teoría Crítica de la Raza que parece haber surgido espontáneamente en nuestros días, ya estaba siendo estructurada desde que Richard Delgado y Jean Stefancic publicaron en 1980 su «Critical Race Theory: An Introduction». Desde las primeras páginas plantean sin ambages que: “A diferencia de los enfoques tradicionales de los derechos civiles que favorecen el incrementalismo y el progreso paso a paso, Critical Race Theory llama a cuestionar los fundamentos mismos del orden establecido». Para colmo, unas cuantas páginas más adelante tienen la osadía de cuestionar los derechos establecidos y proclamar la nueva religión de los «derechos de grupo» como única opción legítima. Sencillamente, el

Rechazo popular a la Teoría Crítica de la Raza
mático se convierte así en su punta de lanza.

Los centros de enseñanza, la prensa y hasta el ámbito jurídico ya están profundamente infestados por el virus de la contracultura. Y es a esta malvada penetración a lo que nos estamos enfrentando.

FUENTE: https://democraciaparticipativa.net/economia-society/columnistas-invitados/19419-que-pretende-la-teoria-critica-de-la-raza

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