ECONOMIA Y CORRUPCION

Las empresas descubren que el sueño “woke” es una pesadilla

Están descubriendo que el desorden, el resentimiento y la violencia se ocultan detrás de la utopía progresistaGERARDO GARIBAY CAMARENA12.17.215 MINUTE READ

Las grandes corporaciones comienzan a despertar del sueño “woke” y están topándose con la pesadilla de un país más desordenado, inseguro y polarizado. Sin embargo, la destrucción que ellas mismas ensalzaron no será fácil de revertir.

Vamos por partes. El año pasado, en el marco de las elecciones presidenciales se consolidó lo que Time calificó (y celebró) como una “conspiración detrás de escena” entre la América corporativa y los activistas de izquierda, para “oponerse al asalto de Trump en contra de la democracia”. Es decir, para inclinar la balanza en favor de Joe Biden.

Como parte de ese frenesí de manipulación, la alianza malsana de la progresía y el ecosistema mediático de la izquierda tomaron un par de casos locales de prácticas policiacas cuestionables y los convirtieron en una crisis de alcance nacional. Desde los medios tradicionales y las redes sociales; empresas, artistas e influencers convirtieron las manifestaciones resultantes en una supuesta cruzada antirracista.

Cuando el activismo derivó en disturbios y violencia generalizada, esa misma alianza de medios, empresas, activistas y políticos de izquierda optó por defender a los violentos y cayeron en extremos absurdos. Ejemplo de ello fue aquel titular de CNN sobre las “encendidas, pero mayoritariamente pacíficas” protestas en Kenosha, mientras sus propias cámaras mostraban vehículos en llamas.

El gran signo de esa ola de manifestaciones fue el repudio a los departamentos de policía, que fueron convertidos en símbolos del “racismo sistémico”, que debía combatirse quitándoles el financiamiento. El grito “defund the police” surgido de los márgenes de la izquierda extrema, se convirtió en una exigencia “respetable” e incluso financiada por las grandes empresas americanas, en su obsesión por verse “antirracistas” y estar a la moda.

Bueno, pues 1 año y medio más tarde, están despertando del sueño woke, a la pesadilla de la realidad.

Las corporaciones americanas despiertan a una pesadilla

El otro gran efecto de las manifestaciones impulsadas por la alianza de empresas y activistas de izquierda fue el de legitimar el robo. Ante los ojos de millones de personas, saquear tiendas se volvió un respetable acto de “resistencia” ante la “violencia económica del gran capital”. Así, otro argumento que durante décadas se había mantenido confinado a los márgenes de la izquierda radical, se convirtió de repente en una certeza “mainstream” y un pretexto ideal para que los pillos renueven guardarropa.

Ahora bien, cuando la legitimación del robo se suma a la deslegitimación de la labor policíaca, el resultado inevitable es un drástico incremento en el crimen, y específicamente en el robo a minoristas. Las turbas de ladrones que se organizan para vaciar tiendas enteras en California son el ejemplo más dramático de ese fenómeno, pero no son las únicas. A nivel nacional, 69% de los minoristas observaron incrementos en los robos.

Este problema está llegando a un punto crítico para un sector que, de por sí, enfrenta una carrera contracorriente en su competencia con Amazon y los gigantes del comercio en línea. La industria completa del comercio minorista se tambalea, y sacude a los 42 millones de trabajos directa o indirectamente relacionados con ella.

Por eso, ya con tufo a desesperación, el 9 de diciembre la Retail Industry Leaders Association envió una carta a los líderes de la Cámara de Representantes y del Senado, donde manifiestan su preocupación “acerca del creciente impacto que el crimen organizado en contra del comercio minorista genera en las comunidades a las que orgullosamente servimos”.

En concreto, les preocupa que los ladrones están utilizando internet para vender lo que se llevan de las tiendas. Ya no se trata del viejo esquema basado en malbaratar a pequeña escala lo robado en casas de empeño. Ahora los criminales roban en masa, y venden a gran escala.

Para detener la ola, los minoristas respaldan el Integrity, Notification and Fairness in Online Retail Marketplaces (INFORM) for Consumers Act, una iniciativa bipartidista que busca “proteger a las familias y comunidades de la venta de productos ilícitos” impulsando la transparencia en los mercados digitales para detener la venta de productos falsificados y robados.

Irónicamente, muchas de las empresas que firmaron esta carta, incluyendo a Nordstrom, Target y Levi Strauss, han apoyado directamente a grupos como Black Lives Matter, National Urban League, la Equal Justice Initiative y la ACLU, que alimentaron el clima de descrédito de los policías, el debilitamiento de las autoridades y legitimación del disturbio y el robo.

Todo era diversión y juegos cuando ese circo de disturbios y lemas radicales les servía para apoyar la “conspiración” (en palabras de Time) contra Trump. Bueno, pues ahora Donald está muy a gusto en Mar-a-Lago, preparando su campaña presidencial del 2024, mientras las grandes empresas enfrentan la realidad de un escenario cada vez más complicado que ellas mismas financiaron con tal de parecer buena ondita.

Las corporaciones americanas financiaron indirectamente el movimiento anti-policía. Ahora empiezan a sufrir las consecuencias. Imagen: EFE/EPA/EUGENE GARCIA
Las corporaciones americanas financiaron indirectamente el movimiento anti-policía. Ahora empiezan a sufrir las consecuencias. Imagen: EFE/EPA/EUGENE GARCIA

La moraleja de la historia

La lección del caso, que poco a poco deberán entender la América corporativa y los demócratas moderados, es que el “sueño” woke es una pesadilla de desorden, de resentimiento y de violencia, que no solo va contra los republicanos y los conservadores, sino que también se lanza en contra de las empresas y los medios de comunicación “liberales”.

Por poner un par de ejemplos, el ataque a las oficinas de CNN en Atlanta o los robos a las tiendas de Nordstrom en California no fueron una simple casualidad. Por el contrario, son la consecuencia normal e inevitable de la narrativa de odio y resentimiento que alienta la izquierda radical, ahora disfrazada de diversidad posmodernista. Colando las banderitas de colores, el discurso de “deconstrucción” sigue implicando las mismas consecuencias de violencia, destrucción y desorden, que devora en primer lugar a los tontos útiles que las respaldaron desde la burguesa progresía.

¿Lo entenderán a tiempo? El cambio de rumbo anunciado en materia de seguridad publica por la alcaldesa de San Francisco y el triunfo de Eric Adams en las elecciones para alcalde de Nueva York parecen apuntar a que al menos un bloque del Partido Demócrata está saliendo del bache de la locura woke y las corporaciones americanas tendrán que hacer lo propio. De otro modo se verán cada vez más limitadas por las turbas progres entre sus empleados y por las consecuencias del desorden woke en las calles, una pesadilla a la que ellas mismas le hicieron la cama.

FUENTE: https://elamerican.com/corporaciones-pesadilla-woke/?lang=es&utm_source=El+American&utm_campaign=3820557e3e-EMAIL_CAMPAIGN_2021_12_18_10_06&utm_medium=email&utm_term=0_71985df3a4-3820557e3e-1341318034

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