EDUCACION E HISTORIA

Orígenes del sufismo islámico

 Omar Aouini

1. El sufismo: presentación histórica

El origen etimológicode la palabra sufismo ha dado lugar a varias especulaciones. Mientras algunos estudiosos de esta corriente opinan que sufismo procede del término árabe suf (lana)1 (الصوف), por la ropa de lana áspera y gruesa que llevaban los sufíes como signo de penitencia y ascetismo, otros estiman que viene de safa (pureza) (الصفاء) debido a la pureza del alma de los sufíes. Para otros, sufismo procede del árabe sofa (الصفة), un peldaño alto en la mezquita de la Medina donde suelen sentarse los compañeros del profeta Muhammad2 (los compañeros del banco, Ahlu-s-sufa).

El principio del siglo VIII vio la aparición de los precursores del sufismo. Las más destacadas figuras eran Dun-Nun al-Misrí (fallecido en 859), Al-Junayd al-Bagdadi (fallecido en 910) y Al-Halaj (fallecido en 922). Hasán al-Basrí (fallecido en 728) era considerado como asceta y no como primer sufí.3 Sin embargo, para algunos los verdaderos precursores del sufismo eran otras tres figuras: Abu Hashim (fallecido en 767), el que construyó la primera casa de retiro para místicos (záwiyah) en Siria,4 Hasán Al-Basri y Rábiaa al-Adawiya de Basora (fallecida en 801).5

Los sufíes tienen una visión particular de la religión. En efecto, establecen una distinción tajante entre la “forma” y el “sentido”, “el exterior” y el “interior”, la “cáscara” y la “pulpa”. El camino espiritual sufista, llamado tariqa (الطريقة), está ubicado entre estos polos.6 Los sufíes comparten con los musulmanes todos los preceptos de la shariaa (ley islámica) (الشريعة), pero estiman que no todos los musulmanes pueden acceder al sentido interior de la religión, haqiqa (الحقيقة), ya que ésta requiere mucha dedicación y concentración espiritual.

El objetivo del sufismo es el conocimiento de Dios, y para conseguirlo, el sufí debe emprender un largo viaje y atravesar varias etapas como el arrepentimiento, la abstinencia, la renuncia, la pobreza, la paciencia, etc.

2. Orígenes del sufismo

El tema de los orígenes del sufismo islámico es un tema muy discutido entre los estudiosos actuales, sean orientales u occidentales, y entre los grandes orientalistas de los siglos XIX y XX. Mientras algunos defienden la hipótesis de la dependencia de esta corriente religiosa (el sufismo), buscando sus orígenes fuera del Islam, otros lo consideran como un auténtico producto de la cultura árabe y de su interacción con el Corán y su lengua.

2.1. El sufismo islámico y la dependencia

En respuesta a la pregunta de dónde tiene el sufismo sus orígenes, muchos de los investigadores occidentales e islámicos sostienen la influencia exterior, esto es, el influjo de la mística cristiana, la mística india y la filosofía griega. Algunos escritores musulmanes apoyan esta actitud asegurando que el sufismo no tiene nada que ver con el Islam, que no conoció esta tendencia hasta finales del segundo siglo de la Hégira, con la traducción al árabe de la ciencia y la cultura griegas.7

2.1.1. La influencia cristiana

El español Asín Palacios (1871-1944) ha notado muchas analogías entre el Islam y el Cristianismo en materia de la vida ascética y mística. No se trata, según él, de una simple coincidencia casual, sino más bien de “la imitación, más o menos consciente, de la doctrina y método de vida del monacato cristiano oriental”.8 Dicha imitación nace de la falta de modelo de perfección en la vida del profeta Muhammad con respecto a la ascética y la vida mística, a pesar de la existencia en el Corán de ciertos gérmenes ascéticos.9 La vida de Muhammad, siempre según Asín Palacios, no pudo ser un ejemplo de castidad y virtudes, siendo “un profeta que fue rey, polígamo y guerrero, es decir, un fundador de religión que, a pesar de las ideas cristianas de su Alcorán, vivió sin refrenar la ambición de los honores, la concupiscencia de la carne y los estímulos de la ira”.10

Por eso asegura Asín Palacios que los sufíes no cesaron de adornar la vida del profeta Muhammad, a través de muchas leyendas, con varias virtudes ascéticas, llegando así a cristianizarla para poder romper la antítesis de su doctrina ascética y de la vida de su profeta.11

La idea de la dependencia del sufismo islámico al monacato cristiano es defendida desde el siglo XIX entre los orientalistas. De hecho, el orientalista austríaco Alfred von Kremer (1828-1889) sostiene que el monacato cristiano, basado en el temor a Dios y al infierno, y el deseo de escaparse de este mundo, ejerció una notable influencia en el sufismo islámico. Afirma también que “esta pura entidad cristiana (el sufismo islámico) creció rápidamente gracias a la acción de algunas mujeres religiosas como Rabia Adaouia”.12 El destacado islamólogo inglés, Reynold Nicholson (1868- 1945), un contemporáneo de Asín Palacios, en su investigación de la etimología de la palabra “sufismo” asegura que los ascetas musulmanes (los sufistas) imitaron a los sacerdotes cristianos en vestirse con la lana.13

Para justificar esta opinión, suele referirse a la fuerte presencia en Oriente del ascetismo y el monacato cristiano a través de sus muchos cenobios, y el contacto que hubo entre los árabes y los monjes. Éstos eran muy respetados en estas tierras tanto por la gente ordinaria como por el profeta mismo, que les honraba y mostraba su gusto por sentarse a hablar con ellos.14 Por ello, el Corán declara: “Encontrarás que los peores enemigos de los creyentes son los judíos y los idólatras, y los más allegados a ellos en afecto son quienes dicen: Somos cristianos. Esto es porque entre ellos hay sacerdotes y monjes, y porque no son soberbios”.15

Los cenobios cristianos eran difundidos en la tierra árabe antes del Islam, especialmente entre los reyes árabes Al-Manádira (المناذرة), según afirma Yaqut Al-hamawi en su Libro de los países (معجم البلدان).16

Dos razones justifican, pues, esta hipótesis: la primera consiste en las relaciones existentes entre los árabes y los cristianos antes y después del Islam; la segunda se basa en las similitudes registradas entre la vida, las ideas y las prácticas de los ascetas y los sufíes, por un lado, y la vida de Jesús, las opiniones, los ritos y la vestimenta de los monjes, por otro lado.17 El orientalista Alfred von Kremer opina casi lo mismo al afirmar que el sufismo está integrado por dos elementos: uno, la ascética, cristiano, y otro, indio y budista.18

2.1.2. La influencia india

La cultura india pasó a Persia antes que ésta fuera conquistada por el Islam, donde echó raíces por muchos siglos. La ciudad de Balj era considerada como uno de los más importantes centros del misticismo budista que abrigaba muchos cenobios antiguos.19 El monasterio de Nava Vihara, localizado en esta ciudad, es un excelente testimonio de la presencia de dicha cultura.20

Según Miguel Cruz Hernández, la hipótesis de la influencia india o budista en el sufismo islámico es justificada por tres razones: la existencia de monasterios budistas en muchas partes de la actual Turkmenistán, lo que revela el peso de este monacato en esta zona; la conversión al Islam de importantes figuras budistas como el último director del monasterio de Belj, al cual pertenece la famosa familia Barmakí; y la procedencia budista y mazdea de los primeros espirituales islámicos orientales.21 La fama de esta ciudad en el campo del misticismo sigue en la época musulmana con el nacimiento de grandes figuras sufíes como Ibrahim Ibn Adhem (muerto en 778), Shafiq Belji (muerto en 890) y Abu Yazid Bastami (muerto en 875), que era uno de los sufíes que más influencia del misticismo budista recibieron, ya que informó que había aprendido de Abu Alí Sindi el método indio conocido con el nombre de “el control de la respiración”.22

El orientalista húngaro Ignaz Goldziher (1850-1921) también se refiere a la contribución india en el sufismo islámico afirmando que “al estudiar el sufismo desde el punto de vista histórico es preciso tener en cuenta la contribución india que ha participado en la formación de esta doctrina religiosa nacida del neoplatonismo”.23

Los que defienden esta tesis se basan en las analogías que existen entre algunas ideas sufistas y otras indias. El principio sufí de la unidad de la existencia, por ejemplo, es muy parecido a la nirvana india; la unión con Dios y el anonadamiento en el sufismo tienen mucha semejanza con la idea del deseo del alma de unirse con Dios, liberándose del cuerpo y del sufrimiento en la filosofía brahmánica.24 El gran sabio Al Biruni (973-1048) también se refiere a la influencia budista en el sufismo islámico asegurando que los sufíes comparten con los indios (el Nirvana) la idea del anonadamiento.25 Otros encuentran eco del budismo en las prácticas sufíes en el control de la respiración y la meditación, ejercicios yóguicos hindúes y budistas.26 La idea del anonadamiento está presente en los escritos de muchos grandes sufíes como Risâlah Al-Qushayriyyah, “Tratado de Al-Qushayri” (muerto en 1072), Kashf Al-Mahÿûb, “El desvelamiento de lo velado”, de Al-Huÿwuiri (muerto en 1074), y Futuhat al-Makkiyya“Las revelaciones mekíes”, de Ibn Arababí (1165-1240).27

El orientalista alemán Martín Hartmann (1851-1918) se afana en probar que la fuente del sufismo es india. Se refiere, por ejemplo, al hecho de su aparición y difusión, al principio, en Korasán; al hecho de que la mayoría de los primeros sufíes no eran árabes, como Ibrahim Ibn Al-Adhem, Shafiq Al Balji, Abu Yazid Bastami, etc.; y la semejanza existente entre algunas ideas y prácticas ascéticas islámicas y otras indias como, por ejemplo, la idea de la satisfacción (Ar-Rida) o el uso del rosario.28

2.1.3. La influencia de la filosofía griega

El pensamiento sufí se entrecruza con la filosofía griega en su preocupación por la temática del conocimiento en su dimensión universal, pues la profundidad con que trata el sufismo este tema hace de su discurso un discurso filosófico por excelencia.29 Muchos de los que apoyan la influencia griega en el pensamiento sufí atribuyen dicha influencia a Plotinio (205-270 d. C.), el verdadero fundador del neoplatonismo,30 que profesa “las concepciones del Uno, de la razón y del alma recibidas a través de la obra conocida como Teología de Aristóteles, traducida al árabe en 840”.31 El neoplatonismo se basa en el principio de que todas las realidades surgen, por emanación, de la realidad suprema que es lo Uno, igual que la luz que emana del Sol. En el sufismo, las teorías de la iluminación y de la gnosis (una traducción de la palabra griega que significa conocimiento), son neoplatónicas.32

El influjo del neoplatonismo en el sufismo fue facilitado gracias a la importante labor de traducción de la filosofía griega realizada por los musulmanes, y sus contactos con los monjes cristianos.33 Los que apoyan la tesis de la influencia griega en el sufismo evocan también el origen de esta palabra que, según ellos, procede de la palabra griega sophós, que significa sabio.

2.2. El sufismo islámico: ascetismo y autenticidad

Algunos de los que estiman que el sufismo es una ciencia puramente islámica fundamentan su opinión en el juicio del gran historiador Ibn Jaldún, que sostiene que este camino es una de las ciencias islámicas que ha sido recorrido por los Compañeros del profeta y sus seguidores:

Este conocimiento es una rama de las ciencias de la Ley Sagrada que se originó dentro de la Umma. Desde el principio el camino de tales gentes ha sido considerado también el sendero de la verdad y la guía por la primera comunidad de musulmanes y sus notables, los Compañeros y los seguidores de éstos últimos. Básicamente consiste en la dedicación a la ’ibada, la plena dedicación a Allah el Más Elevado, dando la espalda a los ornamentos del mundo.34

Para algunos, y concretamente para las investigaciones actuales como los trabajos de Louis Massignon, debemos buscar el verdadero origen del sufismo islámico en el ascetismo islámico.35 Algunos de los grandes Compañeros del profeta son “considerados como los precursores directos de los ascetas de los primeros siglos de la hégira (siglos VII-VIII d. C.)”.36 Estos Compañeros, como Abu Darr, Hudaifa, Suhaib, Uways Qarani, etc., fueron llamados ascetas (زهاد), adoradores (عباد), ermitaños (نساك), “los que no paran de llorar” (بكاؤون), predicadores (وعاظ), sin que nadie de los musulmanes les negara esta práctica.37

El mismo profeta asumió el ascetismo antes de recibir la revelación retirándose en la cueva de Hirá para meditar. Entre los grandes ascetas en la historia musulmana que allanaron el camino para la aparición del sufismo se suele aludir a Hassan Al-Basarí, Ibrahim Ibn Adhem, Fudail Ibn Iyaad y Chafik Balji.38 Estos ascetas fueron una protesta contra “la creciente mundialización, el lujo y la degradación de las costumbres de la época omeya”.39 Esta actitud se debe al hecho de que los musulmanes saben que el profeta les ha avisado de las negativas consecuencias de apegarse demasiado a esta vida al asegurar que: “No me temo que seáis idólatras después de mí, sino que os rivalicéis en esta vida”.40

Las noticias sobre ascetas y místicos musulmanes datan de finales del siglo VII, y a partir de principios del siglo IX aparecen “prácticas piadosas, oraciones, meditaciones, mortificaciones, ayunos muy rigurosos y penitencia”.41 Después de estos ascetas, surgen otros conocidos como “espirituales-combatientes” en las zonas de frontera, además de la aparición de mujeres también que practican la espiritualidad42 como Rabia Adaouia (717-801).

Para algunos estudiosos, la ascética musulmana, y por ende el sufismo, es una respuesta islámica contra el dominio del puro pensamiento racional y la negativa literalidad de la interpretación del texto coránico.43 Estos estudiosos sostienen también que el sufismo es exclusivamente islámico y ninguno de los demás pueblos tiene un sufismo como el conocido entre los musulmanes. El parecido al sufismo islámico en otras culturas puede ser llamado monacato, ascetismo, austeridad, pero nunca sufismo.44 El profeta ha prohibido el monacato al declarar que “No hay monacato en el Islam”, sin embargo, ello no quiere decir que el Islam veda la espiritualidad,45 sino más bien le da otro sentido diferente de lo conocido en el monacato cristiano.

La pretensión de que el sufismo islámico tiene sus orígenes en otras religiones, y especialmente el cristianismo, y su acusación por algunos de ser una herejía, contribuyeron a su alienación y marginación, lo cual lo excluyó del ámbito de las ciencias y el pensamiento islámicos.46 Ello permitió que “el papel del descubrimiento del sufismo y el estudio de las diferentes formas de su impacto en la cultura islámica sean básicamente una iniciativa occidental (orientalista), ya que se convirtió la investigación científica en el sufismo islámico desde finales del siglo XIX en una ocupación orientalista por excelencia”.47

3. El sufismo y el orientalismo

El interés de los orientalistas por el sufismo empezó hace dos siglos, precisamente alrededor del año 1800.48 Sus estudios sobre el mundo árabe-islámico han provocado en los últimos años grandes debates sobre las verdaderas intenciones de sus hombres. Mientras algunos sostienen que estos estudios son “una investigación pura”, otros les atribuyen unos fines exclusivamente coloniales.49 Para estos últimos, el orientalismo remonta al siglo XIII, siglo de las cruzadas que representaron una preciosa oportunidad para que el Occidente tomara contacto con el Oriente.50

Después, en el período del colonialismo, creció en los europeos el deseo de comprender las religiones no cristianas para poder someter y cristianizar a los nativos de las tierras recién conquistadas.51 Por ello, las relaciones eran muy estrechas entre los administradores coloniales y los misioneros,52 que encontraron en la empresa colonial la mejor oportunidad para difundir su religión en los países conquistados.

Sin embargo, sus estudios sobre el Oriente islámico y su religión no estuvieron exentos de fallos y equivocaciones por haber partido de “un concepto de religión basado, en gran medida, en su conocimiento y comprensión del cristianismo”.53 Pese a que los orientalistas aprendieron la lengua árabe y vivieron algún tiempo en países árabes, no consiguieron entender en muchas ocasiones los textos árabes con sus diversos préstamos y metáforas.54 Las dificultades lingüísticas representaron, por lo tanto, un verdadero obstáculo que impidió a los orientalistas tener un conocimiento acreditado de la cultura árabe.

Dichas dificultades hacen víctimas de traición tanto al autor como al lector cristiano “a quien se presenta textos de mística islámica en lengua europea. Fuera de su contexto, de su propia resonancia, de lo que podríamos llamar sus armonías ‘religiosas’, las palabras pueden ser recubiertas con un significado distinto”.55 La falta de un profundo conocimiento de la lengua árabe guía a los orientalistas a una traducción errónea de muchos términos en el campo del sufismo. Como consecuencia, a menudo se atribuye al Islam una categoría ajena a él como, por ejemplo, al traducir lutf por “gracia santificante” o umma por “Iglesia”, imam por “Soberano pontífice”, ulama por “clero”.56

Para algunos, los errores en que incurren los orientalistas son debidos a su trato superficial de las cuestiones espirituales y su incapacidad de indagar en sus secretos y profundidades, ya que se dedican a temas que no tienen nada que ver con su mentalidad y educación.57 La idea recurrente, en los estudios de los orientalistas europeos, acerca del sufismo, consiste en que hay una dicotomía entre el sufismo y el Islam, o lo que suelen llamar el Islam “oficial” o el Islam de la Sharia (jurídico). Esta idea se afirma al descubrir a los sufíes “giróvagos, aulladores y danzantes”, y también al saber que algunos sufíes fueron ejecutados58 por sus ideas, como Al-Hallaj y Sohrawardi.

Para otros estudiosos, el objeto final de los orientalistas en sus estudios del sufismo es precisamente probar que éste está sacado del misticismo de las demás religiones anteriores al Islam como el cristianismo y el budismo.59 Es posible que la aparente separación entre el Islam jurídico y el sufismo represente “uno de los puntos de atracción que lo hacen tan fascinante […] para el lector u observador occidental”.60 Dicha fascinación la matiza Octavio Paz al indicar que el principio de la unión con Dios de los sufíes, considerado por los ulemas como herejía, es “una de las riquezas del Islam”.61 Paz ve también con buenos ojos a los sufíes ejecutados considerándolos como mártires cuando afirma que “algunos fueron mártires y murieron por sus ideas”.62

4. Visión sintética del origen del sufismo

Según Louis Massignon, el misticismo es un fuerte deseo del ser humano de descubrir a Dios, y una revolución de su conciencia contra las distintas injusticias que sufre en su vida.63 Se desprende de esta definición que el misticismo es un fenómeno humano y una experiencia espiritual que puede vivir cualquier persona y puede existir en cualquier pueblo y cultura. Por esto, es posible que consigan dos personas diferentes, a través del ejercicio espiritual y la práctica ascética, el mismo resultado, sin que la una haya contactado con la otra.64

El pensamiento sufí islámico coincide en la forma con los demás tipos de misticismo tanto griego como europeo, en la medida en que todos utilizan el rito religioso a fin de realizar el conocimiento y la iluminación.65 Sin embargo, el sufismo islámico, en su relación con los cristianos, los indios, los griegos y los persas, no fue un “mero copiador” de sus experiencias y sus filosofías.66 Asimismo su acción no fue ni imitación ciega, ni aceptación ni rechazo absolutos, fue más bien “un contacto dialéctico basado en la influencia positiva; la crítica y la tolerancia; la analogía y el desacuerdo; la fusión, luego la reproducción”.67

Si no hubiera sido por su íntima conformidad con el Corán, el sufismo no habría tenido esta buena aceptación entre los musulmanes de modo general, lo que permitió a los sufíes autodenominarse “amigos especiales de Dios” y “los verdaderos herederos del profeta”.68 La originalidad del sufismo es debido a los tres fundamentos sobre los cuales forja su pensamiento y su práctica: la Sharia, o los datos de la revelación; la Tariqa, o la senda y la manera de practicar la devoción; y la Haqiqa, o el conocimiento que adquiere el sufí desde dentro. De este modo, el sufismo queda como una de las ciencias islámicas como el Kalam (علم الكلم), la jurisprudencia “fiqh”, la gramática, etc., no una doctrina independiente del Islam.

Conclusión

La temática del sufismo islámico empezó a recibir interés entre los intelectuales y los especialistas a partir del siglo XIX, y la iniciativa fue occidental y orientalista. Uno de los temas abordados en este ámbito es el origen de esta corriente. La mayoría de los orientalistas (Alfred von KremerReynold Nicholson, Ignaz Goldziher, Asín Palacios), excepto Louis Massignon, afirman su origen extranjero, además de algunas voces musulmanes que consideran el sufismo como doctrina hereje.

Asín Palacios opina que el ascetismo y el sufismo islámicos no son más que una imitación del monacato cristiano. Ello lo justifican la fuerte presencia en el mundo islámico de cenobios cristianos, el contacto registrado entre los árabes y los monjes cristianos antes y después del advenimiento del Islam, y las similitudes existentes entre la vida espiritual cristiana y la musulmana.

La influencia budista se nota, según los que sostienen esta hipótesis, en la supervivencia de cenobios antiguos en la ciudad de Belj (Persia), los monasterios budistas en Turkmenistán, la conversión al Islam de las destacadas figuras budistas, y la semejanza que existe entre algunos principios sufíes (la unión con Dios y el anonadamiento) y filosofías brahmánicas (el deseo del alma de unirse con Dios y liberarse del cuerpo y del sufrimiento, etc.).

La influencia de la filosofía griega se manifiesta especialmente en el principio de la iluminación de los sufíes, que tiene su homólogo en la emanación del neoplatonismo. Esta filosofía fue muy conocida en el mundo islámico gracias a su traducción al árabe a partir del siglo II de la Hégira.

Los que apoyan la hipótesis de la autenticidad del sufismo islámico aseguran que debemos buscar el origen de esta corriente en el ascetismo islámico. El profeta era el primer modelo de ascetas, el Corán está repleto de versículos que exhortan a la espiritualidad y la vida ascética. Los Compañeros del profeta también eran los mejores ascetas por excelencia. Por otra parte, el nacimiento del sufismo es considerado como una respuesta contra la creciente mundialización, la degradación de los valores y las costumbres predominantes en la primera época musulmana, y el dominio de la literalidad de la interpretación del texto coránico, además del dominio del puro pensamiento racional en la cultura islámica.

El interés por el sufismo en estos últimos siglos ha sido resucitado casi exclusivamente por los orientalistas, lo que hace imprescindible valorar su iniciativa. Históricamente el orientalismo fue conectado con el colonialismo, en la medida en que aquél fue el instrumento eficaz de éste, que lo utilizó a fin de comprender y dominar los pueblos conquistados. Sin embargo, la labor orientalista tropezó con muchas dificultades que imposibilitaron la presentación de una imagen acreditada sobre muchos aspectos de la cultura árabe-islámica como el sufismo. Entre dichas dificultades cabe mencionar las de índole lingüística, junto a su estudio del Islam partiendo de un concepto cristiano de la religión. Todo esto hizo que su enfoque quedase superficial y erróneo en muchos casos como, por ejemplo, su recurrente afirmación de que el sufismo no es islámico y nada tiene que ver con la vida espiritual del Islam.

La vida espiritual existe en todas las religiones, y por tanto el Islam tiene una mística fundamentada en sus propias enseñanzas, sin dejar de entrecruzarse con otras místicas con las cuales los musulmanes tuvieron contactos. Las místicas que han repercutido más en el sufismo islámico son la cristiana, la india (budista) y la griega neoplatónica. Sin embargo, la relación que ha establecido el sufismo con estas místicas no era basada ni en la ciega imitación, ni en el inconsciente rechazo, sino, más bien, ha tomado de ellas lo que más o menos no contradice los principios básicos de su religión. En términos generales, el sufismo islámico tiene dos aspectos: el relacionado con el ascetismo y la práctica religiosa, donde aparece su fidelidad a las enseñanzas islámicas, y el relacionado con el pensamiento y la filosofía en que se manifiesta el impacto de las demás místicas como la mística budista y la filosofía neoplatónica.

FUENTE: https://letralia.com/274/ensayo02.htm

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