MASONERIA

JOSE ANDRES PUENTE BADELL Y ROBERTO LUIS FERRER, dos Grandes Maestros unidos en la historia

Alocución del VH Cayetano Toledo Cabrera en el acto de recordación de  los IH José Andrés Puente Badell y Roberto Luís Ferrer Rodríguez.

15-2-2015 en el teatro de la Gran Logia de Cuba.

Muy Respetable Gran Maestro de la Gran Logia de Cuba, IH Evaristo Rubén Gutiérrez Torres

Queridos hermanos

Damas y Caballeros

Una vez más, los masones cubanos somos convocados para recordar una fecha que se ha convertido en un paradigma luctuoso en la historia de la fraternidad en Cuba.

El 15 de febrero de 1870 fue asesinado alevosamente el Gran Maestro de la Gran Logia de Colón, el IH José Andrés Puente Badell junto a numeroso un grupo de sus hermanos masones y ciento veinte años después, por algún designio del Gran Arquitecto del Universo que hizo coincidir en día y mes tan aciago acontecimiento, el 15 de febrero de 1990 hace hoy, exactamente, 25 años que dejaba este plano terrenal no sin luchar arduamente contra una penosa y letal enfermedad el IH Roberto Luís Ferrer Rodríguez, Ex Gran Maestro de la Gran Logia de Cuba de A.L y A.M y. En el momento de su deceso ocupaba la alta investidura de Muy Poderoso Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33 para la República de Cuba.

Es mi intención como exponente central en esta velada solemne establecer un paralelismo entre estas dos sobresalientes personalidades de la masonería en Cuba que aún a la distancia de más de cien años tuvieron que enfrentar circunstancias similares en el plano interno de la institución debido fundamentalmente a que se estaba produciendo una disminución considerable de la membresía y de todo el trabajo en general de la fraternidad que hacían muy difícil el cumplimiento cabal de los principios, fines y objetivos de la institución como consecuencia de las convulsiones políticas y sociales en que estaba inmerso el país en esos dos momentos históricos. A estas difíciles condiciones se enfrentaron ambos Grandes Maestros dejando imprescindibles enseñanzas para la posteridad.

Otro elemento que los une en la historia es que su último aliento en la vida lo exhalan en pleno auge y desarrollo de sus capacidades creativas demostrado en que ambos se encontraban desempeñando los altos cargos para los cuales fueron elegidos.

Objetivamente la inmolación del Gran Maestro José Andrés Puente Badell es el acontecimiento luctuoso más trascendente e impactante y por ello más recordado en los anales de la masonería en Cuba y se convierte en la génesis de recordación, que nos obliga a sumirnos cada año convirtiéndolo en momentos de meditación institucional.  

En el día de hoy se cumplen 145 años del asesinato del IH José Andrés Puente Badell, de nombre simbólico Tobías, que fue el cuarto Gran Maestro de la Gran Logia de Colón, alto cuerpo fundado el 5 de diciembre de 1859 de la cual es su heredera legítima la Gran Logia de Cuba de A. L y A. M.

Puente Badell ocupaba el cargo de Gran Maestro de la Gran Logia de Colón cuya sede central radicaba en la ciudad de Santiago de Cuba.

Desde 1866 era reelecto en el cargo. En aquella época las elecciones para Gran Maestro se realizaban anualmente. Puente Badell también ocupaba, simultáneamente el cargo de Venerable Maestro de la Logia “Fraternidad número 1” de Santiago de Cuba.

Recordemos aunque sea someramente, que el 10 de octubre de 1868 había estallado en Oriente, la Revolución de independencia cubana encabezada por Carlos Manuel de Céspedes destacado masón de la región oriental del país y donde el ochenta y cinco por ciento de los líderes de aquella gesta eran miembros de la institución masónica. En este particular es preciso hacer la salvedad que la mayoría de aquellos iniciadores de la guerra de independencia pertenecían a un alto cuerpo fundado en 1862 conocido como Gran Oriente de Cuba y las Antillas (GOCA). Como se puede apreciar en esos años actuaban en Cuba dos Altos Cuerpos masónicos pero el que tenía el reconocimiento institucional lo era la Gran Logia de Colón que ostentaba lo que hoy conocemos como regularidad masónica.

Es evidente que para los efectos de la imagen pública tanto de la población como de las autoridades coloniales ambos Altos Cuerpos estaban integrados  por hombres de filiación masónica y por lo tanto eran vistos y juzgados de la misma manera.

Así las cosas, se fue tornando un ambiente de inseguridad, de franca hostilidad y persecución para los masones en Cuba dado por el hecho de que comenzaron a surgir o mejor dicho se tomaron como pretexto una serie de acontecimientos de franca oposición al colonialismo que avivaron los instintos represivos del Cuerpo de Voluntarios que se había convertido en la fuerza paramilitar más reaccionaria del dominio español en Cuba, que respondían y obedecían las órdenes de los traficantes de esclavos y del clero reaccionario, enemigo secular de las ideas liberales de la institución masónica.

Tal era el ambiente oficial antimasónico que practicaban los salvajes Voluntarios que de treinta logias que funcionaban en Cuba en 1869 batieron columna 23 ante el temor justificado de los masones, sobre todo los  masones cubanos, de sufrir en carne propio los rigores de la represión.

Uno de esos acontecimientos, por citar quizás el más destacado, que marcó el clímax de represión que desató el brazo armado de la furibunda reacción colonial lo fue la muerte el 31 de enero de 1870 del periodista español Gonzalo de Castañón en Cayo Hueso a manos de un cubano que lo retó a duelo por difamar de las damas cubanas.

Este acontecimiento desató las ansias represivas de los Voluntarios que tuvieron un pretexto más para justificar una virulenta cruzada contra todo lo que oliera a cubano y en particular contra los miembros de la institución fraternal que se materializó de inmediato en los crímenes alevosos que le costó la vida al Gran Maestro José Andrés Puente Badell y a un nutrido grupo de sus hermanos fraternales. Esta feroz represión se extendió por todo el país sobresaliendo los sucesos del Teatro Villanueva de La Habana, la Acera del Louvre, el asalto al Palacio de Aldama y la destrucción de la biblioteca de Domingo del Monte, la mayor del país en aquel momento así como también el asalto a la Logia “San Andrés” donde fueron detenidos decenas de sus miembros y, para culminar, un año después, o sea en 1871, el horrendo crimen de los ocho estudiantes de medicina de la Universidad de La Habana.

Como consecuencia de estos acontecimientos abandonaron el país más de cien mil personas.

Queridos hermanos, damas y caballeros: aun cuando muchos de los presentes han escuchado y leído estos relatos siempre es interesante y necesario repasar estos acontecimientos para aquilatar en toda su magnitud hasta donde llegan las bajezas humanas cuando la mente de los hombres son poseídas por el fanatismo religioso y político acompañada casi siempre por una gran dosis de oportunismo social para obtener prebendas materiales y poder personal.

Como preámbulo de los acontecimientos que vamos a citar se encuentra los sucesos ocurridos en agosto de 1869 cuando son apresados y ejecutados sin juicio, en Santiago de Cuba un grupo de masones donde se encontraba el hermano Ascencio de Ascencio y Ayllón padrino del bautismo cristiano y presentador masónico del que fuera Mayor General del Ejército Libertador Antonio Maceo y Grajales quien en esos momentos ya se encontraba en la manigua redentora.

Veamos, sucintamente, como lo reseñan los VH Francisco de Paula Rodríguez y Gerardo L. Betancourt en el Manual Masónico escrito en 1919:                                 

“El 4 de febrero se reunía en los salones del Círculo Español de Santiago de Cuba los más intransigentes y reaccionarios representantes del colonialismo para responder al máximo insulto que representaba, en su criterio, la muerte de Gonzalo Castañón. El conciliábulo fue presidido por el sacerdote Eduardo Lecanda y Mendieta, figura relevante del Arzobispado de Santiago de Cuba y en él participaron destacados Voluntarios, a los que acaudillaba el sanguinario comandante Carlos González Boet, jefe de la guerrilla de El Cobre. Allí se tildó a la masonería como institución desafecta al gobierno colonial, recayendo acuerdo de comer carne fresca de gente gorda”.

Allí también los nuevos inquisidores mencionaron los nombres de prestigiosos ciudadanos residentes en Santiago, que debían eliminarse en holocausto a la memoria de Gonzalo de Castañón, pues ésta reclamaba victimas de calidad.

De este modo quedó decretada, en aquella infame junta la prisión de un grupo de masones que serían acusados de infidencia para luego aplicarles la llamada “Ley de fuga”. Su sacrificio colectivo calmaría la insania que dominaba a los modernos espectadores circenses: los crueles y fanáticos miembros del Instituto de Voluntarios de la Isla de Cuba.

¿Y quienes resultaron seleccionados por aquellos facinerosos congregados en torno al cura Lecanda y el militarote González Boet? En primer término, José Andrés Puente Badell que ocupaba el cargo de Gran Maestro de la Gran Logia de Colón por reelección anual desde 1886, y Venerable del taller “Fraternidad número 1” en Santiago de Cuba con el nombre simbólico de Tobías. Además, fueron incluidos, el Gran Tesorero Esteban Miniet (David)y Buenaventura Bravo Hechavarría (Aristipo 1º), ambos afiliados a la logia “Prudencia número 2”; Manuel Mancebo (Enoch) y Eduardo Miranda Cotilla (Cervantes), miembros de San Andrés numero 3, que así mismo laboraba en Santiago de Cuba; los hermanos Joaquín Santiesteban, Juan Francisco Portuondo Mustelier y una veintena más, todos los cuales fueron puestos en prisión entre el 8 y el 13 de febrero de 1870. Y también figuraban en la lista confeccionada otros dos masones de jerarquía: los hermanos Pedro de Moya (Moisés), del cuadro de “Prudencia número 2” y Benjamín Odio Mederos (Benjamín) Gran Secretario desde hacía años de la Gran Logia de Colón y recién exaltado a Gran Inspector General de la Orden.

Estos dos últimos libráronse de guardar cárcel y de segura muerte porque desaparecieron a tiempo de sus domicilios en Santiago, sabiendo que eran perseguidos.

Continúa el relato señalando que apenas fue detenido Portuondo Mustelier el día 12 de febrero de 1870, como sospechoso de simpatizar con la rebelión separatista, dada su condición de nacionalizado norteamericano acudió a las autoridades el vice-cónsul de su país Mr. A. E. Phillips, temeroso de que no se instruyera un proceso formal y la barbarie imperante trocara el simple arresto en irreparable villanía. Para eludir la libertad del pacífico ciudadano, los Voluntarios apresuraron el arresto de las demás personas principales implicadas por ellos como constituyente de una junta secreta que auxiliaba a los revolucionarios cubanos. Y por representar el único poder en la Isla, ya el día 13 estuvo en condiciones de burlar toda protesta del agente consular de los Estados Unidos de América. A tal efecto extrajeron misteriosamente de la cárcel al distinguido masón, a sus hermanos José Andrés Puente, Buenaventura Bravo y Joaquín Santisteban formando con los mismos y varios profanos, una cuerda de presos que en total sumaron 32 personas que condujo el perverso González Boet hasta su campamento del ingenio San Juan de Wilson situado a siete leguas de Santiago de Cuba.

Una vez en pleno feudo del discípulo aventajado del Conde de Valmaseda, los sicarios del omnipotente jefe de la guerrilla de El Cobre prepararon un macabro festín. El propio día 13 de febrero tuvo inicio la sangrienta orgía perpetrada por aquellos ladrones, presidiarios y asesinos. Fue la descarga que segó la vida del altivo José María Bravo y Soria, impaciente por apostrofar a González Boet como siniestro verdugo. Pero este director del lúgubre convivio dio, por toda respuesta, la orden a cuatro de sus milicianos: conduzcan a ese a la vuelta…y cuatro tiros.

Luego cayeron abatidos el anciano Baldomero Cosme y Manuel Camacho, designados al azar antes que el alférez Miguel Estévez súbitamente exclamara: Basta por hoy; mañana continuaremos.

Los días 14 y 15 los Voluntarios realizaron escalofriantes escenas para un mayor martirio de las presas, próximas a devorar. No era ya la cínica petición de sus sombreros y frazadas a los que estaban en angustiosa capilla, arguyendo que no les hacia falta porque pronto iban a morir. Un nuevo tormento inferido fue la invitación a escribir cartas a sus familiares como trágica despedida, misivas que no llegarían a su destino. Y ante el inesperado arribo del coronel Emilio Calleja al campamento del comandante González Boet, portando pliegos para volver a la ciudad de Santiago a determinados prisioneros socialmente selectos, diose prisa el feroz jefe de guerrilla de frustrar la entrega de los que, a su juicio, lucían apadrinados; pues de tal guisa iban a evadirse a sus infames designios.

Animoso de consumar los impíos fusilamientos que su mente enfermiza concibiera como méritos para un ascenso efectivo a Teniente Coronel,  procuró que el coronel Calleja se adelantase con la vanguardia de su fuerza, hasta la Villa del Cobre. Y, cuando el superior jerárquico estaba fuera de su vista, González Boet continuó con sus aviesos planes. Entonces, sin rubor alguno, con desfachatez que indigna aun a los más incautos, manifestó a los cautivos:

Que tenía que pasarlos por las armas, en cumplimiento de órdenes recibidas.

El señor Andrés Puente le contestó que eso era una iniquidad y una venganza por lo de Gonzalo Castañón, y que no podían negar que en todas las épocas eran asesinos.

Carlos Damery les increpó y les dijo: Denme un machete y me bato con todos.

El señor Desiderio Hechavarría indignado dijo: ¿A qué discutir con estos soldados asesinos? ¡Despachad pronto, verdugos de Cuba! ¿Cuál es el lugar? Y, señalado, se colocó en él. De un solo tiro cayóLuego Puente, Damery y los demás, uno por uno de un solo tiro fueron cayendo, y todavía a la vista de los que supervivían y de la soldadesca iban despojando de sus prendas y ropas a los caídos.

Así narró los acontecimientos Buenaventura Cruz, uno de los prisioneros que milagrosamente logró escapar a la masacre.

Es preciso decir que el comandante Carlos González Boet se inició como aprendiz masón el 26 de junio de 1866 en la Logia “Prudencia número 2” con el nombre simbólico “Enoch 1º” y pese a no pasar de aprendiz aun en 1870, ya conocía que Puente Badell era no solo el Gran Maestro de la Gran Logia de Colón sino que era un hermano muy querido y estimado por todos los masones y un hombre que gozaba de un gran prestigio de la sociedad santiaguera y que ya trascendía a todo el país.

Hay que agregar que este abyecto personaje no solo se ensañó con los prisioneros sino que después de muertos ordenó el macheteo de las víctimas y por último con el mayor cinismo a presencia de todos la emprendió a puntapiés con el cadáver, aun caliente, de nuestro Gran Maestro Puente Badell diciendo en son de burla y riendo: “He aquí a mi Venerable”.

De más está decir que las autoridades españolas no tuvieron la menor intención y ni se diga, el valor necesario para castigar la desobediencia del sanguinario subalterno que no cumplió las órdenes de liberar a los prisioneros que de sobra se conocía que eran inocentes.

Queridos hermanos, damas y caballeros:

En este espeluznante relato que aun hoy, a 145 años de acontecido, nos llena de legítima indignación a los que lo escuchamos, no obstante es preciso mencionar la verdad histórica de que la única protesta pública, en aquellos aciagos momentos, contra este abominable acto criminal lo fue la incansable defensa y las denuncias que hiciera ante las autoridades coloniales en Santiago de Cuba el vice-cónsul de los Estados Unidos, Mr. Phillips tomando como base para su accionar el amparo al hermano Juan F. Portuondo, cubano que también poseía la ciudadanía norteamericana.

Inmediatamente después de cometido el crimen Mr. Phillips envió detallado informe a su gobierno y al Congreso. Este informe fue divulgado en la prensa de ese país con el título de “Horrible asesinato en Santiago de Cuba” lo cual repercutió en la prensa de otros países y de La Habana.

La represalia contra Mr. Phillips no se hizo esperar y el populacho salió a las calles instigados por las autoridades, profiriendo insultos y toda clase de agresiva algarabía y actos de calle, mítines y amenazas de muerte. Ante el peligro para su vida que objetivamente pendía sobre el representante diplomático no le quedó más alternativa que huir hacia Jamaica.

Mis queridos hermanos, damas y caballeros:

Otro hecho que es preciso puntualizar en un análisis como el que os ofrezco, es la verdad objetiva de que el Gran Maestro José Andrés Puente Badell y los hermanos que ascendieron junto a él, al martirologio masónico y de la patria, aquellos aciagos días de febrero de 1870 no tenían ninguna relación con la guerra de independencia iniciada por Carlos Manuel de Céspedes.

José Andrés Puente Badell en justicia bautizado como “El Gran Maestro Mártir” y sus hermanos inmolados dieron su vida y fueron sacrificados alevosa y cobardemente, porque nunca renegaron y siempre mantuvieron en alto los principios de nuestra Orden, enarbolando con orgullo el emblema de la escuadra y el compás.

Muchas Gracias

Puntualizamos que en este año 2022 se cumple 152 años del asesinato del IH José Andrés Puente Badell.

También se cumple 32 años de la muerte del IH Roberto Luís Ferrer García además del centenario de su nacimiento.

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