HIJAS DE LA ACACIA

 María Teresa Vera; ¿en el Acacismo?

Ponente:    Madalina Cobián.

                  Académica de Número.

                  Logia # 1  «Hijas de la Acacia». La Habana, Cuba.

Fecha:     

         Los errores generan experiencia.  Estos son como el boomerang.  Uno los comete y los lanza a un presunto olvido, pero ellos no se comportan así.  Como el boomerang, regresan y nos golpean y he ahí cuando generan experiencia.      No sólo nos sucede esto en nuestra vida personal e individual.  También nos sucede en nuestra vida social, y lo más triste es que cuando en este campo sucede, se altera la conceptualizad, la realidad y por consiguiente se cae en el campo del ahistoricismo.

       Mi intención con este trabajo es reivindicar la memoria de una gloria de la cultura cubana, que quizá por cobardía o prejuicios sociales de algunos, no figura dentro de la historia de nuestra institución. 

     Hoy quiero referirme a alguien cuya vida, tan ligada a la Masonería, fuera motivo de duda sobre si fuera una Hija de la Acacia o no;  una mujer muy singular, conocida y admirada por su generación y recordada por las posteriores por su talento artístico: María Teresa Vera, la Embajadora de la Canción Antigua Cubana, en el aniversario ciento trece de su nacimiento, enfatizando, no  tanto en su valor  artístico, conocido por todos, si no en su estoicismo como mujer valiente que supo enfrentar  la   vida  mirándola a la cara.

         Nació  María Teresa Amalia Vera Vera, el 6 de Febrero de 1895, en la calle San Fernando, esq. a San José, en Guanajay, Pinar del Río. Hija de la negra liberta, Rita  Vera y nieta de la negra  Jacoba Vera, esclava de la familia que le diera el apellida y que luego de darle la libertad,  enseñaran a su descendencia a leer y a escribir.  Su padre, fue un oficial español que al intentar quedarse en Cuba, fue acusado de traidor y puesto en prisión y a los seis meses de encarcelamiento, por intervención de la Iglesia Católica, fue puesto en libertad con el pretexto de tener que ir a España a visitar a su madre que estaba muy enferma.  A su regreso de España, cuando pretendía conocer y reconocer a su hija, enfermó de neumonía durante el viaje en barco y murió.  Su cadáver fue echado al mar.  De el se decía que cantaba muy lindo, por lo que pudiéramos decir que si no le dejó el apellido, por lo menos le dejó la  bella voz.

                 Siendo todavía muy pequeñita, su madre, Rita, sirvió como cocinera en la casa de los Aramburu, familia adinerada de Guanajay, que costeó los estudios de primaria en una escuela privada y religiosa. El cabeza de esta familia fue Joaquín  Nicolás Aramburu, periodista, escritor y masón,  quien escribiera la liturgia vigente en la masonería actual, y una de sus hijas, Guillermina, más tarde, fue colaboradora de María Teresa, al componer poesías que luego regalaba a esta para su musicalización  e interpretación. Ya desde aquí podemos conocer su vínculo con la Masonería desde pequeña.    Los miembros de esta familia, además de bautizarla y preocuparse por su  educación,  encaminaron su vocación, pues por ser la única niña de la casa, y por ser estos todos profesores y personas ilustradas, sintieron por ella gran devoción, y ya a los cinco años, la  acompañaban al piano para interpretar a clásicos de la época como Sánchez de Fuentes.  Por tanto,  a pesar de su origen, más que humilde, tuvo la suerte de recibir una educación decorosa durante los primeros años de su vida, aunque de su instrucción deducimos que no haya sobrepasado de un nivel elemental, algo normal en su época.

             María Teresa tenía un hermano, Pablo Virgilio Vera, mucho mayor que ella. De hecho, no tuvo compañeros de juegos, sin embargo, aunque luego tuvo la oportunidad, nunca jugó con niños.  Su único entretenimiento era cantar. Cuando más tarde asistió a una escuela de monjas, donde le enseñaron artes domésticas, era a menudo reprendida, porque mientras las monjas rezaban, ella cantaba.

           Siendo aún muy niña, su madre se trasladó para La Habana junto con la familia Aramburu,  viviendo primero en la calle 27 en el Vedado, cuando éste no estaba  urbanizado, luego en la calle San Rafael, más tarde en la calle San José y más adelante en San Lázaro # 201, en el solar La Maravilla, donde más tiempo permaneció;  donde falleciera su cuñada, que después del  parto de su cuarto hijo y abandonada por su esposo, hermano de María Teresa, enfermara de tuberculosis y muriera y a quien ella prometiera en su lecho de muerte, cuidar de sus cuatro huérfanos, amén de que también quedaría a cargo de su anciana madre.  Y así fue como de la noche a la mañana, con sólo quince años, María Teresa se convirtió en la madre y el padre de una familia que tuvo que alimentar y vestir con el único instrumento de trabajo que conocía: su voz.  Y lo que hasta entonces había hecho por placer, se convirtió en su medio de vida: cantar.

              Según la mayor de sus sobrinas, María Teresa, durante sus años mozos, había estado enamorada dos veces, pero en ambos casos,  las relaciones amorosas habían durado muy poco, pues los pretendientes, muy interesados en ella,  nunca tuvieron intenciones de responsabilizarse con sus cuatro sobrinos.  Por eso no se casó nunca.  Además casarse hubiera significado tener sus propios hijos y desatender, de cierto modo, sus sobrinos, lo que hubiera equivalido a romper su juramento a su cuñada, y ella era muy fiel a su palabra, lo que demostró, muchas veces en su vida.  Más tarde, producto de la evolución natural de la vida, cuando sus sobrinas parieran, para que estas trabajaran, ella cuidó de sus cuatro sobrino nietos, de los cuales, uno, Humberto, era retrasado mental. Y no sólo cuidó de estos, si no que contribuyó con su educación.

              También cuentan sus sobrinas, que en su vida personal era muy discreta y que de esta sólo podían saber lo que ella permitiera.  Se acostaba a las tres o las cuatro de la mañana, después de su actuación, dormía hasta las 10 a.m. y luego de levantarse y hacer sus quehaceres cotidianos, volvía a su habitación, a la que ellas no podían entrar excepto para hacer la limpieza, y se sentaba en un sillón a leer novelas de amor, que era su entretenimiento favorito, hasta la hora de salir para su siguiente concierto.

              Ella había hecho santo en 1933.  Era devota de la Caridad del Cobre, sin embargo, jamás hacía ostentación de su creencia ni portaba encima ningún objeto ni señal que identificara su religión.  Su devoción era profunda, pero discreta.  Jamás dio un toque de santo. En su cumpleaños de santo daba una fiesta con orquesta y toda la elegancia que conlleva una festividad social por  un cumpleaños normal de su vida.  También esperaba elegantemente la festividad de San Cristóbal de la Habana, los días 15 y 16 de Noviembre, que era su favorita, después de su santo, aunque en fecha  de su cumpleaños en Febrero y el día de Santa Teresa,15 de Octubre,  sus amigos le llevaban serenatas y la homenajeaban con una fiesta..  Solamente en días en que amanecía afónica se le oía decir mientras ingería  mantequilla y  medicamentos para la garganta:

           -«¡ Ay Virgencita de la Caridad, no permitas que mi voz no se escuche hoy, que voy a cantar para ti toda la noche!

             Y en noches así – según sus sobrinas –  era cuando mejor cantaba.

                 En 1911, con dieciséis años, debuta en el Teatro Politeama Grande de la Manzana de Gómez, con la criolla Mercedes de Manuel Corona, de quien fuera su principal intérprete, y que a petición del público, la tuvo que cantar seis veces.  Esa noche ganó sus primeros veinte pesos, y a partir de ese momento, el sustento de su familia dependió de su voz y su guitarra.

             Entre los años 1918 y 1926, visitó varias veces la ciudad de Nueva York, llevando la música de Corona, haciendo dúo con Rafael Zequeira primero y luego con el Sexteto Occidente que ella misma creara y que más tarde  vendiera a Ignacio Piñeiro, quien lo llamara Sexteto Nacional.  Llegó a ser una artífice de la guitarra, gracias a su maestro el tabaquero José Díaz y a quien también fuera su estilista, además de principal compositor, Manuel Corona. Fue ella quien enseñó a Ignacio Piñeiro a tocar el contrabajo. Lograba realizar combinaciones entre la guitarra prima y la segunda que muchos hombres guitarristas experimentados eran incapaces de hacer, así como la combinación de voces que su sentido de la música y su inteligencia natural le dictaban, lo que era envidiado por muchos trovadores.

            Su superioridad  profesional  le valió, que donde quiera que cantara, aunque en aquellos momentos le era prohibido a una mujer dirigir una agrupación, era ella quien hacía y determinaba los arreglos musicales, así como también el itinerario y actividades de la agrupación, pues además de talento, poseía un gran nivel de organización, tanto en el arte como en la vida.  Ni en el arte, ni en su casa, nadie movía un dedo sin contar con María Teresa.  Era una virtuosa, pero la virtud suele ser muchas veces motivos de  envidia entre los incapaces de alcanzarla,  y aunque estos incapaces no se conviertan  en detractores confesos de quien la posee, suelen difamar del virtuoso, aún cuando continúen disfrutando a la sombra  del mismo.

            A la muerte de  Zequeira,  con quien grabó cien canciones,  cantó muchas veces sola, pero los trovadores se disputaban por hacerle la voz segunda, pues acompañar la voz de María Teresa era garantizar la fama y la popularidad.  Comenzó a hacer dúo con Miguel García, y con otros trovadores y trovadoras, como Justa García, con quien cantó en Radio Salas, hasta que  aparece en su vida artística su último compañero en el arte, el ya fallecido Masón, Lorenzo Hierrezuelo, con quien continúa cantando en esta radioemisora.  Es en esta época cuando la masonería comienza a disfrutar de su voz acompañada de Hierrezuelo. También para este entonces, su talento como compositora  ya es renombrado.. De todos es conocida la más famosa de sus creaciones:  Veinte Años.

          Cantó en casi todos los Clubes y Sociedades de blancos y  gente de color de La Habana, en el Club Atenas, El Pilar, Unión Fraternal, que era su sede permanente y lugar preferido de los miembros de instituciones fraternales, y que llevaba a cabo todos los años una gira a La Tropical en la cual se celebraba  El Baile de Blanco, en el que todos los jóvenes iban vestidos de blanco.  Cantó también  en el Marianao Social y en todas las logias de La Habana.   También cantó en casa de familias ricas de la alta sociedad, como la de Paul  Mendoza, el dueño de un banco. En lugares como estos últimos, admitía  que le enviaran sobres en cuyo contenido estuviera escrito la solicitud de una canción acompañada de un billete, pero en otros sitios, no permitía que durante su actuación se pasara un sombrero o plato para recolectar dinero para su beneficio.  Su paga fue siempre la que le asignara  el local para el que cantara, sin embargo, cantaba a beneficio de los desamparados, y en estas actuaciones era capaz de cantar hasta ochenta canciones en una sola noche, siempre que se lo pidieran y sin darse un trago, porque era abstemia. Sólo una vez consintió en que  se hiciera una colecta para ella: la vez en que fue demandada por no pagar el alquiler y al día siguiente iba a ser puesta en la calle con sus cuatro sobrinos.  Sus compañeros trovadores, solidarizándose con ella, le entregaron todo el dinero recolectado esa noche para que saldara la deuda del alquiler.

             Pero esa actitud no venía de la nada, no era más que la reciprocidad   de sus compañeros hacia ella, pues el hogar de esta era el refugio y el consuelo al desamparo y soledad lógicos y característicos en los bardos de aquella época. Toda ella era un ejemplo vivo de amistad y fraternidad de la que dio muchas pruebas.  Cuando María Teresa ganaba algún dinero decoroso, pues era la que más demanda como artista tenía, y posiblemente la única que tuviera un hogar estable, no sólo sus sobrinos se beneficiaban, si no aquellos músicos que no habían tenido tanta suerte.  Su casa, era la casa de la trova y de los trovadores necesitados.  No quiero decir con esto que su hogar gozara siempre de la misma estabilidad económica.  Había temporadas bajas durante las cuales se veía obligada a vender alguna prenda de valor para sustentar a su familia, o mudarse de casa, pero aún así, esta nueva casa seguiría siendo el refugio de sus amigos músicos.

             El ser demandado por no pagar el alquiler y abandonar la vivienda, mudándose para otra casa, para evitar pagar el adeudo al propietario, era una cuestión común en el ámbito de los músicos cubanos en esos momentos, pues todos vivían en la mayor pobreza.  Por ello pasaron, Graciano Gómez, Barbarito Diez, Isaac Oviedo y otros músicos. 

           Después de vivir en el solar La Maravilla, vivió en Omoa entre Pila  y Castillo, en Atarés, luego en Pocitos entre 10 de Octubre y Delicias, pero por las causas ya mencionadas tuvo que mudarse para Pogoloti a la esquina de 98 y 61, la cual también tuvo que dejar y mudarse para 92B esquina a 63, y más tarde  a 53 A entre 92 y 94, su última vivienda, casa muy humilde  de paredes de mampostería con techo de madera y tejas de barro.  A un costado de la escuela # 1 Ignacio Agramonte y a una cuadra de la Logia # 93, Hijos de Antonio Maceo.  Nunca tuvo una casa propia.   En entrevista con la musicóloga María teresa Linares supimos que Orúe, alcalde de Marianao, le había regalado una casa bastante decorosa, que parece ser perdió debido a los cambios sociales, pues la casa en que murió, no era propia y sí bastante humilde.  Hoy esta casa ha sido reparada y modernizada por una sobrina nieta que la ocupa.

         El poblado de Pogoloti fue fundado el 24 de  Febrero de 1911, como el primer barrio obrero de La Habana. Cada año en esta fecha celebra su aniversario de fundado.  Cuando por cuestiones económicas María Teresa tuvo que abandonar el centro de La Habana y mudarse para allá, se convirtió en la figura artística principal de estas fiestas y de todas las festividades oficiales del barrio.  Cantó en las  graduaciones de las escuelas de  Pogoloti  y  ya hasta los niños de su familia y de familias del barrio la iban a buscar de la mano para que cantara en las actividades de sus escuelas, donde ella complaciente regalaba su voz.  También la logia «Hijos de Antonio Maceo» y la logia #93 «Hijas de la Acacia»  fueron un escenario  fijo para sus actuaciones.  Una Hija de la Acacia, la última de las fundadoras de esta logia, Florinda García, nos  la describe:

                  -«Era una mujer tan dulce como sus canciones, muy familiar y humanitaria. Cuando la conocí, cantando en  una  logia masónica.  Mi logia acacista todavía no estaba fundada, y aunque nunca supe que fuera miembro de la Logia # 93, no me extrañaría si hubiera sido miembro de otra logia, porque reunía todas las condiciones para ser miembro de la Orden «Hijas de la Acacia».(Fin de la cita)

            Fue una mujer valiente, que enfrentó una sociedad  llena de prejuicios que posiblemente la haya juzgado muy a la ligera por atreverse a realizar esta actividad

juglaresca, propia de hombres en aquellos momentos,  de llevar su música, su guitarra y su voz, noche a noche, de centro en centro, de ciudad en ciudad, de país en país, acompañada de hombres bohemios dedicados a la música y que en su mayoría  terminaban sus vidas jóvenes  y no de la forma más feliz, porque practicaban el lema de: «la trova, sin trago, se traba».   A María Teresa no le importó la opinión pública y seguramente convencida de que no servía para otra cosa que para cantar, a ello dedicó su vida, aún  a sabiendas de los desprecios, discriminación y sinsabores que su vida de artista le acarrearía. Ella llegó a ser llamada «la única mujer bohemia de La Habana»; pero su forma de ser bohemia era distinta, era perfecta……ella no tomaba. María Teresa cantaba en cumpleaños, en serenatas, en descargas en parques, en sitios abiertos, acompañada de Hierrezuelo, sus amigos y un sobrino que le llevaba la guitarra, por lo que llegó también  a ser llamada » la primer mujer bohemia de Cuba «.

            Una vez, durante una gira por provincias, cantó en un teatro de Camagüey el cual se abarrotó de espectadores.  Su actuación fue un éxito rotundo.  Al otro día salió a pasear por la ciudad y entró a una heladería llamada «El Anón».  Se sentó a una mesa con la intención de tomarse un helado, pero durante un buen rato los meseros atendieron todas las mesas a su alrededor excepto la suya.  Un usuario que se percató de la situación, desde su mesa vecina le cedió su helado, pero ella lo rechazó  cortésmente y se retiró del local, segura de que esta no sería ni la primera ni la última vez que fuera despreciada, pero ninguna de estas ofensas, ni todas ellas juntas, llegarían a alcanzar ni una ínfima parte de la magnitud del amor que ella sentía por su profesión ni el talento que tenía para el arte, por lo que valía la pena ignorar las ofensas y seguir siendo la artista que era. Además sabía que esos  que la habían ofendido durante el día, eran los mismos que la habían aplaudido y ovacionado la noche anterior y que se pondrían de pie  para aplaudirla de nuevo la siguiente noche; por tanto, eran unos hipócritas plegados a los prejuicios de la sociedad, por los  que no valía la pena. sentirse molesta.   Se imponía en ella la grandeza del artista y la humildad del ser humano.  Valores muy difíciles de ser conjugados al mismo tiempo en una misma persona.

           En entrevista realizada a la Dra. María Teresa Linares Savio, Musicóloga, Etnóloga, Historiadora y Profesora de Dramaturgia del Instituto Superior de Arte, la cual ha sido reconocida nacional e internacionalmente por sus investigaciones artísticas múltiples veces, quien además fuera su amiga en vida y despidiera su duelo, nos cuenta:

        – «Era una mujer excepcional, que inspiraba respeto, no sólo por su sabiduría y el dominio de su profesión, sino por la misma respetuosidad con que trataba a los demás.  Era complaciente y noble con todos y emanaba una honestidad que nacía de sus raíces.  Prefería callar antes de decir una mentira.  Era desprendida de todo bien material y cultural.  De ella aprendí todo lo que sabía en cuanto a religión Yoruba, música, orishas, e instrumentos musicales africanos, que con mucho gusto me enseñó para nutrir mi bagaje cultural y calmar mi sed de investigación.  Fue para mí una fuente de sabiduría.  Lo único que no pude aprender de ella fue la guitarra, porque en eso era inigualable».

           «La conocí  en la emisora  CMZ, cuando iba todos los miércoles a grabar un programa con Hierrezuelo y a su vez mi esposo Argeliers León grababa un programa infantil.  Luego la visité en compañía de mi esposo en su casa de Pogolotti. Su casa denotaba sencillez y elegancia, sin ninguna excentricidad, ni rasgo que manifestara  creencia religiosa de ningún tipo.  Sin embargo, en su habitación, poseía un gran altar de la virgen de la Caridad, que sólo exponía durante su cumpleaños santo.

          «Cuando celebraba  su fiesta de santo, nos invitaba a mi esposo y a mi en el horario de por la tarde, respetando nuestra condición de ateos y por la noche, celebraba su fiesta de cumpleaños en compañía de sus amigos  músicos y de Barbarito Diez»

         «Fue una mujer de conducta intachable, pero muy discriminada y objeto de la maledicencia; aunque ella parecía preparada para esto, pues no se inmutaba por los comentarios que surgieran a sus espaldas, muchas veces producto de la envidia profesional por su superioridad artística y humana.»

         «Asignados por el Consejo Nacional de Cultura desde 1959, mi esposo y yo realizábamos  conferencias por todo el país sobre música folklórica y tradicional que ilustrábamos con un concierto de María Teresa y Hierrezuelo.  Se nos retribuía con la cantidad de ciento veinte pesos de comisión para los cuatro.  Yo les entregaba cincuenta pesos a cada uno y utilizaba los otros veinte para la gasolina del viaje, ya que nosotros teníamos otras fuentes de ingreso.  Una vez a principios de Abril de 1961, fuimos a Cienfuegos y nos hospedamos en el Hotel Jagua.  La llegada nuestra allí causó cierto descontento entre los huéspedes, pero hicimos caso omiso de eso.  La reservación era para dos habitaciones. Una la ocuparon los dos hombres y la otra María Teresa y yo. Ella, muy cortésmente, me pidió que por la mañana, no la despertara temprano y así lo hice.  Cuando me levanté al otro día, mi esposo ya había salido a visitar amistades, mientras que Hierrezuelo me esperaba para desayunar.  En el momento que nos sentábamos a la mesa para hacerlo, un huésped, ya molesto desde la noche anterior, gritó:

         – «¡Esto es el colmo ya!  De contra que permiten hospedarse aquí a gente como esa…. ¡Miren a la blanca esa con un negro!».

         «El mesero hizo un gesto de cómo quien dice: ¿Qué se le va a hacer a eso?        Hierrezuelo se encolerizó e iba a contestarle al huésped, pero yo no lo dejé.  Me dirigí al gerente del hotel y me quejé del huésped que nos había ofendido y del mesero que no nos había defendido.  El huésped fue expulsado y el mesero sancionado.  Cuando María Teresa lo supo, indiferente contestó:

        -«No ha sido la primera, ni será la última vez que intenten ofenderme».

        «Y esa noche, después de regresar del concierto cansada, cantó para el gerente y su esposa y para los huéspedes del hotel y nos amaneció escuchándola».

       «María Teresa tenía un gran concepto de la ética profesional.  Para ella la dignidad del artista debía ser altamente respetada y cuando  sentía herido su orgullo artístico, tenía reacciones sutiles, pero impredecibles.  Una vez recibió una invitación que le fue imposible rechazar: cantar en Kuquine, la finca del Presidente Fulgencio Batista, en una fiesta de la alta sociedad,  por la  modesta cantidad de quince pesos la noche.  María Teresa comenzó a cantar y a medida que las grandes señoras iban disfrutando de lo que iba camino a convertirse en bacanal, ignorando la presencia de la artista, ella iba partiendo despacito,  una a una las cuerdas de su guitarra hasta acabar con todas.  Cuando no le quedó ni una sola, se dirigió  al anfitrión de la fiesta para comunicárselo y pedirle que la llevara de regreso a su casa, rechazando la paga. Prefirió sacrificar sus caras cuerdas antes que su dignidad.  Luego le manifestó a  Hierrezuelo:

      -«No me gusta cantar y que no me escuchen»

      » María Teresa tenía un corazón muy grande en el que cabía mucha gente cuando lo abría, pero cuando lo cerraba, era completamente indiferente ante los que consideraba indignos de entrar en él.  De igual forma era su confianza.  No la repartía.  La concedía poco a poco a aquellos que consideraba merecedores.  Yo fui una de esos, de lo cual me siento orgullosa.  Y aún cuando disfrutara de su confianza, pude saber muy poco de su vida íntima.  En ella pude penetrar hasta donde me permitió la muralla que la cubría».

   » Ella era una mulata muy linda que contaba con muchos enamorados, pero los únicos que habían gozado de su preferencia,  que pudieron soñar en diferentes momentos llegar a ser su pareja,  fueron Gonzalo Roig, en una oportunidad e Ignacio Piñeiro toda la vida,  pero ninguno pudo llegar a materializar su propósito, porque la responsabilidad de ella,  como cabeza de familia fue más grande que sus aspiraciones individuales.»  ( Fin de la cita)

          Del compositor Manuel Corona se decía que cada vez que sufría un desengaño amoroso, brotaba, para su gloria, una inspiración maravillosa que era cabalmente interpretada por María Teresa, de la forma en que él la sentía, y así interpretando ella sus canciones, llegaron a formar un binomio armónico que perduraría por muchos años. Ella imponía, con su voz, el sello de dulzura y ternura que el creador intentaba manifestar a través de su canción. Era la voz del corazón de Corona. Por eso hay tantas canciones en su repertorio con nombres de mujer.

         El día 14 de Noviembre de 1941, desde el Sanatorio La Esperanza, donde se encontraba ingresado sufriendo de penosa enfermedad, Manuel Corona, el compositor que la inició en el mundo del arte,  escribió el siguiente acróstico dedicado a María Teresa de la siguiente manera:

    «A mi dulce y conmovedora, romántica y hechizadora amiga María Teresa Vera»

                                                QUERUBITO SANTO

                                      María Teresa, mi amiga adorable.

                                     Amiga invariable, mi amiga ideal

                                     Reina y pura eres, mi amiga entrañable

                                     Inminentemente, mi más deseable

                                    Amada, inefable y sentimental.

                                    Teresa, te tengo grabada en el alma.

                                    En lo más profundo de mi corazón.

                                    Riges en mi vida mi paz y mi calma.

                                    Eres la que inyectas mi satisfacción.            

                                    Sacrosanta llama que mi pecho inflama                                 

                                   Amorosa amiga de mi adoración

                                   Verás que por nada podré yo olvidarte.

                                   Entrada muy dentro de mí tú estarás.

                                   Reliquia como eres para venerarte.

                                   Ardorosa dueña de mi alma serás   

                 En 1924, María Teresa dio otra gran prueba de amistad y solidaridad hacía sus amigos trovadores. Al regresar de un viaje de Nueva York, su compañero de dúo, Rafael Zequeira vino enfermo, y como característico en muchos artistas, no tenía quien cuidara de él y ella lo llevó para su casa y lo cuidó hasta que murió.  De esta misma forma fraternal, el ya fallecido y su último compañero en el arte, Lorenzo Hierrezuelo, veló por ella  durante sus años de enfermedad hasta su muerte, y no sólo Hierrezuelo; muchos trovadores la visitaban en el hospital para cantarle a ella y cantar con ella hasta el último momento de su vida.         

                   En 1944 ingresa en la Institución Nacional de Autores Cubanos y recibe un premio de la Asociación de la Crítica Radial por ser la más destacada cantante de la música folklórica y tradicional cubana.  Al año siguiente pasó a cantar a la CMQ y el Ayuntamiento de Guanabacoa le otorga un Diploma de Honor.  Ya para ese entonces era miembro de la Asociación de Trovadores de Cuba.

            En 1947 parte con Hierrezuelo en una gira por América Latina, cosechando lauros en el Continente Americano y en 1950 recibe la Medalla y Diploma por conmemoración del cincuentenario  de la República, otorgado por el Municipio de La Habana.

           Grabó discos con la RCA Víctor, la Columbia, Kubaney, Egrem y otras disqueras famosas, donde han quedado plasmadas sus interpretaciones de Longina, Santa Cecilia, Veinte años y tantas otras que han maravillado a los admiradores de la canción tradicional y han servido de inspiración y patrón a los trovadores actuales.

               Desde el punto de vista artístico, fue fiel a su género, pues ya en la década de los cincuenta con el avanzado auge del bolero y de la onda «feeling» en el género cancionístico,  fue incapaz de variar su estilo o de fusionar géneros para mantenerse en la fama o en la popularidad, al contrario, dignamente, como toda una profesional de respeto, supo aceptar su nueva y algo relegada posición  para dar paso a una nueva generación, que siguiendo sus pautas, tomándola de punto de partida, con los particulares cambios propios de tiempos más actuales, crearon «la nueva trova».  Sin embargo, en sus mejores tiempos, especialmente en tiempos de dirigir su sexteto, supo, enriquecer su producción artística con la adición de instrumentos de percusión, lo que le dio más sonoridad y ritmo a su música  y como vulgarmente se puede decir: «puso a bailar a La Habana» con sus sones y guarachas. 

             Al visitar la casa de su sobrina nieta, Caridad Orlein Vera, en Pogolotti, pude observar, además de la imagen de su San Cristóbal de la Habana, conservado con orgullo, sobre una repisa por su descendiente, una gran cantidad de fotos de María Teresa rodeada de artistas famosos y extranjeros como René Cabel, embajadores latinoamericanos, artistas cubanos como Barbarito Diez y muchas otras cantantes cubanas.  Es significante como, dentro del ámbito de estas relumbrantes estrellas, tan bien engalanadas,  se destacara la figura de María Teresa, con su ausencia de maquillaje y su modestia al vestir, lo que denota la humildad de su vida y la sencillez de su personalidad, propia de los grandes talentos. Pero la foto que más me motivó fue aquella  en que ella brindaba café a unos de esos amigos músicos mientras juegan dominó en su modesta casa. 

               María Teresa Vera fue una mujer que se adelantó a su tiempo.  En aquellos momentos ella fue  la «guarachera» que en nuestros tiempos hubiera sido una «sonera» o «salsera» tan popular y querida como lo fuera Celia Cruz.   A ella le correspondió ser la primera y como tal, le tocó sufrir el rechazo y la ingratitud de la prejuiciada sociedad, que todavía, en mi criterio, no le ha rendido el suficiente homenaje que su figura merece.              

            Sobre ella manifiesta el cantautor Pablo Milanés:

           -«La influencia de María Teresa me ayudó a conformar mi forma de crear y de cantar.  Ella era para mí la canción cubana».

            De igual forma expresa el trovador Silvio Rodríguez:

            -«María Teresa, en nuestra patria y para el universo, es la auténtica naturaleza que aporta el pueblo al crear su música: es la expresión popular».

           Su compañero en el arte Lorenzo Hierrezuelo, sobre ella nos dice:

          -«Estuve cantando con ella  veintisiete años. Al decir música cubana se está diciendo María Teresa Vera.  Ella era toda, toda Cuba.  Vivió nuestra música hasta la hora de su muerte»

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                 En 1960 fue declarada Hija Predilecta del Municipio de Guanajay.   En 1961, el Consejo Nacional de Cultura la homenajeó en el Anfiteatro Municipal de la Avenida del Puerto, al cumplirse el cincuentenario de su primera aparición en escena y fue ese mismo año en que su público  disfrutó de su actuación por última vez, en esta oportunidad en el escenario del teatro Payret.                                                

           En 1962 sufre un derrame cerebral que la limita  físicamente pero no le impide seguir cantando para entonces, ayudar a otros en el montaje de las voces y las guitarras.  Ingresa en 1963 en el hospital «Julito Díaz» para su rehabilitación, y allí continúa siendo visitada por sus amigos, Hierrezuelo, Miguel García, Las Hermanas Martí, Las Anacaonas y otros con quienes une su voz para honrar la canción cubana, aún cuando su cuerpo continuara debilitándose.

         Como durante su enfermedad había pedido a Hierrezuelo que le cantara en su velorio, como despedida, su canción «Veinte Años», éste lo intentó, pero su respiración entrecortada por el llanto, no se lo permitió, entonces, su amigo Barbarito Diez, entre lágrimas, la despidió con esa canción 

           Muere el 17 de Diciembre de 1965, en el Hospital «Carlos J. Finlay», a consecuencia de un segundo derrame cerebral.  A su muerte, según uno de sus biógrafos, Jorge Calderón, en su libro María Teresa Vera*, la logia Hijos de Antonio Maceo ofreció su templo para velar sus restos, pero la Sociedad de Artistas, no lo permitió y se hizo cargo de todo.

           Según masones muy viejitos, que la conocieron, se dice que solía salir vestida de blanco los sábados y a alguna que otra vecina se le oyó comentar que ella decía ir para la logia.   Hubo también quien afirmó que ella si había logrado entrar en la Institución y que su padrino había sido un masón, funcionario del gobierno de Fulgencio Batista, derrocado en 1959, el cual abandonara el país inmediatamente después del Presidente.

         Nos informa la Hna:. María Piover, Secretaria de la Logia 57 de Marianao, por veinticinco años, y esposa del desaparecido Hno:. Juan Ramón Ugarte y Atorrezagasti,  promotor de la moción por la creación de la Semana Acacista, que ella fue testigo ocular en 1959, de la destrucción y quema de los expedientes de las hermanas acacistas que tuvieran la más mínima relación con el gobierno de Cuba saliente.  No es de dudar que, si María Teresa Vera fue apadrinada por la persona arriba mencionada, su expediente corriera la misma suerte que los expedientes desaparecidos.

        Esta destrucción de expedientes sería uno de esos errores sociales que cambian la historia y pesan  sobre la conciencia de los que los cometieron y es lamentado por aquellos que valoran la pérdida de lo que pudo haber sido, si no se hubiera cometido.    

           Si fue Hija de la Acacia o no,  no podemos asegurarlo todavía por falta de evidencia, pero si podemos decir que vivió una vida estrechamente vinculada a la Masonería. Aún así,  no podríamos negar que condiciones tenía para serlo, pues además de fraternal, fue buena hija, buena madre y buena hermana.   Cuando la Orden Hijas de la Acacia se creó, en 1937, ella contaba con 42 años de edad, edad hábil para ingresar en la institución, por lo que pudiera suponerse que haya podido ingresar en la Orden y causar baja en fechas que desconocemos, o que hubiera sido miembro de una logia que batiera columnas, o sencillamente haber sido propuesta para ingresar a esta  y haber sido rechazada por prejuiciados motivos convencionales, o por las razones arriba expuestas.    

              Si esto último hubiera llegado a ser la verdad, yo, en mi condición de simple acacia, María Teresa, te pediría disculpas en nombre de las que no supieron valorarte, pues para mí hubiera sido un orgullo contar contigo como miembro de la institución  Para mí y para los que conocieron tu verdadera historia, fuiste una mujer singular y valiente que dedicada por entero a la música logró de forma espectacular ser la primera mujer en elevar una tradición cultural de su país a un nivel universal y legarla para las futuras generaciones.  Si tu voz fue un don del cielo para alegrar a tu pueblo, para arrullar a los enamorados,  para hacer felices a los niños, para hacer  recordar a los ancianos, para formar a los jóvenes trovadores, entonces, María Teresa, donde quiera que estés, puedes sentirte satisfecha por tu obra  y recibir la bendición de Dios por haber cumplido tu misión en la tierra.

                                                                        Madalina Cobián.

 *Tomado de *María Teresa Vera, Pag.41, de Jorge Calderón. (Entrevista testimonial a su sobrina Delia).     

Bibliografía:

Libros:           María Teresa Vera.  Jorge Calderón.

Entrevistas:   Dra. María Teresa Linares. Historiadora. 

                      Caridad Orlein Vera, sobrina nieta de María Teresa Vera.

Agradecimientos:

                          Hno:.  José Reyes Fortún. Masón Logia «Corazones Unidos».

                          Hno: .Ramón Orozco Orlein. Venerable Maestro. Logia «Hijos de

                                    Antonio  Maceo»

                          Hna:. Alicia Calvo.  Gentil Mentora Logia # 1 Hijas de la Acacia.

                          Hna:. Angela Luis.Logia #1

                          Hna: .Lucía Bermúdez Logia #1                       

                          Hna:. Dorka Domínguez.  Ex.- Gran Gentil Mentora de la Orden.

                          Hna:. Sonia Arango. Ex-Gentil Mentora Logia # 1

                          Hna:. Laura Castillo. Tesorera Logia # 1

                          Hna:. Florinda García.  Hija de la Acacia.  Logia # 93.                       

Hna:.María Piover.  Secretar

TOMADO DE LA PONENCIA María Teresa Vera, una  mujer valiente en el mundo del arte.

                  Academia Cubana de Altos Estudios Acacistas

                                  “Leonor Valdés Barrabí”

Categorías:HIJAS DE LA ACACIA

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