NARCOTRAFICO

El ejército venezolano venció la subversión castrista 

Hace unos días tuve la satisfacción de tener en mi programa Opiniones, de WLRN, canal 17 en su espacio en idioma español, al coronel del ejército venezolano en condición de retiro Rubén Darío Bustillo, un militar de honor que dijo enfáticamente, “en Venezuela no hay fuerza armada sino un puñado de canallas que sirve a un gobierno de criminales”.  

Durante la extensa conversación, el coronel autor del libro, “La Guerra sin Nombre, estragos del narco terrorismo en América”, rememora la intensa lucha que las fuerzas armadas de su país y otros institutos del Estado sostuvieron con los guerrilleros entrenados y financiados por Fidel Castro, subvencionados por la extinta Unión Soviética, todo enmarcado en la Guerra Fría que en Venezuela fue realmente caliente como describió el entrevistado. 

Bustillo recordó los cruentos enfrentamientos entre venezolanos por diferencias políticas impulsadas y nutridas por el castrismo. El número importante de venezolanos que se entrenaron militarmente en Cuba para destruir la democracia y como algunos de ellos después de cometer sangrientos crímenes buscaban refugio en la Isla donde recibían las mejores de las atenciones. 

El coronel responsabiliza de la situación actual de su país a un amplio sector de la clase política nacional. Opina que la falta de honestidad de muchos políticos de no enfrentar la amenaza subversiva antidemocrática de los grupos extremistas, condujo al crecimiento y fortalecimiento de los agentes desestabilizadores, una culpa que comparten otros muchos políticos del continente, dijo, que callan ante la injerencia y los intentos de subversivos del régimen cubano que al igual que en Venezuela dejó muchos perjuicios y victimas.  

Bustillo recordó la constante injerencia castrista en su país y los grande perjuicios humanos y materiales que causo a su nación porque Venezuela fue tanto para Castro como para la URSS un objetivo importante en sus proyectos imperiales, intenciones que fueron frustradas por la tenaz lucha de las fuerzas armadas que no tenían en su seno a traidores como Hugo Chávez Frías.  

Fidel Castro en su amplia agenda subversiva guardaba un lugar especial para la patria del Libertador, quizás fuera por las grandes riquezas de esa nación, sin excluir el reto que significo para sus tempranas ambiciones imperialistas que el presidente Rómulo Betancourt lo parara en seco y no le brindara el respaldo al que aspiraba. El dictador cubano nunca dejó a un lado su odio hacia hombres como Betancourt y Raúl Leoni y recibió con extremo beneplácito la sumisión de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. 

Betancourt en su repudio a las dictaduras impuso la Doctrina Betancourt, no relaciones con gobiernos que llegaron al poder por medios no electorales, política que desgraciadamente sus sucesores no continuaron, salvo con aquellos regimenes que provenían de golpes militares.  

Por el contrario, el Presidente Carlos Andrés Pérez rompió apropiadamente relaciones diplomáticas con el régimen de Uruguay porque violo la inmunidad de su sede diplomática al secuestrar a la ciudadana Elena Quintero, presuntamente torturada y desaparecida, cuando buscaba asilo político. Sin embargo, en la sede venezolana en La Habana se produjeron incidentes aun peores, sin que Caracas reaccionara de igual manera contra la dictadura cubana. Un caso entre otros, fue el de Julio José Rodríguez, 1979, asesinado por los custodios castrista en los predios de la sede diplomática. 

Es una realidad que muchos políticos, sin que la responsabilidad del pueblo cubano sea salvada, son cómplices de la impunidad con las que el castrismo ha subvertido por más de 63 años las sociedades latinoamericanas. Han callado, guardado silencio y obviando los crímenes contra el pueblo de Cuba, pero también los que los hermanos Castro han ejecutado contra sus respectivos conciudadanos. 

Ellos temen la capacidad de desestabilización de los aliados de castrismo en sus territorios. Son prisioneros morales y materiales de una propuesta criminal, quizás, por eso, tal y como dijera el coronel Bustillo, ningún líder político venezolano ha reconocido y publicitado la heroica lucha del ejército nacional contra la subversión cubana, no condenaron la intromisión del castrismo en los asuntos internos venezolanos, acción que, sugiere, debería acometer el presidente Juan Guaidó para reiterar el intrusismo castrista, la traición de Hugo Chávez y las lacras que le han sustituido en el poder. 

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