MASONERIA

La «espiritualidad» masónica , entre la Razón y la Tradición (PARTE I)

Preliminar.

La notoriedad de algunos personajes públicos han traído a las páginas de periódicos y revistas algunas informaciones sobre la Masonería que han excitado la curiosidad del público pero que a mi juicio no han aportado conocimiento de causa sobre el particular, quizá por la propia complejidad del tema, quizá por la facilidad con que puede despacharse simplemente con algunos detalles morbosos. Si queremos conocer algo sobre Masonería moderna tenemos que remontarnos a su documento fundacional que hace poco cumplió 375 años: Las Constituciones de Anderson.

1.- Las Constituciones de Anderson.

«Karl Manheim …/… desarrolló la teoría de que era necesaria mas de una clase de movilidad para comprender el alarmante hecho de que el mismo mundo puede parecer diferente a diferentes observadores». Walter Truett Anderson

En 1723, el Pastor Anderson en estrecha colaboración con Jean Desaguliers, redactó este documento, que en 1.993 ha cumplido 370 años, con el propósito de fijar una referencia conceptual, lo mas «comprehensiva» posible para la masonería especulativa, creada en 1.717. El objetivo evidente de este latitudinismo era lograr una referencia que permitiera una unidad en lo esencial entre todos los hombres de buena voluntad en el orbe conocido (oikumene). Este documento es el eslabón simbólico entre la Masonería operativa de los antiguos albañiles y canteros, y la Masonería especulativa, entre las logias que se ocupaban en el trabajo de tallar piedras materiales para construir grandes edificios civiles y religiosos, y aquellas otras que se convirtieron, por evolución y elaboración de las primeras, en «talleres de arquitectura interior», en su sentido metafórico.

Todas la Obediencias y cuerpos masónicos se reclaman en la actualidad de las constituciones, si bien es obvia la gran diferencia que se establece entre aquellas que han adoptado una interpretación literalista y «petrificada» de dicho documento y aquellas otras que lo vivifican leyéndolo a la luz de espíritu que las animó. En todo caso, todas ellas, incluso aquellas que mantienen una visión mas exclusivista respecto de las demás, todas se pueden considerar como formando parte de una misma realidad, con forma arborescente, con un tronco común y diferentes ramas, donde unos ven antagonismo y división, yo personalmente veo complementariedad y pluralismo.

Las Constituciones de Anderson se redactaron en el comienzo del s. XVIII, un siglo optimista que empezaba, bajo el signo del absolutismo, a percibir las enormes potencialidades del hombre, como individuo y como especie. Un siglo optimista porque comenzaba a vislumbrar nuevas formas de organización social, de conocimiento científico y de desarrollo económico ,que iban a ser posibles a partir de aquel momento.

En el contexto de aquel año de 1.723 la propuestas de Anderson se atrevían a trascender los estrechos limites de la mentalidad de la época, y a establecer fórmulas de relación social que rompían las rígidas barreras sociales entre el estado llano, compuesto de menestrales y burgueses, la nobleza y el clero. En una edad de identidades homegeneizadoras y excluyentes, se atrevió a defender la fraternidad entre judíos, anglicanos, evangélicos, católico-romanos, musulmanes, deistas, …y sobre todo, se atrevió a defender el derecho a las «opiniones particulares», es decir, lo que en 1.789 vendría a proclamarse como el derecho a la libertad de conciencia.

Esta posición llevó a la Masonería a oponerse a los furibundos «odios teológicos» de la época y a señalar la existencia de una verdadera religión natural, que hace a los hombres «buenos, sinceros, modestos, honorables » sea cual sea la «denominación o creencia particular por la que puedan ser reconocidos».

Las Constituciones de Anderson tuvieron la virtualidad de configurar los rasgos esenciales de la Masonería, definiendo a esta como un verdadero centro de unión, entre personas, que proviniendo de horizontes ideológicos, religiosos o geográficos distintos se reconocen, sin embargo, en una moral universal común y en el deseo de compartir una sincera amistad.

Grandes acontecimientos han sucedido en el mundo desde 1.723 hasta nosotros; acontecimientos de mayor trascendencia, seguramente , que los que pudo haber entre el año 1.000 y el 1.723, cambios más profundos que los que llevaron al declive de la masonería operativa, y al nacimiento de la masonería especulativa.

La especie humana ha llegado a conocer detalladamente todos los rincones de la Tierra, y se ha multiplicado vertiginosamente. En los países desarrollados, la edad media de la vida humana ha alcanzado los 70 años de edad, cuando en 1.723 una población mucho mas reducida apenas había explorado una pequeña parte de la superficie de la Tierra y las esperanzas de vida rondarían los 40 años de edad.

La historia de Europa ha conocido, desde entonces, cataclismos sociales, revoluciones, grandes guerras, experiencias totalitarias de corte racista y nacionalista, y otras de carácter igualitarista e ideocrático. En países desarrollados se han llevado a la práctica proyectos de exterminio masivo como el Holocausto (AUSCHWITZ) y se han creado aparatos de dominación ideológica por el terror (GULAG), se han descubierto y desarrollado armas de destrucción (gas mostaza, bomba atómica…) que han puesto al descubierto la capacidad aniquiladora que late en el ser humano. Todo esto nos ha hecho perder la ingenua fe en la humanidad que podía tener el hombre en 1.723. Nos hemos hecho mas conscientes de las fuerzas ambivalentes que pugnan en la condición humana, lo que no nos lleva a renunciar al ideal de fraternidad, pero nos obliga a darnos cuenta de que la fraternidad humana es una realidad radical, pero al mismo tiempo problemática.

La misma ciencia psicológica ha llegado a penetrar en la profundidad de la psique humana, y gracias a hombres como Charcot, Freud, Jung, Maslow…hemos descubierto en parte la complejidad de nuestro mundo interior donde compiten «Eros» y «Tanatos».

La rapidísima evolución de los medios de comunicación y transporte han reducido las distancias hasta hacer del planeta Tierra una «aldea global», y nos permiten tener conocimiento y ver con nuestros propios ojos lo que sucede en los diferentes países, los grandes acontecimientos políticos: elecciones, golpes de Estado, ceremonia, guerras, sequías, y hambrunas. A través de los «media» percibimos con mayor claridad la interdependencia entre los hemisferios, los continentes y las naciones. La destrucción del bosque húmedo amazónico afecta al régimen de lluvias de la costa del Pacífico, la producción de coca en Bolivia se consumen en Nueva York, la guerra en los Balcanes arroja a millares de refugiados hacia Europa occidental, el belicismo de un dictador en el Golfo Pérsico amenaza el suministro de energía petrolífera a las economías de los países desarrollados, y en vías de desarrollo, la producción de aerosoles en América del Norte y Europa produce un agujero en la capa de ozono en la biosfera sobre Australia y Patagonia, la sequía y el hambre en el norte de África aumenta la presión de la emigración sobre los pises ribereños del Mediterráneo. Podríamos ir así desgranando una cadena de hechos que se relacionan entre sí y que marcan flechas multidireccionales en el «Mapa Mundi», dibujando una espesa red de interconexiones.

El mundo ha descubierto en este fin de siglo y de milenio, no que debe ser solidario, sino que de hecho los es: que nadie puede desentenderse del destino de los demás, que nadie puede pretender vivir en una isla, sino que estamos todos unidas de tal modo que independientemente de nuestra voluntad, como en un gran organismo, cuando algo sufre en alguna parte, el dolor, de una manera o de otra, llega al mundo entero, y cuando una luz se enciende en un rincón del planeta ilumina los cuatro puntos cardinales.

Una de las grandes transformaciones que ha experimentado la conciencia universal es la introducción de lo que Salvador Pániker llama el «paradigma ecológico». Este nuevo paradigma mental nos hace contemplar la naturaleza con otros ojos y nos permite percibir que existe una solidaridad biológica entre todos los seres vivos y el orden de la vida (biosfera), en el que nos hallamos inmersos. La capacidad transformadora de la especie humana es de tal magnitud, que puede afectar a la totalidad de los seres vivos. La perennidad e incorruptibilidad de la acacia,( otro símbolo masónico)adquiere un nuevo sentido a la luz de este estado de consciencia, y exige incorporar a nuestro proyecto constructivo todas las implicaciones de ese nuevo paradigma.

Otra de las grandes transformaciones del mundo actual, al menos en su hemisferio occidental, la sido la irrupción de la mujer como coprotagonista con el hombre en multitud de tareas que antes le estaban reservadas a aquel. La mujer ha roto el velo que la hacía casi «invisible» en una Historia hecha por hombres y contada por hombres. La evolución de la ciencia médica y de la higiene ha prolongado la vida media de las mujeres reduciendo la penosidad y peligrosidad del embarazo y el parto, y lo que es aún mas decisivo, ha permitido separar a voluntad la relación sexual de la generación, con lo que la mujer se ha ido liberando, en la medida de sus deseos, del exclusivo destino «ginecocéntrico» a que se veía abocada en el pasado, de modo que la mujer puede, hoy en día, de común acuerdo con su pareja, planificar su maternidad y limitar el número de hijos que desea tener, con lo que no agota todas sus energías en la generación, que aún siendo una parte central de su personalidad, no ocupa ya la totalidad de su tiempo vital, como sucedía en el pasado. Así, puede proyectar sus capacidades en otras actividades, antes sólo reservadas a los hombres. Corresponsable con este, por su condición ciudadana, de la vida política, su incorporación a los Parlamentos y Gobiernos, ha ido superando, en muchos países, las barreras legales y políticas que la confinaban a la sóla vida familiar.

Hoy en día, en los países occidentales, la mujer tiene mas opciones que el hombre. Puede simplemente limitarse a mantener, y es legítima esa opción, un papel «ginecocéntrico» tradicional, y encontrar en la «vía génitrix» su camino iniciático espontáneo y específico, o bien puede renunciar a la generación y centrar su vida en un trabajo intelectual ó manual, realizando una obra constructiva en las mismas condiciones que el hombre, o bien. finalmente, puede, sin renunciar a la «vía génitrix», limitarla en el tiempo y reservar una parte de sí para proyectarse en otra dirección complementaria de aquella; esta es la opción analizada por los trabajos de la profesora Elisabeth Tidball (1) sobre una selección del «Who´s Who of American Womans » según los cuales entre 1500 mujeres preeminentes en su respectivo campo profesional ( work oriented woman) pudo apreciar, en el 50% de ellas una voluntad expresa , no de renunciar al matrimonio, pero sí de posponerlo, al menos una media de siete años a partir de su graduación, en el 50% restante se supone que incluso se da una renuncia a la creación de una familia. Se produce una especie de hibernación de su feminidad, en un sentido convencional, que se recupera y reasume un tiempo después.

La mujer no es ya simplemente una realidad «yin», según la polaridad taoísta, sino que incorpora elementos «yang», que le permiten crear, no sólo al modo femenino de la generación, sino también al modo masculino de la construcción. Esta nueva realidad hace inexcusable destacar la diferencia entre el mundo de 1.723 y el de finales del s.XX desde el punto de vista de la condición masculina y femenina del ser humano. Lo que no puede dejar de tener consecuencias respecto a lo que consideramos hoy que puede ser «la arquitectura interior » del hombre y de la mujer

La condición humana es una realidad estereofónica, dual, polarizada y sexuada; la persona humana no es una identidad abstracta y andrógina, sino que lo es encarnada, y es hombre y mujer. Esta consideración supone, de un lado, el rechazo de cualquier actitud simplemente niveladora, o simétrica, que desconozca la profundidad y la complejidad de la naturaleza dual y complementaria de lo humano, como si se tratara de realidades intercambiables y fungibles, pero debe suponer también el rechazo de cualquier actitud de «apartheid» entre hombres y mujeres, que quiera convertir las logias en ghetos donde se cultiven valores exclusivos, donde se respire la atmósfera irreal de las microsociedades masculinas: cuarteles, internados, conventos y prisiones.

Manteniendo esta dualidad esencial, y complementaria, superado ya un primer feminismo homogeneizador, cabe hoy reconocer una igualdad asimétrica de los sexos, que permite la incorporación de la mujer a la mejor tradición iniciática, de modo que ella aporte su propia originalidad, con una textura y una arquitectura vital que le es propia , de modo que junto a las logias masculinas puedan constituirse también logias femeninas y mixtas, que trabajen de acuerdo con su propia sensibilidad superando cualquier exclusivismo caduco. No es sino una actitud «dispositiva», en absoluto coactiva o de presión.

Las Constituciones de Anderson configuran el núcleo esencial de la idea masónica, aunque esta no se despliega en toda su virtualidad sino es a través de Rito. A los mas de 370 años de su publicación, podemos decir que las Constituciones de Anderson han resistido bien el paso del tiempo, si sabemos leerlas a la luz del espíritu que animó a sus autores. Puede aplicarse aquí con justicia el principio paulino de que el «espíritu vivifica y la letra mata». ¿Cual es entonces ese espíritu vivificador que anima a las Constituciones ?, podríamos intentar aprehenderlo en las siguientes líneas maestras:

1.- Una visión ecuménica del hombre y de sus diferentes tradiciones espirituales y materiales.

Esa visión llevó a Anderson a trascender las grandes barreras religiosas y teológicas de su siglo, relativizando el espíritu de ortodoxia de cada una de ellas y buscando un común denominador, basado en un perfil moral, mas que en un cuadro dogmático determinado. Esto significa, a mi juicio, la defensa de la «opiniones particulares» y de «la religión natural de las buenas obras», frente a la religión oficial de las diferentes naciones. Esta opción era en aquel momento trascendental, ya que contrariaba los principios de homogeneidad espiritual que hasta la fecha habían defendido todos los poderes políticos y espirituales. Como dice Ortega y Gasset, la osadía que le costó a Sócrates su vida fue el haberse atrevido a sostener que poseía un «daimon» particular , es decir una inspiración privada, en definitiva la reivindicación de sus «opiniones particulares»; pues bien Anderson, da por sentada esa inspiración individual y diseña la posibilidad de una asociación de verdaderos individuos.

2.- Una visión constructiva del hombre.

No es casualidad que de entre las diferentes tradiciones profesionales, fuera la de los Constructores, la elegida para configurar el método y la organización de la Masonería especulativa. Aunque las Constituciones no lo hacen explícito, la vinculación de la nueva institución con las hermandades operativas supone la incorporación a la Masonería especulativa de método inciático de base profesional que, o bien había sido desarrollado por las Logias operativas o bien estas habían elaborado a partir de diferentes influencias. Este contenido iniciático puede tener diferentes acepciones o interpretaciones, pero en todo caso, en todas ellas subyace una idea común : el impulso constructivo del hombre. El ser humano como artífice de su propia vida y co-creador del Mundo.

De esa visión constructiva surge el sentido de responsabilidad y de consciencia con que la Masonería pretende adornar a sus adeptos.

3.- Una visión ‘tradicional’ de la historia humana.

Donde hay construcción hay necesariamente tradición, que no tradicionalismo. Tradición quiere decir que el masón se siente heredero, es decir, llega a una obra que ya ha sido empezada por otros, y que él esta llamado a continuar. De ahí que su primera tarea sea, antes de nada, hacerse cargo del estado de los trabajos, de cuales han sido las dificultades encontradas, cuales las soluciones adoptadas y cuales las desechadas, en fin cual es la Memoria y el Proyecto colectivo emprendido, con objeto de integrarse correctamente en el orden sucesivo de obreros, que generación tras generación, trabajan, aplicando a sus vidas los instrumentos de medida y proporción, que la logias conservan celosamente, unidos en la permanente y siempre insegura obra de esclarecimiento y emancipación que la Masonería pretende.

4.- Una visión logocéntrica de la Historia humana.

De ese ecumenismo y de esa visión constructiva surge necesariamente otro de los rasgos definitorios de la Masonería , que con una u otra forma puede prdeicarse de todas las Obediencias masónicas, de todos los ritos y de las varias Escuelas: la Masonería como una «matriz de sentido», en la que los masones enmarcan su propia y particular perspectiva de la vida y el mundo. Ese marco sólo puede excluir a quien adopta una posición nihilista y desesperada, a quien no percibe ningún cosmos en el caos aparente del Universo, a quien rehuye todo mandato moral trascendente o inmanente, a quien es incapaz de cualquier solidaridad, y no se siente llamado a construir sino solamente a destruir o a vagar por el Mundo.

2.- Razón, Racionalismo, Racionalidad.

«Se ignora contumazmente que un exceso de racionalidad es un déficit de racionalidad». Adorno

La «iniciación», tal y como se practica en Masonería, es un instrumento de razón, hablamos en logia de las herramientas de razón, para provocar un aumento general de la consciencia del individuo. Por otro lado, es conocida la vinculación de la Masonería especulativa moderna con la «Aufklärung», en Alemania y con el «Enlightment», en Gran Bretaña, es decir, con el fenómeno ilustrado, en general, en Europa.

Pero esa vinculación no puede simplificarse haciendo de la Masonería una variante del librepensamiento o del racionalismo militante y globalizador de algunos episodios de la historia de la Masonería. En realidad la Masonería es más. Para empezar, existen dentro de las varias tradiciones rituales de la Masonería, una que conecta con una versión particular de la Ilustración en Alemania: «Los iluministas». En el origen del rito escocés rectificado, se encuentra la personalidad de Willermoz y los iluministas bávaros que han mantenido, aunque sea con carácter minoritario, en activo, un rito caballeresco y templario que puede perfectamente definirse como un rito cristiano o crístico. A esto se añade la importantísima trayectoria de la Masonería, anglosajona, especialmente la de las Islas, que se ha centrado exclusivamente en los ritos, digamos más litúrgicos, casi bíblicos, rehuyendo aquéllos que daban cabida en el seno de las logias a formas de debate intelectual; coincide esto cabalmente con la predisposición de la mentalidad inglesa, en todo contraria a cualquier forma de intelectualismo.

Esta particularidad de la Masoneria inglesa le ha permitido un enorme desarrollo y la práctica de una gran actividad relacional («convivial») y al mismo tiempo, una notable actividad comunicacional, al margen de los importantes trabajos históricos de la logia de investigación «Quatuor coronati».

Nada hay, por lo tanto, en la historia de la Masonería de los países anglosajones que pueda coincidir con el estilo de las llamadas masonerías latinas. Ninguna resonancia o similitud con la imagen prototípica del masón en los países de mayoría católica: Francia, Italia, España, Portugal y Bélgica.

Para entender esta divergencia hay que contextualizar cada una de las respectivas historias nacionales, y hacerse cargo, por ejemplo de la importancia que desde el punto de vista sociológico ha tenido en cada país el peso de su respectiva historia eclesiástica, en definitiva, cómo el fenómeno de la Reforma anticipó y generalizó en el propio ámbito de la sociedad civil, las actitudes de autonomía individual y libre examen, frente a cierto colectivismo y autoritarismo paternalista más propio de los países católicos. Esta diferencia provocó en los países protestantes una retirada de lo religioso a la esfera íntima y el mantenimiento consensuado de ciertas prácticas religiosas de carácter tradicional por su valor nacional (Iglesia de Inglaterra, países luteranos) y en cambio, en los países católicos provocó una radicalización del debate entre clericales y anticlericales, fruto de la resistencia de la jerarquía Católico-Romana a retirarse de su posición de hegemonía en la configuración de la moral social, al plano de la conciencia íntima frente a las corrientes de pensamiento que querían liberar a la «cívitas» de influencia eclesiásticas directas.

En este contexto se explica la identificación de la Masonería con corrientes anticlericales.

Esa identificación corresponde a un periodo de la historia europea en que en efecto, la Iglesia Católica jugó a la contra de la Modernidad: contra la Declaración Universal de Derechos del Hombre y del Ciudadano, contra el liberalismo, contra el socialismo, contra el laicismo y la separación del Estado y la Iglesia contra la libertad de cultos en los países católicos, incluso contra el uso de las lenguas vernáculas en el culto, contra el matrimonio civil, contra la independencia de la Ciencia, contra el Evolucionismo, contra el psicoanálisis, contra los métodos anticonceptivos y contra el aborto, también contra las técnicas de fertilización artificial, contra las relaciones sexuales prematrimoniales, contra la libertad de opción sexual, contra el nudismo, contra el divorcio, contra el trabajo independiente de la mujer, incluso… contra el Ecumenismo.

Posteriormente, esta situación ha ido en gran parte corrigiéndose, más por la fuerza de las circunstancias que por una espontánea revisión de su propios postulados, de tal modo que hoy en día la Iglesia jerárquica en su predicación hace un uso alternativo de sus propios dogmas, según los casos, sin derogar específicamente ninguno, pero subrayando, bien, uno, bien otro, sin atender a que sean contadictorios entre sí.

En todo caso, la libertad efectiva de que gozan hoy en día los ciudadanos europeos hace más libre la adhesión a las diferentes iglesias y permite, de hecho, un espacio de diálogo civil y laico en que las iglesias no interfieren directamente, a pesar de que a su voz sea, como la de otras instancias sociales, oída, sino escuchada, por todos.

En este nuevo escenario no tiene sentido el mantenimiento de «clichés» ya superados, aunque es bueno que, con deportividad, mantenga cada uno sus propias convicciones y entre ellas, aquella historia, aquella tradición con la que se identifica.

Todo este «introito» viene para explicar que en masonería, «racional» no está reñido con «espiritual» y que «librepensamiento» no implica, como temía Unamuno (2), no pensar libremente de todo, incluso de lo más subjetivo e invisible.

Podemos utilizar para analizar al triple fórmula: racionalidad, racionalización, racionalismo, las definiciones elaboradas por Edgard Morin (3):

Racionalidad.-

Detecta Morín dos caras en la racionalidad. El lado constructivo y el lado crítico. En el aspecto constructivo, la racionalidad sería «la tendencia, a elaborar sistemas coherentes de ideas o teorías, de cara a establecer relaciones adecuadas entre el espíritu humano y la realidad que estudia, es decir, «una relación descriptiva o eventualmente explicativa». En este concepto va explícita la condición empírica de la racionalidad, es decir, su carácter relacional respecto a la experiencia, con la comprobación, y el cotejo de lo pensado y su aplicación práctica.

Racionalización.-

«Es igualmente una visión coherente pero además con intención totalizante y globalizadora, es decir, que trata de comprender el universo a partir de un sistema de ideas, pero que selecciona los datos de la realidad que confirman su teoría y rechaza los otros». Podría decirse mediante un concepto de Popper, que la racionalización rechaza someterse a «falsación» y busca sólo la «verificación». En estos supuestos sólo un cataclismo puede «falsar» la teoría, y en aquellas racionalizaciones de carácter religioso, ni siquiera un cataclismo.

Racionalismo.-

Para Morín el racionalismo puede definirse a la vez como visión del mundo y como ética. Visión del mundo que postula una adecuación perfecta, o casi, entre lo racional y lo real», y como principio ético sería aquel que propugna que «las acciones humanas pueden y deben ser racionales en sus principios, en su conducta y en sus finalidades».

En este triángulo ¿cuál es la posición que representa la Iniciación? ¿cuál es la actitud frente a la razón que se decanta del simbolismo y del ritual masónico?

Ya hemos dicho que hay algunas variantes entre los diferentes ritos, pero atendiendo al rito escocés antiguo y aceptado, al rito francés moderno y al rito Schroeder, como bases de la Masonería liberal y como eje de la Masonería europea continental, se percibe perfectamente la filiación Ilustrada de la actitud masónica: «Sapere aude!». Reivindicación del fuero de la conciencia individual, pero al mismo tiempo contemplación del valor de la tradición. La racionalidad masónica es, a mi juicio, una propuesta del todo idéntica a la razón-vital de Ortega y Gasset. Se trata de una racionalidad que se aproxima a la definición de Morín de racionalismo, por que en realidad va más allá del aspecto puramente cerebral o consciente de la racionalidad, por cuanto que pretende inducir una «inteligencia del corazón»(4), o utilizando otra terminología, la razón masónica pretende comprender no sólo las razones «claras y distintas» a las que se refería Descartes, sino también «las razones del corazón que la razón no entiende» a las que se refería Pascal. La razón masónica es una razón que pretende ser sabiduría, es decir, que pretende hacerse cargo no sólo de esa parte iluminada y consciente del yo, sino también de la parte oscura de lo inconsciente y arquetípico que subyace en nosotros, de lo emotivo además de lo intelectual: «La razón discursiva no nos conduce hasta el fondo de las cosas». ( Bernard d´Espagnat).

CONTINUARA…

Javier Otaola Bajeneta

Gran Maestro de la Gran Logia Simbólica Española

Autor del libro: «La Masonería Hoy, Razón y Sentido». Editorial Haranburu.1996 San Sebastián.

FUENTE: http://www.vrijmetselaarsgilde.eu/Maconnieke%20Encyclopedie/EMAP~1/Espagne/GLSEspagne/Otaola1.HTM

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