MASONERIA

La «espiritualidad» masónica , entre la Razón y la Tradición (PARTE II)

3.- La «tradición» en Masonería.

«La Tradición representa ahora el pensamiento mas antiguo bajo el régimen nocturno y está basado en el conocimiento simbólico y en la no-distinción entre el hombre y el Cosmos». Gilbert Durand

La Iniciación es un acto personal, pero que se desarrolla de acuerdo con un ritual y en el seno de una organización iniciática, que encuentra su fundamento en una tradición que se remonta varios siglos en el pasado. En un sentido simbólico y virtual se remonta a una fecha «antigua e inmemorial»; quizá el primer efecto de ese aumento de la consciencia que pretende la Iniciación sea el hacernos conscientes de nuestra condición de «herederos». El masón es lo contrario de un Adán que debe descubrir todo por sí mismo, que acaba de llegar y quiere descubrir el Mediterráneo.

El primer paso de un masón iniciado es por lo tanto «hacerse cargo». Hacerse cargo de la vida de su Logia, de su Obediencia, de la Orden; hacerse cargo de su país, del momento en que se encuentra, hacerse cargo de la situación de la Humanidad, hacerse cargo de sí mismo en definitiva, hacerse cargo de la obra realizada, con todas sus imperfecciones y sus aciertos para seguir el trabajo emprendido.

Ese «sentido de la obra» es así, consecuencia directa de la Iniciación, y lleva consigo implícito un cierto sentido de la tradición, un saberse sucesor de otros hombres, que antes que nosotros se plantearon las mismas preguntas que nosotros, que ensayaron algunas respuestas, quizá fallidas, quizá parcialmente satisfactorias, pero cuyo trabajo no ha sido en vano, ya que su esfuerzo está de alguna manera enterrado en la obra. La metáfora constructiva que la masonería nos propone, nos permite ver ese «logos» constructivo en cualquier rincón del planeta, en cualquier época, desde el paleolítico, con sus grandes construcciones de menhires como Stonehenge, o en las ruinas romanas y griegas, en el románico mediterráneo o en las catedrales góticas, o en la arquitectura funcional de Nueva York. Pero no sólo en la arquitectura exterior actúa el «logos» constructivo, sino también en la arquitectura interior de los hombres y de los pueblos, las sociedades y los Estados. No se trata de una mera ilusión edificante, ya que los horrores del siglo XX (Auschwitz, Gulag e Hiroshima) nos han curado de toda inocencia, pero no nos han hecho perder la esperanza. No vamos a porfiar sobre el sentido circular o lineal de historia, sobre el «fin» o la inacababilidad de la misma, en todo caso, aunque sólo sea en un sentido fragmentario y limitado, podemos ver grandes ciclos, en la tarea del hombre por ordenar en cierto modo su convivencia, las formas jurídicas y políticas responden también a un diseño más o menos consciente; no ha sido un proyecto necesariamente claro ni ha estado exento de vacilaciones, dudas y alternativas, pero en nuestra memoria colectiva queda el recuerdo de los avatares que han agitado Europa, tras el fracaso e los cuales se ha ido depurando el valor, quizá más elemental, pero por ello más esencial de nuestra propia autodeterminación como individuos. Esa experiencia histórica de entusiasmo y decepción nos ha hecho pasar, por las guerras de religión en el S. XVI, las dos Guerras Mundiales, Revoluciones, campos de concentración y luchas ideológicas totalizadoras.

Pero ,»a pesar de todo», la vida individual y colectiva nos parece cargada de sentido. No se trata quizá, ya, de un sentido inercial que nos transmitía inocentemente la familia, la escuela y la parroquia, sino de un sentido más trabajado, casi heroicamente adquirido por decisión propia, construido con nuestras propias manos, con aquellas herramientas que otros han hecho útiles para nosotros, y nosotros hemos escogido como propias.

En una «sociedad abierta» ninguna adhesión será válida si no está ganada a través de la conciencia individual de cada uno. La libertad nos enseña a poner todo en tela de juicio, a discernir entre las opiniones; salvo que optemos, como algunos, por ponernos unas orejeras bien ceñidas, que no impidan mirar a izquierda y a derecha, nos veremos obligados a dar cuenta y razón de nuestros actos, primeramente ante nosotros mismos, y a continuación ante cualquiera que nos interpele para ello porque le reconozcamos ese derecho de interpelación: ¿Quizá nuestros hijos?

Esa tradición, que la Masonería quiere ser, como realidad intelectual, organizativa e histórica tiene su fundamento práctico y metodológico en la existencia de una forma específica de transmisión del Método Masónico.

La Masonería no es una doctrina y no es tampoco una Institución didáctica, pero sí es un METODO:

1.- Es un método de especulación intelectual y moral y especulación, especulación que aquí significa reflexión, de acuerdo con el sentido etimológico de la palabra especulum/espejo, mirarse en el espejo es lo mismo que reflexionar.

2.- Es un método también de relación personal entre hombres y mujeres libres que hacen de la Logia un Centro de Unión entre personas de diferentes edades, biografías, horizontes, biografías, horizontes ideológicos y religiosos.

Este Método se ha creado, reelaborado y conservado mediante una tradición iniciática que se transmite de generación en generación. La comprensión de ese método supone la adquisición y la interiorización de una serie de conocimientos que hemos de ir incorporando gradualmente a nuestra práctica masónica en el seno de la Logia.

La Transmisión de esos conocimientos se realiza mediante la instrucción masónica.

La misma etimología de la palabra «in-strucción» nos advierte de su relación con la «cons-trucción».

«Ins-trucción» significa la acumulación de materiales necesarios para el trabajo de edificación. En el seno de la Logia todo está previsto como una mutua y constante Instrucción. , aunque haya una figura específicamente destinada para la instrucción de los aprendices: el 2º Vigilante, el Tercer Mallete o la 3ª Luz del Taller.

La instrucción en masonería se lleva a cabo siguiendo tres principios o criterios que a todos nos obligan:

1.- El deber de transmisión.

La unión y la intensidad de la relación fraternal de una Logia se funda en la participación de todos los hermanos en el lenguaje común de los símbolos, que nos permiten a todos comunicarnos, a pesar de nuestras diferencias, generacionales, o filosóficas.

El deber de transmisión tiene dos caras o facetas.

De un lado la asunción por parte de los hermanos mas veteranos de que son depositarios de unos conocimientos que no les pertenecen, sino que están en sus manos para ser cabalmente transmitidos a los hermanos masónicamente mas jóvenes.

Por otro lado los hermanos jóvenes, los aprendices, deben asumir su papel de aprendices trabajando y excitando sus propia curiosidad, su deseo de aprender, de conocer el origen, el sentido y la finalidad de los Rituales y de la Simbología masónica.

Pero también alcanza a los demás aprendices la obligación de transmitir aquello que han aprendido, compartiendo su propia comprensión del Aprendizaje a los demás aprendices, y mostrando a la Logia, con palabras y acciones la interiorización del simbolismo del Primer Grado, así citando a Gilbert Alban podemos decir:

«Así en los límites autorizados por los grados masónicos todo masón tiene el deber de transmitir lo que sabe a los Masones que no saben todavía.

Este acto concreto de fraternidad es una transmisión. Y esta transmisión es directa, de hermano a hermano, de generación a generación. La tradición masónica no tiene otro fundamento material que esta transmisión masónica».

2.- Pureza.

La pureza de la transmisión significa la lealtad de cada masón para con la integridad y la riqueza del «thesaurus» masónico recibido, es decir: los mitos, símbolos, rituales, costumbres, y las virtudes morales e intelectuales veneradas tradicionalmente entre masones.

Esa lealtad nos obliga a ser cuidadosos con el simbolismo masónico, a preservarlo de cualquier profanación y frivolización, en definitiva a tomarlo en serio, sin caer por ello en ninguna clase de pesadez enfadosa.

3.- Modernidad.

La forma bajo la cual el «thesaurus» se transmite de una generación a otra, depende de la modernidad de la transmisión. Desde los orígenes de la Orden, esta forma ha variado según variaban los estilos del «discurso intelectual» de cada momento: ideas, conceptos, corrientes de pensamiento, tipos de cultura profana, lenguaje, vocabulario. Hoy este discurso es el que corresponde a «este tiempo», por cuanto que es el lenguaje de hoy en el que nos podemos entender los hombres y mujeres de hoy, «el espíritu permanece, pero la letra cambia sin traicionar al espíritu».

El compromiso de la Masonería con la Modernidad nos exige discernir, sin equivocarnos, lo sustantivo de lo adjetivo, lo esencial de lo accidental, el trigo de la paja, las vigas y columnas maestras de lo que es simple obra de mampostería.

El sentido de la tradición en Masonería nos debe llevar a una valoración cabal de la Historia de la Orden. Lo mismo que cada Rey puede decir que tiene la edad de sus Dinastía, cada masón puede decir que tiene la edad de la Orden. Pero esa valoración nunca puede ser una adoración acrítica del pasado, hecha de nostalgia y de idealización. Por otro lado el otro extremo debe ser también evitado, Modernidad no puede significar la simple búsqueda de la novedad. La tradición nos permite una comunicación fluida y natural entre el Ayer y el Mañana, para hacer de cada Hoy una realidad plena, madura, asentada en el pasado pero abierta al horizonte del futuro. En este equilibrio entre errores extremos tenemos que tener siempre presente el símbolo del compás que permite, con sus dos brazos, delimitar un espacio «justo y perfecto» entre dos extremos.

4.- Oralidad

El eje de la transmisión masónica ha sido desde el mismo origen de las Grandes Logias, la palabra. La transmisión masónica asegura su autenticidad y su secreto precisamente descansando en la oralidad. La palabra, dicha de hermano a hermano, tiene además una fuerza y un calor que multiplica su eficacia comunicativa, dando a la transmisión masónica todo su valor, no sólo como adquisición de conocimiento sino como incorporación a una Tradición, a una cadena de hermanos y hermanas de la que formamos parte como un eslabón más.

No podemos olvidar que se ha ido produciendo un importante trabajo escrito desde 1721 hasta nuestros días, desde las Constituciones de Anderson, y el Discurso de Ramsey, y que hay una pléyade de importantes escritores masónicos a los que ya hemos citado: René Guenón ( representante de la masonería metafísica y tradicionalista), Paul Naudon, Oswald Wirth, Jean Mourgues y Paul Beresniak ( representantes del pensamiento liberal en masonería), Giuliano di Bernardo, Espinar Lafuente, y el mismo Roger Levedère ( pasado Gran Maestro de la Gran Logia Simbólica Española ) ; sin embargo es preciso insistir en que el corazón, el núcleo, la médula de la tradición masónica es la transmisión oral, directa, de persona a persona. No se puede transmitir el método masónico por correspondencia o a distancia, y ello porque el conocimiento masónico no es sólo un conocimiento intelectual sino una vivencia.

4.-La espiritualidad de la Masonería (5).

«Aquel hecho psicológico que posee la mayor fuerza en un ser humano, obra como ‘ Dios’ el lugar de la divinidad parece estar ocupado por la totalidad del hombre». C.G.Jung

La Masonería supone, a mi juicio, una actitud «religiosa» ante la vida y ante el Universo; desde luego, así es en sus ritos tradicionales, pero incluso admitiendo al masón que se defina a sí mismo como estrictamente ateo, incluso en su rito moderno aunque en éste pierda parte de su carga espiritual; si bien la Masonería no es, desde luego, una religión, por cuanto no se presenta como un camino de salvación, sino como un método de crecimiento personal y de aumento de la consciencia. En ese sentido puede compararse con el yoga o la meditación trascendental. Salvo en el rito francés moderno, sólo practicado mayoritariamente por el Grande Oriente de Francia y el Grande Oriente de Bélgica, en todos los demás ritos masculinos o mixtos, los trabajos de la Logia se abren a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo, al símbolo espiritual por antonomasia de la Masonería, el Triángulo con el ojo en su interior, el símbolo de la consciencia del Universo, que cada masón puede completar o identificar con su propia confesión o con ninguna. Libre de cualquier interpretación confesional, es más no es esencial, aunque sí posible, su identificación con un principio existente (6): sería el «Dios perspectiva» de Ortega; el punto de fuga que da fondo al cuadro de la Logia, no es casualidad que esté representado por un ojo o por una G («GNOSIS»)(7); es el Dios desconocido de los atenienses, o el Dios de Jacob, y de Israel; es el Dios estético, es el Dios de las Iglesias o el Dios de «la Umma», es el «Logos» de Plotino, el «Gran Programador del Universo», «el Gran Relojero» que dijo Voltaire, o el «Artifex» de Zenón, el «Deus sive Natura» de Spinoza (8). Es un Dios sobre el que no se hace teología en Logia, porque la Masonería no se propone a sí misma como una «Orto-doxia», sino como una «Orto-praxis». Esa ortopraxis llevará implícita una o varias teorías u opiniones (doxa), pero su bondad se verá en sus frutos y no en el equilibrio conceptual de unos u otros dogmas. Tan es así que, como hemos dicho, en el seno de la Masonería liberal existe una importante tradición ritual que desde 1.877 ha venido trabajando en un rito puramente humanístico en el que se ha suprimido la referencia al Gran Arquitecto del Universo, para mantener el sentido simbólico puramente constructivo del ritual masónico. Esa supresión no es una supresión dispositiva, sino meramente metodológica, prueba de ello que fue propuesta en su día por el Pastor Desnos. Precisamente esa supresión pretendía hacer desaparecer cualquier equívoco que permitiera ver a la Masonería como una Religión en competencia con otras Religiones positivas y por otro lado, ampliar el «ecumenismo» filosófico y espiritual de las Logias mediante la práctica de un humanismo ético abierto a todos. Esta extensión tenía como contrapartida la pérdida de la intensidad espiritual que mantenía la invocación al Gran Arquitecto del Universo.

En todo caso, la pluralidad de ritos no tiene porqué verse como una pluralidad antagónica, sino que puede integrarse en una visión complementaria, que de hecho se gestiona mediante la existencia de los Colegios de Rito y a través las diferentes Obediencias. El momento de la unidad se reserva para los Organismos Interobedenciales y para el derecho de visita que, con unas u otras condiciones, se pueden reconocer las diferentes Logias.

La raíz del árbol de la Masonería está en la concepción constructiva del hombre, en la metáfora vital del cantero con sus herramientas simbólicas, la escuadra, el compás, el mazo, la piedra trabajada constantemente, la disciplina operativa del Taller, la relación de fraternidad y solidaridad, la consciencia planetaria que nos sugiere la decoración de la Logia, como un microcosmos, el culto a la palabra y la administración del silencio en la práctica del rito. Sobre todo esto se añade en la tradición mayoritaria la invocación del Gran Arquitecto del Universo como el «OM» yóguico, como la perspectiva absoluta. Esa actitud de respeto a la «perspectiva», la orientación no dogmática del método masónico, la esencial vinculación de la Masonería como los valores de libertad de conciencia y su llamada a la fraternidad más allá de las diferencias de religión ha hecho que la Masonería haya colisionado con diferentes integrismos religiosos, fundamentalmente el católico-romano, y el islámico. Esto ha producido además una consecuencia muy significativa: la Masonería ha desarrollado actitudes públicas muy diferenciadas en los países de cultura religiosa protestante respecto de aquellos otros de cultura católico-romana. En aquellos, la importancia de la religiosidad privada, el principio del libre examen, y la relativización de las estructuras eclesiásticas hacía más fácil la relación mutua entre el cristianismo y el humanismo masónico. No hay nada, por sí, en el método masónico que sea incompatible con el Evangelio, sino que puede perfectamente integrarse la fe cristiana con el método masónico. No hay, sin embargo, tampoco nada que obligue a ello y que puedan integrarse en la Logia hermanos de diferentes religiones. El escritor Rudyar Kipling tiene un hermoso poema dedicado a su Logia madre en el que hace referencia a la fe diferente de distintos hermano (9).

Siendo esto así, es cierto que en los países latinos en los que se ha producido históricamente la tensión clericalismo-anticlericalismo las diferentes obediencias masónicas se han visto enfrentadas a la jerarquía católico-romana. Han influido en ello factores históricos como la lucha por la unificación italiana y la posición política e incluso militar del Papado a favor de la defensa de los Estados Vaticanos, durante el siglo XIX, factores ideológicos como el debate sobre la separación de la Iglesia y el Estado o la Enseñanza Pública, en la que relevantes masones en ejercicio de responsabilidades políticas y de su propia ideología política han identificado ésta con un valor masónico, lo cual es desde luego una verdad a medias. Por otro lado, la Iglesia católico-romana con la que se ha enfrentado la Masonería, en el pasado, se parece más a lo que representa en la actualidad el cisma del Obispo Lefèvre que a cualquier otra cosa. Hay que tener en cuenta que para estos católicos, tipo Lefèvre, incluso la famosa reunión en Asís convocada por el Papa Wojtila, que no es precisamente un librepensador, fue un acto inspirado por la Masonería.

El único «reproche «desde este punto de vista que cabe hacerle a la Masonería es que considera al catolicismo-romano como una religión más, lo que algunos considerarán inevitablemente ofensivo, pero no mantiene como institución , en su conjunto, una actitud de hostilidad frente a ella especialmente desde el Concilio Vaticano II, aunque cada masón puede pensar de la Iglesia Católica lo que considere oportuno y conozco en esto opiniones para todos los gustos. Hay muchos católicos que participan en la vida de las Logias (10), como hay muchos católicos que siguen su propia conciencia respecto a cuestiones en las que el Vaticano ha planteado alguna interdicción. En el seno de una sociedad abierta las relaciones entre la Masonería Institución y la Jerarquía católica pueden y deben ser respetuosas y deportivas -«fair play»-. Hay muchos puntos en común, respecto de los cuales puede incluso haber colaboración, y respecto a aquellos que no lo hay tampoco son de tal naturaleza que no permitan una coexistencia discrepante pero leal, como la que se da entre otras instituciones e instancias colectivas. Esto tampoco es óbice para que tanto católicos como masones ejerzan con libertad y a título personal la crítica y la libertad de expresión que deseen ejercer, y es de esperar que esta cuestión no de lugar a un aburrido debate como el que su día se produjo entre cristianos y marxistas sobre sus respectivas compatibilidades, debate que a mi juicio no tiene sentido desde el momento en que la masonería no se define a sí misma como un «ismo» sino como un método, no como un sistema de creencias sino como un metasistema.

Hay que destacar, por ejemplo, en relación con el tema de las tensiones masónicas, Iglesia Católica en España y en Francia la importante labor de investigación histórica realizada por autores y profesores que reúnen en sí además de condiciones de investigadores e historiadores la de sacerdotes católicos y en alguno de ellos, la condición de miembros de la Compañía de Jesús, lo que no deja de desconcertar a algunos masones e irritar a ciertos fundamentalistas católicos. Así, el profesor Ferrer Benimelli, de la Cátedra de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y el profesor Pedro Alvarez Lázaro de la Universidad de Comillas en Madrid, o el historiador Rodríguez de Coro de la Fundación Sancho El Sabio de Vitoria. Esta abierta actitud de investigación y esclarecimiento histórico ha sido vista con recelo y malevolencia por algunos representantes de actitudes tradicionales del catolicismo v.g.: Ricardo de la Cierva (11), José Antonio Vaca de Osma , pero sin embargo ha ayudado enormemente a una desmitificación y a una consideración objetiva del tema y, en definitiva, a una valoración más razonable y ajustada de la importancia cuantitativa e incluso cualitativa de la Masonería. Esa lúcida investigación histórica ha desmontado las especulaciones fantasiosas tanto de los apologetas como de los adversarios de la Institución que han sido proclives, por diferentes razones, a querer ver la mano de la Masonería en todos los acontecimientos. Unos por un deseo de agrandar la importancia de la Institución con la que identifican sus valores e ideales. Otros, por afán de exagerar la peligrosidad de su adversario y de galvanizar fuerzas en contra. La verdad de los hechos es más modesta y la importancia pública de la Masonería como tal es mucho más reducida de lo que pretenden unos y otros y no puede ser de otro modo por cuanto que la Masonería no tiene una estructura ordenada a la acción, es demasiado plural y amorfa como actuar coordinadamente en función de un objetivo público, además de que su finalidad nunca puede ser esa, a pesar de que en determinados países (Francia, España, Portugal) haya podido actuar como un catalizador de opinión, pero siempre en medio de una sociedad abierta y en interrelación con otros grupos formadores de opinión. (Partidos, intelectuales, Iglesias, prensa, …). Lo que sí puede constatarse es la frecuencia con que individuos, que en un momento o en otro de su vida han sido iniciados en Masonería, aparecen como protagonistas de importantes acontecimientos o de obras artísticas o científicas. Incluso personas con acreditada animadversión a al Masonería tienen que reconocer este dato. Evidentemente, son muchas más las que llegan a cierta excelencia profesional o personal sin siquiera haber oído de la Masonería. La Orden de los canteros libres no se propone como un «único camino» ni siquiera como el «mejor camino» o el «camino exclusivo», no compite tampoco con las religiones, ni ofrece salvación de ninguna clase. Es por lo tanto absurdo siquiera plantear la afiliación como una cuestión de «doble pertenencia» respecto a las religiones positivas ; es como si se planteara la misma cuestión respecto al «Yoga», o la meditación trascendental, o las artes marciales, o el «Tai chi»… Todos estos «caminos» de autosuperación surgen de una experiencia humana de carácter práctico (la cantería, la lucha, la meditación, …) en los que el hombre ha descubierto una posibilidad y un método de «transformación» personal. Es más, la mayoría de las actividades humanas hechas con una determinada actitud afectan al individuo que las realiza, de modo que la acción que éste lleva a cabo frente al mundo exterior, vuelve como un «boomerang» y actúa también sobre el autor, haciendo verdad el principio masónico: «Lo que tú haces, te hace».

Javier Otaola Bajeneta

Gran Maestro de la Gran Logia Simbólica Española

Autor del libro: «La Masonería Hoy, Razón y Sentido». Editorial Haranburu.1996 San Sebastián.

Citas:

(1)- Cit. por Nancy Friday en My Mother, My Self. Glasgow. 1982 (6ª). pag 363. En el mismo sentido el trabajo de Margaret Hennig y Anne Jardim The Manegerial Woman. New York. 1977

(2)- Patrocinio Ríos Sánchez.- El Reformador Unamuno y los protestantes españoles. CLIE. Barcelona, 1993

(3)- Edgard Morin. Colloque 1986.«Raison,Rationalisme,Rationalité».Grand Orient de France.Paris.1986.

(4)-Schevaller de Lubitz. Esoterismo y simbolismo.La inteligencia del corazón.-Barcelona,1992.

(5)- Jean Pierre Bayard.- La Spiritualité de la franc- maçonnerie. de l´Ordre initiatique traditionnel aux Obediences. 1.982. Ed. Dangles

(6)- Giuliano di Bernardo. Filosofía de la Masonería. Barcelona. 1991. Pags 235,236: » …no es esencial ( aunque sea posible para cada masón en particular) que el Gran Arquitecto del Universo sea concebido como un principio realmente existente. En efecto, si lo trascendente tiene la función exclusiva de garantizar la objetividad de los valores intencionales del hombre en sus opciones éticas, no es necesario que el G.A.D.U. se entienda como una realidad ontológicamente dada, sino que es suficiente que se entienda como principio regulador de orden ético, expresión del anhelo de trascendencia que radica en el hombre, en su tensión moral. Esto no excluye por otra parte que el masón individualmente pueda identificar el G.A.D.U. con el Dios de su fe religiosa, dotado de una imprescindible realidad ontológica, origen y fin de toda la realidad ( y no sólo garante de la dimensión ética del hombre).»

(7)- Aunque esto nada tiene que ver con la «tesis» de autores como Ricardo de la Cierva que suponen el secreto de una fe gnostica auspiciada por la Masonería. La polisemia del simbolismo masónico puede interpretarse en clave gnóstica como puede interpretarse en clave cristiana, o incluso agnostica o como pura psicogogía ( Espinar Lafuente)

(8)- Tristan Muret. » Une origine stoïcienne du Grand Architecte de L´Univers». Le Maillon. nº 38 Mai. 1992.

(9)- Rudyar Kippling: «La logia madre».

(10)- Entre otros tengo que mencionar al querido hermano Antonio Blanco Ruiz que me ha permitido leer el borrador de lo que será su libro Católico Masón ( 8.4.94) en el que relata y explica su propia experiencia intelectual y espiritual como católico y como masón , experiencia que en su caso conjuga , a mi juicio, lo mejor de cada una de esas dos tradiciones.

(11)- Ricardo de la Cierva.- El triple secreto de la masonería. Orígenes, Constituciones y rituales masónicos vigentes nunca publicados en España.- Toledo, 1994 Que viene precedido, casi como un grito de guerra, por una cita de León XIII «Quede bien claro que lo primero que debéis procurar es arrancar a los masones su máscara para que sea conocido de todos su verdadero rostro». En este libro deja en el aire el autor, además de su manifiesta inquina a la masonería , de la cual es muy dueño, porque la simpatía y la antipatía son libres, las consabidas y maliciosas sospechas de complots, y contubernios masónicos sin los cuales ciertos integrismos no pueden entender el declive de sus propias posiciones., respecto de estas imputaciones sí cabe a mi juicio hacerle reproche por cuanto que como intelectual esta obligado al deber moral de decir verdad, toda la verdad…no solo medias verdades, y a ser responsable de sus juicios.

FUENTE: http://www.vrijmetselaarsgilde.eu/Maconnieke%20Encyclopedie/EMAP~1/Espagne/GLSEspagne/Otaola1.HTM

Categorías:MASONERIA

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.