MASONERIA

LAS COLUMNAS OPUESTAS EN LA MASONERÍA

Como sucede en la vida profana, el masón debe pasar por varias pruebas en la masonería para probarse
a sí mismo la efectividad de su grado evolutivo. En otra escala, la Francmasonería, a través del curso de
su evolución desde el siglo XVIII hasta la fecha, ha pasado por muchas pruebas de las cuales se pueden
extraer ciertas conclusiones para ver en qué ha fallado y en qué ha acertado en su objetivo a fin de
corregir su curso futuro en caso necesario.

No cabe dudas que en ese transcurso de tiempo la masonería ha realizado grandes obras materiales de
bien social: ha fundado innumerables escuelas, hospitales y hogares para niños; ha mitigado el hambre
y los sufrimientos en la comunidad; ha rendido, en fin, grandes servicios a la humanidad. Ella se ha
proyectado, también, al mundo profano creando instituciones de servicio de bien público, muy
conocidas (a través de masones), con sus mismos principios de impersonalidad, universalidad,
camaradería, democracia, moralidad y disciplina.

En el aspecto subjetivo ha desarrollado, en cierto grado, el sentido de una fraternidad masónica; ha
demostrado ser custodia del sistema más antiguo que existe en la Tierra para conducir al hombre
gradualmente y en forma grupal por el camino recto hacia esa luz interior que se denomina en
masonería Oriente Simbólico; y ha sido custodia, asimismo, de la presentación más inclusiva que se
conoce de la verdad. Los hombres más grandes de la humanidad han encendido sus lámparas en la
llama sagrada de esta antigua institución.

Pese a desviaciones, distorsiones, malas interpretaciones y diferencias de procedimiento y de objetivo,
que han empañado en ocasiones la luz de su tradición, la masonería moderna ha llevado bastante en
alto la antorcha que ha recibido del pasado, preservando el hilo de su continuidad.

Ha realizado el trabajo valiosísimo de preparar y pulir muchas piedras de las canteras del mundo, y de
reunir y seleccionar el material disponible para la construcción del Gran Templo. Este trabajo ha
progresado mucho en los últimos siglos.

De todos los que han golpeado a las puertas de sus Templos en busca de Luz, uno que otro, aquí y allá,
ha penetrado profundamente en sus Recintos y conocido la sublime experiencia del verdadero Maestro
Masón; ha trabajado con la luz de su experiencia y el poder de su ejemplo en el Templo mismo,
acelerando su proceso de construcción. El número de estos Maestros aumenta día a día.

Se alegará que los mismos son muy contados. No obstante, constituyen un saldo considerable a favor
de la causa de la masonería y una garantía de su continuidad.

Pero a pesar de estas realizaciones de la Francmasonería, tendríamos que estar ciegos para no ver las
fallas fundamentales en las piedras del Templo Masónico y en la constitución del mismo.

Hay síntomas evidentes de decadencia y descomposición en la Orden. Es tema de preocupación en
muchas Logias el bajo promedio de asistencia, el letargo, la apatía, la falta de crecimiento, y en muchos
casos la gradual disminución de miembros, cantidad de los cuales sigue en los registros en nombre
solamente. Es cada día más difícil construir nuevos Templos y levantar nuevas columnas que tengan
estabilidad.

Hay falta de unidad y coherencia en el organismo de la masonería por falta de un objetivo común, claro
y definido. Y, cómo es sabido, donde no hay cohesión interna, la desintegración externa es inevitable.

Las Potencias Masónicas viven en su autonomía como si fueran ajenas unas de las otras. Hay algunas
que, en su sentido de autosuficiencia, se consideran intocables.

Se observa una creciente superficialidad y materialización en la Orden. Para muchos la masonería es un
mero apéndice de su vida social. Se adolece de una pérdida de visión y de ideales de superación
espiritual que empaña la Institución. Muchos masones desconocen que la masonería tenga tal objetivo.

Aunque decimos que estamos realizando los trabajos masónicos a medio día en punto, la verdad es que
estamos apenas en el canto del gallo. A fuer de sinceros debemos admitir que el Oriente de Luz en
nuestras Logias ilumina poco o nada; lo menos que significa es un objetivo de autorrealización o luz
interior.

Con razón o sin ella, se observa en algunas Grandes Logias un abandono de los principios considerados
fundamentales en la Francmasonería, restándole autoridad a esos principios y a los que los sustentan.
Muchas se sirven a sí mismas, en vez de servir al objetivo de iluminar y unificar a los hombres.

Hay quienes, mirando la parte externa de las cosas, consideran los ritos masónicos como costumbres
arcaicas que ahora carecen de sentido, y les parece que la masonería es un museo viviente de atavismos
incompatibles con el presente. Por otro lado, hay disonancia de las mentes avanzadas con la masonería
superficial de la actualidad. Es indudable que la repetición de los ritos y ceremonias, carentes de
espíritu, no conforma a personas de mentalidad superior. El sentido literal del misterio y del secreto,
que está relacionado con la masonería, no atrae más a personas de una mentalidad madura,
especialmente cuando se dan cuenta que no hay, en realidad, ningún secreto ni misterio alguno en la
superficie, que no pueda conocer hoy día cualquier persona que desee investigar en libros sobre la
materia, y que están en venta al público.

Muchos llegan a la masonería esperando encontrar algo distinto, y se hallan, a su vez, con algo híbrido,
insípido que no es profano ni es masónico. Con el tiempo se retiran decepcionados.

La Francmasonería se encuentra ante una encrucijada. Su base parece haberse quebrado en dos. Pese a
su carácter universal y a que la unidad es su característica esencial, además de las subdivisiones ya
mencionadas, se halla dividida actualmente en dos corrientes opuestas y antagónicas.

Muchos masones, de una y otra corriente, no parecen haber encontrado el camino medio de la armonía,
el equilibrio, la unidad y la síntesis que debe tomar efectivamente todo masón al pasar entre las dos
columnas de tendencias opuestas, a la entrada del Templo Masónico. Estas dos corrientes opuestas,
representadas por esas dos columnas son: el materialismo y el espiritualismo.

Ambas tendencias se acusan recíprocamente de dogmáticas. Posiblemente ambas están en lo cierto. El
dogmático asegura que cierta creencia es correcta y que cualquier otra distinta es errónea. No han
reparado, los de ambas tendencias, en que la masonería no es una creencia sino una Ciencia Real
basada en leyes naturales sobre las cuales no hay discusión ni motivos de disensión; y que ese Oriente
Simbólico, de donde surgen todas las luces que iluminan las mentes de los hombres en todo el mundo,
no puede ser exclusivo o dogmático

Trataremos de mostrar, en el presente trabajo, lo indiscutible de las leyes masónicas y lo omniabarcante
de su Oriente Simbólico probando, asimismo, que la masonería no es solamente especulativa, esotérica
o espiritualista: que es también operativa o exotérica.

La silla vacía en el Norte de muchos Templos es la silla del servidor invisible que realiza el trabajo
material como consecuencia del trabajo subjetivo, concretándose así la construcción del Templo y
manifestándose con ello el G.A.D.U. en la Tierra a través de Su obra.

Lo externo es indefectiblemente la manifestación de algo interno. “Como el hombre piensa, así actúa”.
Todo progreso por el camino de la masonería, hacia la luz de la conciencia de unidad con todos, va
acompañado inevitablemente de una actividad correspondiente de servicio a los demás. No es posible
dividir y separar la actividad externa de la interna cuando se realiza algún trabajo. ¿No es ese hecho lo
que motiva unir el compás y la escuadra cuando se abren los trabajos en Logia, y separarlos cuando se
cierran los mismos? En la masonería lo objetivo y lo subjetivo están perfectamente relacionados. Es
necesario que tanto los espiritualistas como los materialistas, mirando la masonería en una nueva luz,
tengan este hecho en cuenta, si importa algo para ambos el futuro de la Orden.

Los espiritualistas, de un lado, pretenden que la masonería es esencialmente especulativa, que si bien se
derivó de la masonería operativa en 1717, ésta ha quedado atrás en el olvido; que, por tanto, ella es
esencialmente esotérica, espiritual, religiosa y contemplativa, excluyendo de su seno a todo ateo
estúpido o libertino irreligioso.

(Estos términos subrayados son los que utiliza Anderson en su ”Constitución de 1723”)
El fanatismo de los espiritualistas no les permite ver lo que tienen en común con el que se considera
ateo o agnóstico; no ven la piedra bruta al pie de la Columna de la Belleza y se olvidan de que no
somos ángeles, sino que todos, espiritualistas y materialistas, vamos tropezando, cayendo, rozándonos
unos contra otros y golpeándonos en la oscuridad al recorrer el mismo camino hacia la Luz en el
Oriente.

La otra corriente masónica es pronunciadamente (y a veces categóricamente) materialista, atea y
antirreligiosa. Por consiguiente, ha procurado eliminar a Dios de la masonería. Los que la integran
rechazan, como principio, el uso de la Biblia o el Volumen de la Ley Sagrada sobre el Ara. Niegan la
existencia del espíritu y no reconocen la inmortalidad. En consecuencia, le dan toda importancia al
aspecto formal, material y temporal de la masonería por entender que es la única realidad existente.

Es común que inviertan los valores tradicionales y sostengan que si la masonería tiene algo de esotérico
o de oculto bajo sus formas externas, ello es de poca importancia comparado con lo externo. ¿No
hemos llevado el valor de las cosas materiales a un nivel ridículo? Da que pensar a veces, si no somos
más amigos del oro que de la verdad.

Consideran los de esta escuela que la masonería es esencialmente operativa, pese a su histórica
derivación especulativa. Miden el valor de los trabajos en sus talleres, y las realizaciones de sus Logias,
casi exclusivamente sobre la mase de las obras de orden material que llevan a cabo.

Porque ven en los Rituales solamente el aspecto formal y externo, los han reformado, suprimiendo de
ellos ciertas partes de gran significado esotérico, con el fin de abreviarlos y hacerlos “más ágiles”.

Sin tener en cuenta el significado representativo de las palabras sagradas para cada grado simbólico, y
la manera de dar los pasos respectivos y aún los signos y toques, los han cambiado atentando contra la
cohesión, la unidad y la universalidad de la Orden.

Según su punto de vista, sólo cuando se encara la masonería en esa luz es “positiva, realista,
eminentemente práctica, dinámica y pujante, de acuerdo con los tiempos actuales, y está con los pies
sobre la tierra”.

En esta corriente navegan a veces actividades sociales, políticas, ideológicas y aún militaristas y
revolucionarias, transformando las Logias en un campo de batalla que no condice con la fraternidad sin
tacha que debe caracterizarlas. Los que están en esta corriente suelen ser tan intransigentes y fanáticos
como los espiritualistas extremados, y a veces más aún.

Tanto los de una corriente como los de la otra están divididos sobre conceptos personales, ajenos a la
auténtica masonería, en lo que concierne a las formas, a la religión, a la espiritualidad y a E.G.A.D.U.
Están ajenos, asimismo, a los conceptos reales sobre las limitaciones de la libertad de creencias en la
masonería.

TOMADO DE: https://ssmemphis.weebly.com/uploads/8/8/5/4/8854943/w_cox_learche_regularidad_masonica.pdf

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