MASONERIA

Aproximación a la masonería española en Estados Unidos (PARTE II)

Gran Oriente Español (GOE)

El aparente orden reinante en el seno de este oriente presidido por Miguel Morayta, propició un notable incremento de talleres de tal modo que pronto comenzaron a extenderse más allá de los límites españoles. Entre los nuevos territorios se encontraba Estados Unidos. El 7 de agosto de 1893 el Gran Oriente Español concedió patente a la logia Christopher Columbus para que trabajara el Rito Escocés Antiguo y Aceptado en Philadelphia. A partir de este momento se sucedieron las solicitudes de constitución de nuevas logias y se desencadenó el conflicto sobre la soberanía del territorio americano en el ámbito masónico.

Las logias adscritas a la obediencia española en el período comprendido entre 1893 y 1900 fueron:

  1. Christopher Columbus n° 188 Philadelphia (PA)
  2. Pilgrim n° 189 Allentown (PA)
  3. Abraham Lincoln n° 210 Philadelphia (PA)
  4. San Juan n° 213 Weissport (PA)
  5. Delta n° 222 Chicago (IL)
  6. Lessing n° 232 Chicago (IL)
  7. Equality n° 237 East Mauch Chuck (PA)
  8. Agora n° 240 South Bethlehem (PA)
  9. George Washington n 244 Hazletown (PA)
  10. Jerusalem n° 247 Philadelphia (PA)

La logia Christopher Columbus n° 188, fue sin duda la más importante de cuantas se fundaron; fue la primera y debe ser considerada como la logia madre. Durante los primeros años funcionó como Gran Logia Regional siendo Harry Goode el delegado del Gran Oriente Español. La doble condición de este taller hace que sus actividades sean difíciles de delimitar.

Comenzó a funcionar el 12 de octubre de 1892, coincidiendo con el cuarto centenario del Descubrimiento de América, de modo independiente, sin estar adscrita a la jurisdicción de ningún organismo superior, y fue regularizada por el GOE en agosto de 1893, como ya dijimos anteriormente. Desde ese momento y a pesar de los obstáculos, trabajó sin descanso para extender la masonería del Oriente Español. Hasta tal punto fue así que para 1895 el Oriente Español contaba ya con cuatro logias más, tres en Pennsylvania: Pilgrim, Delta y San Juan, y una en Chicago, Delta, talleres que el 24 de junio de 1896 decidieron reunirse para elegir a quienes integrarían el cuerpo de oficiales de la Gran Logia Regional de los Estados Unidos, con sede en Philadelphia 15 . Los intercambios de información se reducían, casi exclusivamente, a cuestiones burocráticas y de organización: expedición de patentes, compra de títulos y rituales, requisitos para constituir un capítulo Rosa Cruz, etcétera.

Sólo de vez en cuando y siempre de modo entrecortado, pues la documentación conservada está muy fragmentada, hayamos cuestiones de mayor contenido, como el momento en el que Harry Goode en respuesta a una pregunta realizada por José Vic, habla de la «masonería de color» o masonería para negros. Goode dice que «según la Historia de la Francmasonería de Gould (inglés) la primera logia de color se constituyó en 1775 en Boston, Mass. EUA y fue admitida en la Gran Logia de Inglaterra el 28 de septiembre de 1784» 16 . Esta logia tuvo un fin político muy claro, ayudar a los ingleses durante la Guerra de Independencia, de ahí que fueran regularizados por Inglaterra. Sin embargo los americanos también aprovecharon la baza de los hombres de color pues les concedían la libertad a cambio de que lucharan contra los ingleses.

Lo cierto es que a estas alturas de siglo, trabajaban en logias separadas y no eran reconocidos por otras Grandes Obediencias. Allec Mellor es más duro en su opinión: «En el interior de la Masonería americana el problema se ha resuelto de la manera más intransigente, con la segregación radical» 17 . El Boletín Oficial del Gran Oriente Español, publicaba en el n° 250 de febrero de 1913: «El Gran Maestre de la Gran Logia de Pennsilvania ha declarado que un negro, aunque sea bien proporcionado, inteligente y honrado, no puede ser iniciado en la Francmasonería». Tres meses después, una de las. cuestiones que se plantean para debatir en el Congreso Masónico Internacional es precisamente la situación de la raza negra en la masonería.

Otra temática de gran importancia en este tiempo era la colonial. En 1896 Benjamin Butz, Venerable de la logia Pilgrim n° 189 18 escribe a Morayta mostrando su preocupación por la cuestión cubana, no tanto por las consecuencias políticas como por el futuro de las relaciones masónicas. Cuba contaba desde más o menos mediados de siglo con un importante grupo de masones de afiliación norteamericana que pronto se convirtió en hegemónico. Esta situación, como expresa el profesor Sánchez Ferré era anómala y peligrosa porque de los problemas masónicos se pasaba fácilmente a los políticos. Así ocurrió. Tras el Congreso Masónico Internacional de 1875 celebrado en Lausanne, Cuba consiguió la independencia masónica y que las obediencias españolas no fueran bien vistas. Conseguida la primera parte, la segunda era cuestión de tiempo ya que los cimientos metropolitanos eran, cada vez, más débiles y los independentistas contaban con el apoyo de un gran número de filibusteros que desde Estados Unidos y desde las islas caribeñas como la propia Jamaica, les servían armas 19 .

Durante 1897 las relaciones entre Philadelphia y Madrid quedaron interrumpidas, no olvidemos que la masonería fue acusada de promover la revuelta tagala de 1896 en Filipinas, los dirigentes del GOE y de la Asociación Hispano-Filipina fueron detenidos y la institución masónica desapareció. En septiembre de 1898 se restableció la comunicación pero no hubo mayor mención a la pérdida de las colonias españolas que un «sentimos la guerra entre España y Estados Unidos».

Al año siguiente, 1899, Harry Goode no resultó reelegido Gran Maestre pero siguió manteniendo correspondencia personal con Adolfo de Maglia de ahí que sepamos que la logia Euqlity no había pagado la tasa federal ningún año, que las dos logias de Chicago, Delta y Lessing, estaban durmientes en noviembre de 1899 y que otros cuatro talleres se habían separado definitivamente del GOE en favor de la Gran Logia Regional de Pennsylvania (Rito de York): Equality, George Washington, San Juan y Agora.

De la mayoría de las logias abiertas en estos últimos años del siglo XIX tan sólo alcanzamos a saber el título y la localización geográfica. No se conservan apenas datos directos y los que hay son muy dispares; de unas sabemos los nombres de sus integrantes, de otras las profesiones o la edad, pero de ninguna está la información completa. Lo mismo ocurre con los trabajos que realizaban, con las relaciones que tenían entre ellas y con los enfrentamientos entre «escoceses y yorkinos». Al igual que en la Península adoleció de personalismos y protagonismos que perjudicaron el desarrollo de la obediencia.

Gran Logia Simbólica Española (GLSE)

Sin duda es la obediencia española de la que menos fuentes directas se hanconservado 20 . El 10 de julio de 1892 el Boletín de Procedimientos informa de que habían levantado columnas en Estados Unidos estableciendo cinco logias el 4 de julio de 1892. Esa cifra fue incrementándose de modo que en diciembre de 1893 había aumentado a un total de dieciocho:

  1. Cosmos n° 99 New York (NY)
  2. Acacia n° 100 New York (NY)
  3. Pilgrim n° 101 Allentown (PA)
  4. Progress n°102 Philadelphia (PA)
  5. Americus n° 103 Philadelphia (PA)
  6. Chistopher Columbus n° 109 Philadelphia (PA)
  7. Socrates n° 110 Brooklyn (NY)
  8. Memphis n° 111 Chicago (IL)
  9. Liberty n° 112 Chicago (IL)
  10. Atlantique n° 114 Boston (MA)
  11. Isis n° 119 Newwark (NJ)
  12. Hiram n° 120 Chicago (IL)
  13. Delta n° 121 Chicago (IL)
  14. Osiris n° 122 Chicago (IL)
  15. Danubio n° 133 New York (NY)
  16. Ernesto Renan n° 134 New York (NY)
  17. Giuseppe Mazzini n° 140 Chicago (IL)
  18. Pithagoras n° 146 Boston (MA)

Las únicas noticias que tenemos de todos estos talleres proceden del Boletín de Procedimientos, su órgano oficial. Gracias a él sabemos que tuvieron peor fortuna que las logias del GOE: la Progress n° 102 en 1893 había abatido columnas y sus miembros se habían integrado en logias del GOE; lo mismo ocurrió con la Delta y quizá con la Pilgrim. 1892 fue un año muy activo para las logias de este rito. En el mes de octubre conmemoraron el IV Centenario del Descubrimiento de América quedando plasmado en el Boletín en forma de extensos artículos sobre los hechos. Al igual que el GOE se mostraron reticentes en sus relaciones masónicas con la Gran Logia de la Isla de Cuba por sus tendencias separatistas de tal modo que en el mes de mayo rompieron relaciones.

Tras este esbozo sobre la implantación de la masonería española podemos concluir que fue a asentarse principalmente en el estado de Pennsylvania, en Philadelphia y otras ciudades de su entorno, y en la ciudad de Chicago. Philadelphia a estas alturas había perdido importancia en favor de Nueva York y en Chicago se concentraba gran parte de la industria pesada. Por aquel entonces, las manufacturas ya superaban a los productos agrícolas, encontrándose en pleno auge la actividad industrial. Uno de los motores que favoreció este desarrollo fue la importante inmigración que se produjo en la década de los 1880. Los obreros-trabajadores se convirtieron en consumidores; se incrementó la movilidad social, se desarrollaron las comunicaciones gracias a las potentes inversiones de banqueros y sociedades anónimas y se estabilizó la frontier que se había ido desplazando hacia el oeste. Pero las condiciones laborales distaban mucho de las ideas democráticas americanas según las cuales todo ciudadano debía tener las mismas posibilidades de progreso y enseguida afloraron diferentes tipos de asociacionismo. No era complicado crear un clima fraterno: John Mitchel, presidente de la Unión Minera, decía que el sindicato simbolizaba esa fraternidad. Samuel Gompers, líder del American Federation Labor (AFL) consideraba que el sindicato condensaba en sí mismo las posibilidades de regeneración de la clase obrera, inspiraba unidad, justicia, camaradería, lealtad…, discurso radicalmente diferente al que se daba en Europa y, desde luego, en España.

Hubo una organización a caballo entre ambas, los Knight’s of Labor 21 en la que tuvieron cabida todos los trabajadores, incluyendo negros y mujeres, excepto vendedores de licores, banqueros, abogados y médicos. Las asociaciones norteamericanas tanto en la versión utópica de los Knights como en la más pragmática de la AFL trataron de agrupar a los trabajadores manufactureros, pequeños tenderos, empleados de comercio, etc. Mád que a las tradicionales «profesiones liberales».

Entre el listado de profesiones que hemos podido recuperar en las fuentes consultadas, hay un claro predominio de comerciantes. Tocqueville pensaba que:

El comercio es naturalmente contrario a toda pasión violenta. Es partidario de la moderación, le gustan los compromisos y huye cuidadosamente de la violencia. Es paciente, acomodativo, indirecto y sólo recurre a medios externos si la necesidad le obliga. El comercio hace independientes a los hombres, les da una alta idea de su valor individual, les inculca el deseo de dirigir sus propios negocios y les enseña a triunfar en ellos; los prepara para la libertad, pero los aleja de las revoluciones 22 .

Según esto estaríamos ante una masonería cuyo componente social sería eminentemente conservador o, al menos, no dado al populismo revolucionario de la década de 1890. De hecho no tenemos constancia de que manifestaran preocupación alguna por actos como la huelga de 1891 del American Railway Union, la de 1892 en las instalaciones de la factoría Carneggie, la huelga general en Nueva Orleans, la de los mineros de Tenesse o la de 1894 en la Pullman Palace Car Company a las afueras de Chicago. Ni la masonería española más progresista, la de la Gran Logia Simbólica Española, admitía este tipo de métodos violentos. Todos los orientes españoles abogaban por la instrucción y el diálogo, por ese republicanismo progresista en el que militaba Miguel Morayta, bastante próximo, a la clase media burguesa americana, a los grandes intereses privados y a la aristocracia del dinero.

¿Y qué hay del conflicto colonial?, cabe preguntarse. Esta cuestión nos sirve como nexo de unión entre los dos siglos a través de la figura del presidente William McKinley. Tras la Guerra de Secesión (1861-1865) se llevaron hasta las últimas consecuencias los principios de la doctrina Monroe, en lo que a relaciones exteriores respecta, y la guerra contra España debe ser considerada como la última acción de ella. Ya en 1895 el Secretario de Estado durante la segunda administración de Cleveland, Richard Olney, expresaba en una nota enviada al gobierno británico con motivo de su contencioso con Venezuela:

Los Estados Unidos son prácticamente soberanos en este continente. Su soberanía se extiende a todos los asuntos en los que pueda mediar o intervenir pues las tres mil millas del océano hacen innatural y sin objetivo toda unión duradera entre un Estado europeo y otro americano.

Fue sobre esta interpretación exagerada y ampliada de la Doctrina Monroe sobre la que comenzó a tomar cuerpo la crisis colonial española.

En las elecciones de 1896 venció el candidato republicano William McKinley pero el entorno que le rodeó no fue el más propicio para su mandato. Roosevelt se convirtió en cabecilla del grupo imperialista que propugnaba el abandono de la política meramente continental. Junto a él importantes estrategas navales como Alfred Mahan quien argumentaba motivos de defensa para justificar su actitud, el pastor protestante Josiah Strong o el senador Henry Cabot Lodge.

El comercio y los grandes negocios no se mostraban proclives a la guerra porque podía provocar el desajuste del comercio transoceánico. Por lo que a las clases trabajadoras respecta, se hacía necesario canalizar toda su protesta hacia un objetivo común: la expansión exterior.

En este contexto, la masonería americana se mostraba partidaria de la independencia, en realidad, ya lo había manifestado desde que consiguió asentarse en Cuba pues las logias bajo jurisdicción estadounidense daban cobijo a rebeldes cubanos a los que instigaban a la sublevación.

Por su parte la política colonial de la masonería española era de no independencia. Sólo querían el asimilismo con España, la obtención de los mismos derechos. El comportamiento de la Institución es bien diferente en los dos países. En Estados Unidos se vio favorecida y salió reforzada; en España tuvo que suspender sus trabajos. Los masones americanos del Gran Oriente Español optaron por una postura ambigua: declaraban estar al lado de España y no querer el enfrentamiento armado entre ambos países pero sus acciones se limitaron a un mero intercambio de correspondencia sin ánimo de crear y mostrar opinión. Proclamarse antibelicistas como hizo el presidente Mckinley, a su vez masón, sólo les hubiera ocasionado más problemas de los que ya tenían.

CONTINUARA

FUENTE: https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1659-42232015000200178

Categorías:MASONERIA

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