EDUCACION E HISTORIA

(Hercules en) El Jardín de las Hespérides 

Heracles tuvo que enfrentarse, después de unmerecido descanso, a un trabajo doble. Su primo Euristeo le había encargado buscarel legendario Jardín de las Hespérides y, una vez localizado, traerle algunas manzanas como prueba de que había estado allí. Heracles accedió y viajó por toda Grecia, recopilando pistas que lo llevaban cada vez más al oeste, la misma dirección que había seguido cuando fue a robarle a Gerión sus bueyes. Finalmente, y tras incontables aventuras por toda Europa, el Viejo del Mar (que ha sido identificado con alguna deidad acuática) le confirmó la localización del Jardín y partió enseguida. Hoy se cree que, de haber existido, la localización exacta del lugar sería o bien la antigua Tartessos, en la Península Ibérica, o bien algún valle de la Cordillera del Atlas, en el norte de África.

El Jardín de las Hespérides era una preciosa arboleda llena de flores y fuentes de aguas cristalinas que pertenecía a Hera. La diosa lo había recibido como regalo de su boda con Zeus de parte de la titánide madre, Gea, y sus árboles daban como fruto unas manzanas doradas que otorgaban la inmortalidad a todo aquel que las probase. Eran las Ninfas del Atardecer (Egle (“la Brillante”, Eritía (“la Roja”) y Hesperia (“la del Ocaso”), hijas de los titanes Atlas y Hesperis, las encargadas de custodiar y guardar tan preciado jardín. Eran el símbolo de la caída del sol, como dan a entender sus nombres: ese momento en que el sol vuelve el cielo rojizo y brillante antes de desaparecer. Las Hespérides eran ninfas muy alegres y juguetonas, y además de cuidar del jardín, pasaban mucho tiempo bailando y cantando. Sin embargo, como Hera no confiaba mucho en las ninfas, hizo que el dragón Ladón custodiase la entrada al jardín.

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Heracles desconocía todo esto, y al llegar se dio cuenta de que sería imposible para él entrar y salir, ya que las Hespérides estaban ojo avizor constantemente y no le permitieron la entrada bajo ningún concepto. Intentó colarse por otra entrada que encontró, con tal mala suerte que resultó ser la que custodiaba Ladón. Tras una feroz lucha, el héroe derrotó al dragón, pero la magia de las Hespérides le impidió seguir avanzando, y se vio obligado a retroceder y abandonar el jardín.

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Buscando una solución a su problema, Heracles salió a dar un paseo por los alrededores y se encontró con el titán Atlas, cargando el cielo sobre sus hombros como Zeus le impuso como castigo tras la Titanomaquia. Recordando que las Hespérides eran sus hijas, decidió acercarse a él en busca de ayuda. El héroe le pidió al titán muy amablemente que necesitaba que se adentrase en el jardín por él, ya que necesitaba presentarle a su primo Euristeo al menos una manzana de aquellos árboles. Atlas, que conocía de sobra quién era Heracles y por qué estaba llevando a cabo todos aquellos trabajos, se ofreció a hacerle el favor al héroe con la condición de que sujetase los cielos por él mientras se adentraba en el jardín. Heracles aceptó rápidamente y, haciendo uso de su prodigiosa fuerza, sujetó los cielos durante un buen rato, hasta que el titán regresó con cuatro manzanas doradas en sus manos. Heracles, muy contento, le dio las gracias y le pidió que dejase las manzanas en el suelo mientras ellos cambiaban el cielo de manos. Pero Atlas llevaba demasiado tiempo soportando el peso del mundo sobre sus hombros, y se negó a volver a su puesto. Para salvaguardar el honor de Heracles, sin embargo, se ofreció a llevar a Euristeo las manzanas, pero el héroe no estaba dispuesto a dejar que esto ocurriera. Fingiendo resignarse a su mala suerte, le dijo a Atlas exactamente dónde podría encontrar a su primo Euristeo, agradeciéndole profusamente el favor que le hacía llevando las manzanas por él. Atlas, muy sonriente, asentía y le aseguraba que lo primero que haría sería partir para Micenas sin más dilación para cumplir su encargo. Sin embargo, Heracles comenzó a moverse, molesto, y el titán le preguntó qué le ocurría. Heracles le contestó que la ropa que llevaba le molestaba por la posición que había tomado al recoger el cielo, y le pidió por favor a Atlas que le permitiese recolocar sus vestimentas porque, de lo contrario, sujetar los cielos iba a ser una tarea aún más ardua. El titán se aprestó a dejar las manzanas en el suelo y sujetar el cielo mientras Heracles se recolocaba las ropas. El héroe, incapaz de creer que Atlas hubiera caído en una trampa tan tonta, se arregló la piel de león en último lugar antes de darle las gracias al titán, agacharse por las manzanas y salir corriendo, mientras Atlas le pedía a gritos que volviera. Así, Heracles se apresuró a volver a casa con su preciada mercancía a salvo en un saco de tela.

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Al llegar a Micenas, Heracles mostró a Euristeo las manzanas, quien suspiró, exasperado porque no era capaz de encontrar una sola tarea que su primo no fuera capaz de cumplir. Atenea se manifestó entonces en el palacio para pedirles las manzanas ahora que Heracles había cumplido su trabajo, ya que el don que otorgaban no era algo que debiera obtenerse tan a la ligera. Ni Heracles ni Euristeo osaron contradecir a la augusta diosa, y cuando ella desapareció llevándose las cuatro manzanas doradas, Euristeo despidió a su primo con un gesto de la mano. Tenía por delante una ardua tarea: encontrar una misión lo suficientemente difícil como para que Heracles muriera en ella, y esta vez debía ser algo definitivo, ya que el héroe ya había completado once trabajos, y el siguiente, el duodécimo, era el último a realizar según había estipulado la todopoderosa Hera.

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Como curiosidad, cabe señalar que muchos investigadores piensan que las manzanas doradas eran en realidad naranjas y que el mito habría nacido después de que los griegos conocieran la existencia de este fruto, que no existía entonces en Grecia y que fue sólo conocido allí tras las expediciones hechas a la Península Ibérica.

FUENTE: https://olympic-universe.tumblr.com/post/113443604742/heracles-ix-el-jardin-de-las-hesperides

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