MASONERIA

Sobre la ORDEN CABALLEROS DE LA LUZ

Tomado de libro “Nuestras Raíces” bajo autorización de su autor, el hermano GLP. Jorge Portuondo

Las sociedades secretas, que nacieron de las necesidades y de la naturaleza de los hombres, han existido desde el comienzo de la historia.
La Ciencia y todas las ideas religiosas heréticas, tenían que ocultarse; pero, a pesar de ello, el alma humana no dejaba de estar en plena actividad, y aún se oía la voz de la gran Orden secreta de la Masonería que, protegida por la Iglesia, aunque independiente de ella, invitaba a la libertad de pensamiento.

Y la Masonería se ensanchó rápidamente, después de haber roto con la Iglesia, desde la persecución de los Caballeros Templarios y el trágico martirio de Jacobo De Molai y empezó a acusársele de amparar herejías que al paso inexorable de los tiempos y con una conducta en bien de la humanidad, ha servido en afianzarla ante los pueblos como la Institución más caritativa, patriótica y defensora de la sociedad.

Y por la protección de los masones de la regularidad de las sesiones y por estar hermanados y compenetrados, en un mismo Templo masónico, con las autoridades norteamericanas y españolas, unos masones cubanos, nuestros fundadores, decidieron crear la Orden Caballero de la Luz, para que solo, entre cubanos y otros, que ansiaban la independencia, pudieran hablar de sus sueños, aspiraciones y luchas, sin herir a sus hermanos de otras nacionalidades y sin provocar intransigencias.

La Orden no tiene, aparte de sus ritos, misterio alguno que guardar, excepto el de todas las cosas sublimes. Busca la libertad para que el hombre y especialmente el cubano, se realice plenamente. La colectividad fraternal es uno de los aspectos de la búsqueda, y conserva la tradicional doctrina de que los hombres deben unirse para ir en pos de lo único digno de ser hallado, con objeto de que cada cual pueda participar de la fe de los demás y hacer que todos juntos podamos lograrlo.

La unión perdura solamente cuando se basa en una completa armonía, en una amplia confianza mutua, en una aspiración, hacia un mismo ideal y con el mismo programa de acción. Cuando se traduce una verdadera ayuda recíproca para cada uno y de cada uno. La gloria de la Orden, no se funda en ser oculta o secreta, sino por el contrario, en ser accesible a todo el mundo y en hacer hincapié en realidades tan necesarias al hombre como el aire y la Luz natural. Su misterio es de un género tan alto que fácilmente pasa desapercibido; su secreto, demasiado simple para que pueda encontrarse.

Los signos y señas tienen un valor incalculable, porque se expresan en un lenguaje conocido por todos nuestros hermanos y porque no pueden perderse mientras los retenga la memoria. Si quien los posee es desterrado, naufraga o se encuentra encerrado en una prisión; si a quien los conoce le despojaran de cuanto tiene, estas credenciales le servirían cuando lo requiriesen las circunstancias. En el campo de batalla, en las montañas, en la soledad de las cárceles o en las aglomeraciones de las ciudades, han hecho el milagro de que los hombres que sentían los más hostiles pensamientos, profesaban las religiones más opuestas y pertenecían a clases sociales distintas, corrieran a ayudarse mutuamente y sintieran la alegría, la satisfacción de haber podido prestar ayuda a su hermano.

Si tuviésemos presente la lección, corregiríamos nuestros juicios, mejoraríamos nuestras reglas y cultivaríamos ese espíritu de Amor Fraternal que es la fuente de donde manan todos los esfuerzos voluntarios en pro de lo que es justo y verdadero: la unión en lo esencial, la libertad como expresión plena, porque el Amor es siempre un solo lazo, una ley universal, una fraternidad en espíritu y en verdad.

Continuamente y siempre que han sido amenazados los derechos del hombre por sus enemigos, la Orden ha montado guardia, conservando las luces de sus altares como hogueras de libertad. Ella nos enseña a amar a la Patria, con el amor arrullado por el heroísmo de nuestros antepasados que hicieron posible la República y para realizar el heroísmo del presente y del futuro.

Quien reconozca los poderes espirituales del humanismo y amen las fuerzas que laboran por el bienestar social, la grandeza nacional y la belleza, debe reconocer también el espíritu de la Orden Caballero de la Luz y su labor en pro de la vida superior de nuestra Nación y de la humanidad. La Verdad ha de triunfar al fin. La Justicia reinará victoriosa sobre la crueldad y el mal. Y, por último, el Amor será la fuerza que gobierne desechando todos los temores, odios y maldades y curando con la medicina de la compasión el dolor de la humanidad lacerada.

El poeta masón Roberto Burns nos dijo:
Hinquemos la rodilla en tierra y oremos, para que, a pesar de todo, llegue un día en que todos los hombres sean hermanos”.

La Orden Caballero de la Luz es una actividad emprendida por hombres y mujeres íntimamente unidos, que, empleando formas simbólicas, trabajan por el bienestar de la humanidad, esforzándose por mejorarse a sí mismos y mejorar a los demás, con objeto de constituir una liga universal de la familia y de la sociedad, de la cual somos actualmente una microscópica representación. La vida es como un templo en construcción y por eso luchamos por lograr la pureza del carácter y la estabilidad de la sociedad.

Por lo tanto, la Orden realiza su obra fundamental en pro de todas las elevadas empresas, cuando dedica sus energías e influencias benignas a ennoblecer las almas de los hombres y mujeres, en vez de identificarse con proyectos particulares de reforma de la humanidad y verse envuelta en el estruendo interminable de las disputas, lo cual haría que se apartaran de su seno los que deben ser redimidos.

Mientras la Orden triunfe, todas las causas nobles triunfarán y si fracasa, fracasarán todas las causas nobles.

La Orden es un centro de fuerza espiritual y moral que, no sólo emplea su fuerza en proteger a las viudas y a los huérfanos, sino también en la empresa, más importante aún, de acabar con la causa de su dolor, haciendo generosos, justos y buenos a los hombres. 

Los miembros de nuestra Institución encuentran su satisfacción en los beneficios que hacen, en los servicios que prestan, en las felicidades que reparten, en las lágrimas que enjugan y en los consuelos que dan a los afligidos. Ellos no tienen odio ni rencor, ni deseo de venganza; perdonan y olvidan las ofensas. No procuran hacer valer sus dotes con detrimento de otros. No hacen a sus hermanos lo que ellos no desean para sí. La Orden Caballero de la Luz no es un partido, ni una secta, ni un culto, sino una Institución de hombres y mujeres escogidos, iniciados y juramentados para hacer prevalecer la razón y la voluntad de Dios.

Es una Orden que combate por lograr el Amor Fraternal entre todos los que habitan nuestra tierra, sin venganzas ni violencias, suavizando los corazones e induciendo a sus integrantes a mejorar su carácter. Somos una familia donde pueden unirse todos los hombres y mujeres, para que cada cual participe de la fe de los demás.
Las religiones son muchas; la religión, una sola.

Es Dios que se expresa en el alma del ser humano en todas las formas del amor y del deber. Nuestra religión es el espíritu de todo pensamiento. La parte más bella de la Orden Caballero de la Luz es su llamamiento a la fraternidad y a la unidad entre las variedades de opinión. Manteniéndonos por encima de las sectas y los credos, hemos enseñado a todos los que integran nuestras filas cómo deben respetarse, sosteniendo un principio más amplio: el de la santidad del alma y el deber de reverenciar o de considerar, por lo menos caritativamente, todo cuanto los demás creen sagrado.

Nuestra Orden no fue fundada para dividir a los hombres, sino para unirlos, dejando que cada uno piense libremente en lo que quiera y que forme por sí mismo su concepto de la Verdad. Los hombres justos y de buen corazón pertenecen a una sola religión y por eso sobre todos los dogmas que dividen, sobre todas las intolerancias que ciegan, se escribirán las sencillas palabras de la única religión inmortal: la Paternidad de Dios, la fraternidad humana, la ley moral y la esperanza de una vida eterna.

Reconocemos como hermanos a todos los hombres que sigan el camino de la virtud y crean en Dios. La Orden Caballero de la Luz se asocia a la visión espiritual de la vida y del mundo por estar más de acuerdo con los hechos de la experiencia, los principios de la sana razón y la voz de la conciencia. Se trata de mantener viva en nuestros corazones la confianza en la bondad de Dios, en el valor de la vida y en la divinidad del alma. El modo de vivir es lo que importa verdaderamente. El hombre tiene siempre que superarse en levantar el edificio de su vida. Y la vida en virtud es realización de la existencia.

Es el Templo al que aspiramos. Si ejercitamos el amor fraternal aprenderemos a considerar a todo el linaje humano como una familia; a los altos y a los bajos; a los ricos y a los pobres y a los de diferentes razas como creados por un Ser único y omnipotente, y enviados a la tierra para ayudarse, soportarse y protegerse mutuamente.

La Orden Caballero de la Luz fomenta la amistad entre quienes, de otra manera, hubieran permanecido distanciados. Y los que estamos llenos de esa amistad, que perfecciona, podemos indagar la razón de la existencia de nuestra Institución. Cada cual debe ir a su semilla, debe buscar el terreno donde el sembrador hizo su tarea para recoger los frutos y para fortalecer las raíces y aprender de ellas que solo con un buen cimiento se logra un edificio fuerte y una recogida provechosa.

Como dijera en 1983 nuestro Hno. Orlando Peralta Herrera:
“¡ Salve Maestro ! la Patria agradecida te saluda, vive tu memoria en el corazón de tus hijos espirituales, las sabias enseñanzas por ti impartidas a las generaciones de tu suelo, laten en nuestros ideales y aún repercute en nuestros espíritus tu evangélica voz, y vibran todas nuestras sensibles fibras cuando resuenan como ecos de trompetas admonitorias tus aforismos, “ que no son para las almas vulgares”, que son lanzas de erudición y de saber que arremeten contra las hordas salvajes de la ignorancia y la ambición, que son baluartes inexpugnables donde se escudan la moral, la justicia y todos los elementos constitutivos, básicos y eternos del hombre, la familia y la sociedad”.

“ ¡ Salve Maestro ! Silencioso fundador, que a solas ardías y centelleabas y te sofocaste el corazón con mano heroica, para dar tiempo a que se criase de ti la juventud con que se había de ganar la libertad que solo brillaría sobre tus huesos, y que de la piedad que regaste en vida, has creado desde tu sepulcro, entre los hijos más puros de la Patria, una religión natural y bella, que en sus formas se acomoda a la razón nueva del hombre, y en el bálsamo de tu espíritu a la llaga soberbia de la sociedad …”.

FUENTE: https://www.solesyrayosdeoriente.org/sample-page/sobre_la_orden/

Categorías:MASONERIA

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