MASONERIA

INGRATITUD Y EGOÍSMO.

EXTREMOS DE LOS PARES DE OPUESTOS GRATITUD Y ALTRUISMO
COMO TERNARIO CONCILIADOR:
JUSTICIA EN LA IGUALDAD
Por el Q.:H.: CARLOS BRAY MAURICE
Cent.: Aug.: y Resp.: Log.: AURORA DEL PARAGUAY Nº 1

Como se sabe, el EGOÍSMO consiste en el inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin ocuparse del de los demás, orillando la egolatría que es el culto, adoración o amor desmedido de sí mismo.

Ya al final del S XVIII a esta rémora de manifestación o exteriorización del pensamiento – desde el punto de vista filosófico – se la presenta y conceptúa en tres acepciones básicas: la especulativa, la práctica y la sistemática. La primera, o sea, la especulativa comprende al egoísmo metafísico y el psicológico. En metafísica es el idealismo subjetivista, donde no se afirma otra realidad que la del yo que piensa, desplazando o soslayando a la oscuridad de lo dudoso y hasta de lo ilusorio la realidad de todo lo demás o la del no-yo. Mientras que la acepción práctica del egoísmo tiene lugar y particularmente según Kant, en tres formas distintas: la lógica, la estética y la moral. Explica dicho filósofo que hay que distinguir entre el EGOÍSMPO LÓGICO (en el cual se mantiene el propio juicio sin considerar el de los demás), el EGOÍSMO ESTÉTICO (en el cual se afirma el propio gusto), el EGOÍSMO MORAL (en el cual el individuo se confina a su propia acción) y el egoísmo metafísico (en el cual se rehúsa reconocer la existencia, o justificación de la existencia, de otros “yos” o de la “realidad externa”). Hoy día a este último se lo llama a veces “solipismo”.

Finalmente en su acepción sistemática, el egoísmo es concebido como teoría ética que sienta como principio que el hombre ha de buscar en todo y de manera excluyente su propio bien e interés personal y evitar por el mismo caso cuanto le perjudique o cause dolor. O sea, que se consideran buenas o benéficas las acciones personales solamente por el efecto que causan en su persona. De esa manera el egoísmo sistemático puede revestir múltiples formas, caracterizadas sólo por la utilidad personal.

No puede dejar de mencionarse por su connotación preocupante el aporte intelectual de Francisco de La Rochefoucauld (1613-1689), cuando en su obra titulada “Máximas”(publicada por vez primera en 1665), se ocupa de desarrollar su TEORÍA EGOÍSTA, soslayando o pasando por encima de la experiencia y hasta el propio sentido común, las manifestaciones del lenguaje universal y las consecuencias a que conduciría su enfoque intelectivo. Sostiene dicho pensador, escritor y filántropo francés – Príncipe de Marcillac – que al final de toda explicación o a la postre, el AMOR PROPIO es el único móvil de todas las acciones humanas; que no puede dar más de sí la voluntad; que la misma sólo va “donde el interés propio lo solicita”. Y ocupándose de todas las virtudes o “pasando revista” de las mismas, la voluntad se empeña en hacer ver que son todas ellas sólo puras variantes de egoísmo, dando como ejemplo que: “la gratitud es como la buena fe de los comerciantes, que ayuda a mantener el comercio”; “la liberalidad es la vanidad de dar”; “la amistad más desprendida, no es sino un negocio en que el amor propio se promete ganancia”; “la misericordia es un prevenirnos hábilmente contra los males en que podamos vernos”; de suerte que todas las inclinaciones brotan del amor propio, o sea “el amor de sí y de todas cosas por sí propio”. Obviamente se trata de un pensamiento profundo pero desarrollado desde una perspectiva subjetiva y por ende limitada y falible.

Sólo la profundidad del pensamiento filosófico nos lleva a la convicción de lo negativo de toda justificación de cualquier antivalor, porque al decir de Aristóteles de que la filosofía es la ciencia que se afana en la búsqueda de los primeros principios y de las causas últimas, y que por ende deviene en extremo abarcante ese largo camino del saber, se puede percibir el descamino de la sobrevaloración del amor propio como justificante de las acciones egoístas.

Esa insistencia en centrar las actividades en torno a lo que se cree ser su propio provecho, que caracteriza al egoísta, conviene aclarar que no siempre entraña un desprecio completo de los demás, porque puede llevar implícita la preocupación por el bienestar de alguien cuya felicidad considere también como cosa propia. Y es precisamente ese desconocer lo que los otros o los demás reclaman o pueden reclamar también como de su derecho, lo que caracteriza o desnuda al egoísmo. Se tiene así otra división del egoísmo, entre el absoluto y el relativo, pero egoísmo al fin.

El egoísmo tiene como vocablos sinónimos, a saber: egolatría, personalismo, egotismo, narcisismo, egocentrismo, individualismo. También: mezquindad, ingratitud, indiferencia, avaricia, voracidad, ruindad.

La INGRATITUD que no sólo consiste en la falta de gratitud, que podría configurar la indiferencia u olvido, se caracteriza realmente por el desagradecimiento consciente o desprecio de los beneficios recibidos; y que si bien puede decirse que guarda relación estrecha con el egoísmo, por ser sinónimo del mismo, sin embargo presenta diferencias sustanciales. Dicha manifestación del espíritu sólo cabe presentarse después de haberse recibido alguna ayuda o beneficio de una tercera persona o personas, desconociendo o soslayando toda empatía para con el beneficiador. Ello porque justamente la gratitud es el sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera. Es sinónimo de reconocimiento, correspondencia, lealtad y condice estrechamente con el sentimiento de amistad.

En iconografía se la representa con la figura de una mujer que tiene en una mano un pequeño ramo de flores de habas (legumbre que al decir del Plinio, adoba la tierra que la produce); teniendo cerca de sí a una cigüeña, símbolo de la piedad filial y a un elefante, animal que nunca olvida los favores recibidos. De allí el dicho de tenerse la memoria de un elefante.

El ALTRUISMO es la diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio. Es sinónimo de generosidad, de desinterés, nobleza, hidalguía, bondad.

Como puede apreciarse, ambos antivalores – ingratitud y egoísmo – configuran manifestaciones de sentimientos, o la forma censurable y perniciosa de exteriorización del temperamento y que da connotaciones negativas al carácter de cada persona. Obviamente y si se actúa con coherencia – o sea guardando una actitud lógica y consecuente con conductas anteriores – no se puede ser al mismo tiempo con una persona determinada grato e ingrato, o egoísta y altruista. Si así lo fuere pero con distintas personas, ya se trataría de otro campo o aspecto de la personalidad, que guardaría relación con la envidia, celotipia u otros antivalores.

Definidos y explicitados convenientemente los estados anímicos precedentemente mencionados, para una adecuada encaminadura del propósito de la presente plancha, deviene también necesario desarrollar el concepto de IGUALDAD en su complejidad de entidad socio-cultural, como vital entelequia o fin u objetivo que completa y perfecciona toda convivencia pacífica. Sabido es que la igualdad es fruto de una especulación intelectiva de carácter netamente filosófico, porque llevado al campo práctico científico, no existe igualdad alguna por su ilusoria relevancia en dicha perspectiva. No existen dos células iguales en un mismo cuerpo orgánico, ni siquiera en el mismo órgano. La igualdad se alega para paliar injusticias, pero puede con facilidad acontecer lo contrario, que so pretexto de igualdad, se cometa una injusticia al no reconocer méritos al que lo tiene y pretender equipararlo con los que no lo han logrado al mismo nivel. Por algo el nivel y la plomada tienen connotación simbólica.

La fuente mediata del derecho masónico, conocida como “Los Antiguos Límites” o “LANDMARKS”, ya se ocupaban de la igualdad en su vigésima segunda marca. En este punto cabe mencionar que en el libro: “Derecho Masónico – Edición reservada exclusivamente para Masones” de JOSÉ QUEZADA MELÉNDEZ, se lee: “22ª.marca.- La igualdad de todos los masones. Mackey alude a la de los masones, en un aspecto religioso. Pike la centra en el nivel, reflejado en el mosaico. Cox, con más propiedad, lo destaca como la “Igualdad de todos los Seres” y la perfila en su carácter subjetivo, espiritual, diferente de la igualdad material” (o.c., a.c., pág. 26, Edit. Jurídica Ediar-Conosur, Chile). Con ello se está significando el evidente enfoque y contenido espiritual principista de lo que debe entenderse por igualdad, y no la equiparación de lo igual por el aspecto material o de tangibilidad.

En el “Diccionario de Sociología” teniendo como editor a HENRY PRATT FAIRCHILD de la Philosophical Library de Nueva York, obra ésta fruto de la labor intelectual de tres consejeros y cien colaboradores, el vocablo igualdad – buscando definir el concepto – significa: “Semejanza de estatus social, derechos, responsabilidades y oportunidades; principio ideal, realizable en cuanto afecta a la estructura social, pero en pugna con las consecuencias de los principios de libertad y competencia que conducen a la selección, gradación y desigualdad sociales. Existe oportunidad igual para llegar a ser igual”. O sea, el tenerse la oportunidad y posibilidades de llegar a ser igual, pero no tenerse la seguridad de alcanzar a serlo, que es cosa bien distinta o diferente. La igualdad de oportunidades no necesariamente da la igualdad de resultados, y son esos resultados los que en su momento y oportunidad deben ser ponderados para ser recompensados. Eso en un Estado de derecho o en cualquier ambiente de significación organizativa donde campee la justicia.

Si se pretende nivelar desigualdades bajo el ropaje de una alegada moralidad, se estará desnivelando merecimientos y con ello cometiendo injusticias. De allí la definición de Justiniano: “Justitia est constans et perpetua voluntas ius suum quique tribuens” (La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo). Al decirse dar a cada uno lo suyo, obviamente connota el darse lo que se merece o corresponde, y no de repartirse o darse de manera igual a todos, o prorratear aritméticamente per cápita. Y ese darse a cada uno lo que se merece o corresponde, a su vez tiene sus connotaciones o particularidades. En el Diccionario de Filosofía de JOSÉ FERRATER MORA, al explicar el significado del vocablo justicia, al respecto dice: “..Chaïm Perelman bajo la forma de una “dilucidación formal” de la noción de justicia… puede haber seis tipos de afirmación:

1) A cada uno lo mismo.
2) A cada uno según sus méritos.
3) A cada uno según sus obras.
4) A cada uno según sus necesidades.
5) A cada uno según su rango.
6) A cada uno según lo atribuido por la ley (que puede ser entendida o formalmente o como algo que tiene primariamente un contenido)… todas estas concepciones son incompatibles entre sí… Entonces nos aparece el concepto de justicia como “un principio de acción según el cual los seres de una misma categoría esencial deben ser tratados del mismo modo”.(a.c., o.c., T II, pág. 1982, Edit. Ariel S.A.-Barcelona, año 2004). Y ese tratamiento de igual modo a los seres de una misma categoría esencial es lo que caracteriza a todo acto de justicia. El no hacerlo así configura una injusticia.

Aunque los sentimientos de igualdad y de justicia guardan connotaciones similares, no lo son, debiendo prevalecer lo justo sobre lo igual. Y lo justo, lo dado con justicia, obviamente configura la antítesis de lo resuelto con egoísmo, reflejo o prolegómeno de la ingratitud, a su vez hija del orgullo y la vanidad.

Lo justo y lo prudente van de la mano. La prudencia es la virtud que enseña a discernir lo bueno de lo malo, para seguirlo con acciones en el primer caso o rechazar todo accionar en el segundo. Ya Sócrates ha dicho que aunque la prudencia no reúna o resuma en sí todas las virtudes, “sin ella sin embargo, no existe ninguna virtud completa”. Se la ha definido también que “es la experiencia del pasado aplicada al porvenir”. En el “Diccionario Enciclopédico de la Masonería ” de LORENZO FRAU ABRINES, se lee: “El orgullo y la vanidad son los escollos más temibles de la Prudencia ”. Los mitos hicieron de ella una divinidad alegórica y como a Jano “le dieron dos rostros, uno mirando al pasado y otro al porvenir; significando que es la reunión de la memoria al entendimiento y de la experiencia a la previsión”(o.c., T II, pág. 1.208, Edit. Del valle de México).

El regio escritor MARCO AURELIO (121-180), en su obra “Pensamientos”, publicada por la Editorial Espasa-Calpe bajo el título “Soliloquios o reflexiones morales”, en su Libro Sexto con acierto expresa: “Mira bien, no te transformes en César de pies a cabeza, ni te revistas de este carácter de soberanía y majestad, como suele suceder; consérvate, pues, en un aire de simplicidad, de bondad, de entereza, de gravedad, de seriedad; prosigue siendo amante de lo justo, religioso, benévolo, sincero en tu afecto, constante y esforzado en el cumplimiento de tus obligaciones”, para más adelante agregar: “Insistamos en persuadir a nuestros prójimos “lo que sea justo y razonable”, ni dejemos de hacerlo, bien que se resistan, cuando así lo pida el derecho de justicia”. Con ello Antonio Vero, Verísimo al ser adoptado por Antonino, trocando finalmente su nombre por el de Marco Aurelio al llegar al Palacio Imperial, dotado de doble celebridad: como Príncipe excelso y como profundo pensador dedicado desde muy joven al estudio y a la filosofía, y no descuidando sus especulaciones ni en la cumbre del poder, ya nos está indicando el camino de la rectitud para la aplicación de la igualdad con justicia.

Moraleja: Como consecuencia del precedente enfoque valorativo del actuar conforme a la realidad inmanente con la verdad, y no a su desnaturalización subjetiva, se rescata que no debe procederse en forma caprichosa sino prudente. Esa proclividad a toda pretensión de buscarse equiparaciones o nivelaciones forzadas, en situaciones que se reducen y limitan al campo meramente comparativo en el ámbito material, cuando se las quiere aplicar en lo espiritual o intelectivo, resulta no sólo inapropiada, sino perniciosa al afectar valores humanos de contenido ético.

Asimismo, el tratar de condicionar la cuestión de lo comparable o comparativo al mero trascurso del tiempo o factor temporal como determinante de lo meritorio, configura una demostración de chatura intelectual o morbo afectivo. Y si se descamina en esa apreciación limitada o circunscripta a un solo aspecto de los presupuestos valorativos, se corre el riesgo de desmotivar, desalentar y hasta de desilusionar a los afectados, llevándolos al descontento, en detrimento de ese tan necesario aporte o contribución lógicamente esperados por la Orden de que todo obrero esculpa la piedra contento, porque sólo así se pueden cerrar los trabajos del Taller, pero que en nada inciden en la búsqueda de la verdad transitando al Oriente, al decir del ilustre hermano JOHANN WOLFGANG GOETHE (Juan Lupercio Goethe) (1749-1832),

“No basta dar pasos que conduzcan a la meta;
es preciso que cada paso sea una meta,
pero sin dejar de ser un paso”.

Publicado por Paulo Del Rio Altamirano

FUENTE: http://siempreaprendizmason.blogspot.com/2008/12/ingratitud-y-egosmo.html

Categorías:MASONERIA

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