MASONERIA

¿PARA QUÉ DEBE SERVIR LA MASONERÍA?


El último relevo en este periplo por el Grado de Aprendiz es intentar responder a una pregunta final:
¿para qué sirve la Masonería?

Mas antes de comenzar la exposición me encuentro con una dificultad, pues como ustedes QQ.·.HH.·., a
medida que se profundiza y estudia la historia de nuestra querida Orden, os iréis enterando de que se ha
usado con múltiples fines a lo largo del tiempo: religiosos, políticos, culturales, económicos, científicos
o filantrópicos. Y ahora cabe preguntarnos: ¿cuál de estos fines debemos analizar? Hasta ahora, ninguno:
porque no está bien planteada la interrogante. La pregunta propia es: ¿para qué debe servir la Masonería?
Para intentar responder a esta pregunta es necesario apoyarse detenidamente, de nuevo, en el Ritual,
intentado ofrecer un conocimiento apropiado de lo que significa ser masón y cuáles son, por tanto, los
compromisos masónicos que debemos adquirir.

No solo existe lo que vemos. La intuición científica humana señala que el universo es «infinito» y en ese
saco inmenso del infinito no solo cabe lo que hoy conocemos, sino todo lo que la ciencia nos pueda ir
descubriendo.

Pero hay algo que no cabe ahí dentro de ese saco de realidades, sino que está fuera, y tiene que estar
fuera porque es una realidad de otro orden, de otro nivel el cual exige precisamente que no se la
considere como algo que se pueda ver, que se la pueda comparar como algo igual a todo lo que
observamos, a todo lo que podemos suponer y a todo lo que podamos identificar por sus características
individuales. Es decir, se trata de un «algo» que está escondido a nuestra manera de ver, de analizar y de
interpretar. Este algo es exactamente el autor y fabricante de todo cuanto existe. Es el autor del universo,
el que hizo que existiera cuanto hay. Las religiones lo llaman Dios, en el mundo esotérico lo denominan
Gran Espíritu, la filosofía lo considera la Gran Causa y en la Masonería lo designamos como el
G.·.A.·.D.·.U.·., el Gran Arquitecto del Universo; con ello estamos aclarando a los demás, que los
masones no sabemos qué cosa es Dios, pero sí sabemos que es lo que hace: hace aparecer el universo.
Si ya sabemos que existe el Ser Supremo, porque es el único posible autor del universo, ya no nos
puede ser indiferente nuestra relación para con él. La referencia de Creador a criatura nos relaciona y
esto debe hacernos reflexionar sobre cómo debe ser esta situación paterno-filial.
Justamente esta relación de filiación frente al Ser Superior, es el comienzo de la masonería. Y esta es la
base de lo que resta de disertación sobre el Grado de Aprendiz en el cual abordaré sucesivamente qué es
la Masonería, de qué modo interfiere la Masonería en la vida de cada uno y qué se deduce de esta
relación.

A lo largo de nuestra vida de masones oiremos cualquier cantidad de respecto. Unas
salidas del continuo trabajo de reflexión y otras que se ubican en la emoción que embarga al masón, que
está en contacto con un mundo de realidades transcendentales. Unas definiciones aparecen con más
fundamento que otras, pero todas son viables.
Mas, nosotros nos regiremos por nuestro libro sagrado, nuestros rituales, y es allí donde podemos leer
la primera definición que nos atañe: «¿Qué entendéis por Masonería? El estudio de las ciencias y la
práctica de las virtudes». Conseguir una definición más breve y más clara, es algo imposible. Dos
elementos (estudio y virtud) nos aparecen para rellenar y ocupar la vida del masón, porque estas dos
palabras señalan el ritmo de la vida masónica. El estudio nos hace comprender y querer el suelo que
pisamos y lo infinito que tiene el universo; y la virtud se apoya precisamente en ese conocimiento para
responder a esa grandeza con un esfuerzo de la voluntad tan significativo y grande, que le permita
merecer eso mismo que conocemos. El planteamiento masónico, por lo tanto, queda así: estudio,
admiración, virtud. Es decir, la palabra clave es «admiración» porque en admiración tiene que terminar
el estudio y la misma admiración tiene que ser la razón que nos motive a la consecución y al ejercicio de
la virtud.

El estudio del masón no está orientado a conocer y a opinar sobre lo que dicen los libros; eso es un
estudio universitario; el estudio masónico va más allá, mucho más allá, porque debe llevarnos a
descubrir lo infinito del universo; infinito que no puede quedar reducido a lo deslumbrante y maravilloso,
sino que por el contrario, debe provocar y agotar toda la capacidad de admiración y de sorpresa que uno
siente en su interior; finalmente esta admiración debe convertirse en faro de luz desde la cual se ilumine
toda nuestra vida.

Sí, estudio y virtud. La alternativa del uno es la otra. Y cuando el masón entre estos dos polos, su vida
de simples ciudadanos es limpia, porque su camino ya no tiene espejismos ni posibles tentaciones; esa
vida es libre porque uno siempre siente la necesidad de buscar lo mejor; y es una vida feliz porque uno
se lanza a buscar su propio camino con la garantía y seguridad del verdadero éxito.

De la práctica de este binomio «estudio y trabajo» nacen las dos mejores cualidades que pueden definir
y adornar a todo masón: «ser libre y de buenas costumbres».
Mas esto no es tan fácil de conseguir. Detrás de cada paso que queramos dar.

Hay tres grandes obstáculos que debemos superar: el fanatismo, la superstición y la ignorancia, tres
situaciones que nos hacen difícil avanzar por el camino que debe seguir el masón, y que pueden
desanimarnos en el proyecto de seguir la Luz. Es el momento de pedir ayuda y, según el mismo ritual,
debemos recordar aquellas palabras de la Biblia: «Pedid y se os dará; buscad y encontrareis, llamad y os
abrirán».

Como podemos ver, la Masonería tiene por base la razón y de allí su carácter eminentemente universal,
por eso es madre de la historia y consejera de todos los pueblos. Su mensaje es el más digno y su
proyecto el más asombroso. Nos corresponde a cada uno de nosotros hacerlo posible yreal.
Llegados a este punto, y abordado lo que es la Masonería, debemos enfrentarnos al segundo objetivo
fijado, el análisis de la interacción entre vida humana y pensamiento masónico.

Quién ya entró a formar parte de la Orden Masónica, con la recepción del grado de Aprendiz, su vida
pasó a ser un acto consciente y serio, pues tiene un compromiso de juramento, dando cabida en su
estructura a ciertas inspiraciones de contenido masónico; por eso el ritual de este primer grado señala, al
respecto, algunas actividades en las que se combinan elementos de ambos lados, es decir, de inspiración
masónica y de esfuerzo humano.
Veamos, pues, algunas de ellas:

En primer lugar, el ritual señala expresamente que el sabio que se hace admitir en una sociedad
misteriosa, adquiera en ella una instrucción que no poseía, y el hombre menos apto recibe, para aprender,
constantemente fecundos principios de luz.

A cambio de este aprendizaje se le exige al nuevo masón que aporte salud, fuerza y unión. Pero, ¿qué
significado tienen estas palabras? La respuesta es muy sencilla: el mismo que en nuestra vida profana,
pues la Logia o taller de trabajo del que se forma parte está constituido por los QQ.·.HH.·. que llegaron
antes al mismo, pero que de todos modos necesitan de la colaboración del nuevo masón para todas y cada
una de las actividades que allí se van a realizar y de las que todos, veteranos y neófitos, son parte.

En segundo lugar, se convida a vencer las pasiones y a someter la voluntad por una actitud consecuente
que nos exige el estudio y la virtud; pero como la ignorancia es perjudicial para la felicidad de los
hombres, es precisamente por lo que al masón se le ha dado la luz necesaria para que pueda superar sus
deficiencias, ya que la luz es el emblema de todas las virtudes y el símbolo del mismo G.·.A.·.D.·.U.·..

Ahora bien, como esta tarea es tan difícil y tan ardua, la Masonería nos facilita y nos invita a usar estos
instrumentos, cuya garantía está respaldada por los siglos que la masonería tiene de actividad.
Estos instrumentos son:

En primer lugar, la invitación a estudiar y a reflexionar sobre el significado de la escuadra, nivel y
perpendicular.

En segundo lugar, la oportunidad de la cámara de reflexión, donde pudimos quedarnos a solas de una
manera brutal y sincera para hacer un alto en el camino de la vida y así poder aprender a reflexionar
sobre esto que llamamos «vivir», actividad que se debe repetir tantas veces como sintamos que nos es
necesaria.

En tercer lugar, el recuerdo permanente de la ignorancia perjudicial como manera de estar prevenido
para no descansar en la lucha contra los hábitos que pueden ir aflojándonos ante la tarea que tenemos por
delante: la búsqueda de la perfección.

Por último, la reflexión a que nos conduce y la luz que nos da el segundo precepto masónico, al que
siempre he considerado como «la Regla de Oro de la Masonería», que nos pide combatir las pasiones
que deshonran al hombre y le hacen infeliz, en practicar las virtudes mas dulces y bienhechoras, en
socorrer a nuestros hermanos, en prevenir sus necesidades, aliviar sus penas y asistirles con nuestros
consejos y nuestras luces, de manera que lo que es una rara cualidad en un profano, para el masón sea
únicamente el cumplimento de un deber. Cada ocasión de ser útil que no sea aprovechada, es una
infidelidad que se comete, cada socorro que se rehúsa a un hermano, es un perjurio. Si la dulce y consoladora amistad tiene su culto en nuestros Templos, no es tanto por ser un nombre sentimiento como
por ser un deber.

La orientación a conseguir las diferentes clases de virtudes, como consecuencia de haber luchado contra
las situaciones difíciles que se nos presentan, por eso, nos dice el ritual, que virtud es el esfuerzo que
domina las pasiones y que ser virtuoso es ser feliz; y a continuación añade una profunda reflexión cuando
afirma: «Una voz interior le indica al ser humano que las fuerzas del alma le han sido dadas para
emplearlas en el servicio del bien. La práctica conforme a este sentimiento, es lo que indica la palabra
virtud».

A modo de sinopsis, debemos recordar que virtud es para nosotros la superación de la vida profana
para elevarla a un plano espiritual. Además, la lucha abierta y por todo el frente contra cualquier vicio es
también virtud. Por lo tanto la virtud, ante todo, exige sacrificio y esfuerzo.

Una ver establecidas las pautas de interacción entre la vida y el pensamiento masónico, ya solo nos
resta responder a una última pregunta: ¿Qué se consigue viviendo conforme a los principios masónicos?
En este sentido, el ritual nos señala también las respuestas adecuadas, permitiéndonos encauzar nuestros
camino y evitando así que ni busquemos ni nos detengamos en lo que realmente «no es».

La primera respuesta del ritual no dice: «Porque estaba en tinieblas y deseaba conocer la luz». Frente a
las tinieblas está la luz. Frente a un vivir cotidiano y monótono, donde las mismas tareas son repetidas
día tras día, la actitud de la virtud rompe con la rutina y nos brinda un nuevo «estilo de vida», que nos
permite hacer que cada nuevo día sea distinto del anterior, ya que cada día debe ser mejor que el anterior.

La Masonería, pues, es «un estilo de vida», que es más o menos avanzado según el trabajo espiritual de
cana uno y que se hace patente en la forma de comportarse cada día y en cada uno de sus momentos, de
los cuales el resto de los QQ.·.HH.·. son testigos. Recibir la luz nos permite, por lo tanto, distinguir entre
una vida normal, como la que cualquier hombre ha tenido hasta el momento de su iniciación, y una vida
nueva orientada a las conquistas de la virtud.

La segunda respuesta dice: «Para ser un hombre libre, amante de su patria, fiel a las leyes y amigo de
los hombres cuando son virtuosos».

Hemos de tener presente pues el hecho de que «somos miembros de una asociación en la que tenemos
HH.·. y amigos que encontrarán la felicidad en la nuestra, nos consolarán en nuestras penas y estarán
armados para defender nuestra vida y nuestro honor».

Muchas ideas quedan por exponer, pero cualquier aprendiz tiene una vida por delante para poder ir
completando, año tras año, este esbozo. Iniciar su estudio personal y mantenerlo sin prisas, pero sin
vacilaciones. Trabajo que se hace con estudio a la par de la virtud, pues sin estudio no puede haber
virtud y virtud sin estudio es difícil saber que pueda existir.

La vida del masón es íntima, va por dentro, sus análisis y consecuencias son en función del verdadero
masón, que enfrenta la vida con responsabilidad y termina siendo un hombre optimista porque conoce el
sentido de la vida y sus circunstancias; es útil porque ya sabe de antemano qué es lo que tiene que hacer y
cómo hacerlo; es cariñoso porque se esfuerza en ser el mejor ser humano para todos; y también es feliz,
porque la felicidad es realmente un premio a una vida honesta.

En definitiva: la masonería sirve para planificar un vida honestas, ayudar al prójimo y conseguir el
encuentro con el G.·.A.·.D.·.U.·..

De este modo quiero acabar este capítulo dedicado al primero de los grados simbólicos del
R.·.E.·.A.·.A.·. con esta cita:

¡Oh! G.·.A.·.D.·.U.·., dignaos s proteger a los obreros de paz que nos hallamos aquí reunidos: enardeced
nuestros corazones con el amor a la virtud, dadnos sabiduría para escoger el verdadero camino que
debemos seguir y fuerza para no apartarnos de él. Y en cuanto a este nuevo Aspirante, sostenedle con
vuestro brazo tutelar en las pruebas de la vida y prestadle vuestro valioso auxilio soberano para que
incorporándose este a nosotros, sea útil a la humanidad y digno del respeto y aprecio sociales. Que así
sea.

FUENTE: https://cld.pt/dl/download/a25a4e33-7de3-4717-9c46-cc7157edf166/Analisis_lineal_rituales_REAA.pdf

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