CUBA

Nadir y Jorge, dos hermanos víctimas de la represión posterior al 11J

CIUDAD DE MÉXICO.- “Torturaron a Jorgito en la cárcel. La enfermera de la prisión del SIDA, que lo atendió, se lo dijo a una amiga mía. Les daban golpes y los ponían a gritar: !Viva Díaz-Canel! y todo eso. Ella lo vio llorar, pero Jorgito era una tranca, no gritó nada”.

Entre las pocas noticias que la familia Martín Perdomo ha tenido sobre Jorge y Nadir está este mensaje de chat que una allegada envió. Hoy Marta no sabe si fue cierto, si realmente han torturado a su hijo mayor. No sabe si es verdad que lo pusieron en una celda de castigo sin agua para obligarlo a filmar una declaración con la que no estaba de acuerdo. Tampoco conoce qué ocurrió con Nadir, el más chico. Le han dicho que también fue golpeado y que ha perdido tanto peso que su rostro se ha reducido a ojos y pelo. Nadir es muy enfermizo y delgado, así que su salud es una preocupación constante.

Marta no sabe si lo que le cuentan es real porque nadie ha podido verlos, ni siquiera la defensa contratada desde el inicio. Tampoco ellos han llamado por teléfono. Las pocas noticias que tienen de sus muchachos provienen de terceros, que las comunican extraoficialmente. Las autoridades los han mantenido en régimen de incomunicación por más de 50 días.

La familia teme que el aislamiento sea para ocultar malos tratos o tortura a los hermanos.

#11J

El 11 de julio Nadir y Jorge escucharon la algarabía en calles cercanas y el toque de cazuelas. La gente había salido a pedir alimentos, medicinas y libertad. Ellos también lo hicieron junto a su padre y dos amigos. Jorge, de 38 años y cibernético de profesión, hizo algunos videos durante la protesta. En los clips solo se les ve caminar, no agredir, no lanzar piedras, no asaltar tiendas. En un momento de la marcha, un hombre vestido de civil y respaldado por la policía los ataca, pero nadie responde con violencia. Solo gritan: libertad.

Los Martín caminaron unos tres kilómetros, pasaron frente a la sede del Partido Provincial junto a sus vecinos en una marcha pacífica, exigieron cambios políticos y medicinas para sus hijos. Y luego regresaron a casa.

“Ese día fue muy bonito para ellos, estaban emocionados. Mis hijos de 38 y 37 años por primera vez fueron libres”, cuenta Marta.

Sin embargo, la tranquilidad en casa duró poco, horas después, en la noche del 11,  empezaron a recibir mensajes donde se les acusaba de haber sido líderes de la manifestación.

“Ellos se sumaron como tantos. Lo que pasa es que son muchachos muy conocidos y que la gente respeta”, explica su madre Marta Perdomo. “Nadir estudió lenguas extranjeras y ha sido profesor, además es muy sociable, y arrastra un pueblo. Con él no se puede salir a la calle porque todos lo saludan. Jorge, aunque es más serio, es muy inteligente y la gente oye sus criterios. Quizá por eso se han ensañado con ellos”.

Seis días después de las protestas que sacudieron la isla, tres policías fueron a buscar a los hermanos. En un video se ve a los agentes entregar una citación sin fecha, ni hora. Los oficiales fueron a conducirlos para una “entrevista” en las oficinas del DTI de San José, supuestamente no los iban a arrestar.

Jorge, el padre de los muchachos, se desespera en el portal de la casa y grita a los oficiales que manifestarse era un derecho constitucional, cuestiona si esa era la democracia que había en Cuba. Resalta que ellos no hicieron nada malo, y que se lo lleven a él también si hace falta, pero no se callará. Su esposa, desde la puerta, lo está grabando todo por si algo le pasa a sus hijos.

Finalmente los jóvenes aceptan ir a “la entrevista”. Antes de salir, Marta los abrazó. Ella presentía que se los iban a llevar presos.

Esa fue la última vez que los vieron. Luego de 11 días en desaparición forzada, supieron que los habían trasladado hasta la prisión del SIDA, y hace dos días a Quivicán. Ahí deben esperar el juicio.

Jorge y Nadir Martín Perdomo están siendo acusados de propagación de epidemias, instigación a delinquir, desacato y alteración del orden público.

Amenazas para callar a la familia

Desde el mismo momento que los dejaron detenidos, la familia, dentro y fuera de Cuba, no han parado de denunciar. “He vencido todos los miedos con los que crecí: qué no se hace por un hijo”, sostiene Marta, quien por primera vez en sus 59 años ha filmado videos para subir a las redes.

En ellos narra lo que viven y las arbitrariedades. Greysi, la esposa de Nadir, con un bebé en brazos, también ha pedido en Facebook que liberen a su marido. Pese a amenazas, nada las ha callado.

Incluso, los rostros de los hermanos, impresos en carteles, llegaron hasta la casa Blanca. Sus primas Betty y Saray condujeron por casi siete horas y estuvieron junto a otros cubanos manifestándose el 24, 25 y 26 de julio en la capital norteamericana.

Foto cortesía

Unos días después de esas protestas, Marta y su esposo encontraron en el piso, junto a la puerta de la sala, una carta anónima. En tres hojas rayadas, escritas a mano con tinta azul, les advertían que debían enmudecer para evitar que sus hijos tuvieran aún más problemas, sobe todo el mayor que estaba “muy marcado”.

El remitente, que no tuvo el valor de firmar, también los amenazaba con que podía afectarse el taller de costura de Marta, uno de los sustentos de la familia, por ser contrarrevolucionarios.

“Si no quieres sufrir más, aguántale la boca a tu marido”, se lee al final de la segunda hoja.

Fotos cortesía

Marta leyó la carta y la guardó, asegura que no la van a intimidar con anónimos, y menos silenciarla. En cambio, lo que sí le ha dolido es ver cómo amigos de años que vieron crecer a Jorge y Nadir hoy le han dado la espalda. Ya no pasan por la acera, no la saludan. Ya no le escriben por Facebook o llaman. No han preguntado siquiera por sus hijos.

“Yo sé que es por miedo, porque así hemos vivido siempre, pero me entristece comprobar que quienes creía mis amigos ya no lo son, y nos evitan como apestados.

Por otra parte, desconocidos han venido a ofrecernos ayuda. Una muchacha, por ejemplo, me trajo de regalo mascarillas para ellos. Me dijo: Yo no los conozco, pero sé que son buenos”.

Decidida a todo por sus hijos, el 14 de agosto Marta publicó  un video donde se le escucha leer un documento que entregó a fiscalía para exigir fe de vida de los jóvenes. En la misma responsabiliza a Miguel Díaz-Canel y a Rubén Remigio Ferro,  presidente del Tribunal Supremo Popular de Cuba, de cualquier cosa que les pase.

Greysi y Nadir

“No te preocupes que todo va a salir bien”. Fueron las últimas palabras que Greysi escuchó de Nadir el 17 de julio. Pero no fue así.

“Conocí a Nadir cuando ambos teníamos 16 años. Nuestras iglesias organizaban una fiesta de 15 y nos colocaron como pareja de baile. Desde entonces, hace 21 años, estamos juntos. Él fue mi primer y único novio, y yo también para él. Nadir es mi vida entera, mi amigo, apoyo, el mejor padre, esposo. Yo vivo orgullosa de la relación que tenemos y de nuestro amor. Mi vida con él ha sido maravillosa y ahora me arrancaron un trozo de mí misma”.

Nadir y Greysi. Foto cortesía

Greysi, sin trabajar, se ha quedado sola en casa con un bebé de 8 meses y una niña de 11 años. Sadir ha comenzado a decir papá, sin Nadir allí; y Salet está triste y ansiosa.

“Mi hija es muy apegada a su padre. Ella le cuenta a él todo, antes que a mí. Tiene predilección hacia él. Para ella esto ha sido devastador”.

Salet es la niña expresiva de pelo largo que a mediados de agosto empezó a circular en redes sociales. En un video estremecedor, que ella misma filmó con el teléfono de Greysi, pide que liberen a su papá y a su tío. Explica que son buenos hombres, con principios y valores, y que sus hijos los extrañan mucho.

Luego de grabarse llamó a su mamá y a su abuela y les dijo que ella también quería aportar un mensaje para que volviera su papá. Pidió que lo subieran a Internet.

Foto cortesía

“La vida me cambió en un momento”, dice Greysi, quien ahora apenas duerme y tiene una sensación de vacío que le hace mal a ella y al bebé que lacta. Deja cada noche el celular y el fijo junto a la cama por si la llaman para darle noticias de su esposo. Teme a esas llamadas porque una de las últimas recibidas fue para informarles que Nadir se había contagiado de la COVID-19.

“Cuando lo escuché, me temblaron las piernas. Me tuve que sentar porque se me nubló la vista. En ese momento una nube negra se me puso arriba porque decir COVID-19 es decir riesgo para la vida, y con todas las enfermedades que tiene Nadir es aún más grave”.

Desde su niñez Nadir padece de mala absorción de los alimentos y afecciones en los riñones. Toma cuatro medicamentos distintos, tiene una dieta rigurosa y solo puede beber agua hervida. Su tratamiento no saben si se lo están suministrando. Esa es la mayor preocupación de Greysi, que él se enferme.

“Mi esposo es cristiano. Él no dice ni groserías. Es incapaz de agredir. Al contrario, es una persona bondadosa y ecuánime, no tendría que estar pasando por esto, y tampoco mi cuñado”.

“Nadir es cómo mi hermano”, añade Betty, la prima que llevó sus fotos y las de Jorge a las inmediaciones de la Casa Blanca.

Foto cortesía

“Recientemente en una de nuestras conversaciones sobre los cambios que necesita Cuba, le pregunté qué haría si pasaban por su casa la gente manifestándose”.

Nadir le contestó que no saldría porque tenía que pensar en su familia.

“Cuando me enteré que los dos habían salido a protestar y los vi en los vídeos, mi corazón se llenó de orgullo y admiración”.

“Hay un video de ese día, donde se ve a Nadir pasando frente al hospital Leopoldo Martínez y animando a la gente a gritar. ‘!Vivan los médicos!’ Ese tipo de persona es él”.

La familia Martín Perdomo vive en una casa de dos pisos en la calle 54 de San José, Mayabeque. Arriba están Nadir, Greysi y los niños. Abajo duermen Marta, su esposo, Jorge y la abuela de los jóvenes. Cada tarde tienen la tradición de reunirse todos a beber café y conversar. Greysi sigue bajando, pero ya nada es igual.

“Solo una madre puede imaginar por lo que estoy pasando. Esos muchachos han vivido siempre conmigo, son mi todo. Es un dolor y una impotencia muy grandes”, confiesa Marta.

La abuela de los jóvenes, con casi 90 años, culpa a sus familiares por no hacer lo suficiente para sacarlos de la cárcel. Ellos le explican, pero Isolina no entiende cómo sus nietos terminaron en prisión y por qué permanecen ahí, si nada hicieron. En su cabeza no es lógico.

Martha no solo ha tenido que calmar diariamente a su madre, sino también a sus nietos. A Salet le compran pinturas de uñas para que juegue. A Asened, la hija de Jorge de cinco años, le dice que su papá regresará pronto.

Cuando los niños no están, ella llora, sobre todo cuando comienza la tarde. Odia la tranquilidad de la casa, el silencio. Por primera vez no están sus hijos discutiendo de fútbol, hablando de política. Su esposo le dice que aguante, que van a salir de esta, pero Marta contesta que no puede quitarse tanta tristeza.

FUENTE: https://s3.eu-central-1.amazonaws.com/qurium/cubanet.org/destacados-nadir-y-jorge-dos-hermanos-victimas-de-la-represion-posterior-al-11j.html

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